Los efectos de los incineradores de residuos
en la salud, 4to informe de la Sociedad Británica de Medicina
Ecológica
Título original: The Health Effects of Waste Incinerators, 4th
Report of the British Society for Ecological Medicine
Resumen
- Amplios estudios han mostrado la existencia de mayores índices
de cáncer en adultos y niños y de malformaciones congénitas
en los alrededores de incineradores de residuos urbanos: estos resultados
son consistentes y las asociaciones que establecen son causales. Una
serie de estudios epidemiológicos de menor alcance apoyan esta
interpretación y sugieren que la variedad de enfermedades producida
por los incineradores podría ser mucho más amplia.
- Las emisiones de los incineradores son una fuente importante de partículas
finas, metales tóxicos y más de 200 químicos orgánicos,
incluyendo cancerígenos conocidos, mutagénicos y disruptores
hormonales. Las emisiones también contienen otros compuestos
no identificados, cuyo potencial de daño aún se desconoce,
como fue alguna vez el caso de las dioxinas. Como la naturaleza de los
residuos cambia continuamente, también cambia la naturaleza química
de las emisiones de los incineradores y, en consecuencia, el potencial
de que provoquen efectos adversos en la salud.
- Las medidas de seguridad que se adoptan actualmente están
diseñadas para evitar efectos tóxicos agudos en los vecindarios
inmediatos, pero ignoran el hecho que muchos de los contaminantes se
bioacumulan, pueden ingresar en la cadena alimentaria y provocar enfermedades
crónicas con el tiempo y en un área geográfica
mucho más amplia. No ha habido ningún esfuerzo local por
evaluar los efectos de las emisiones en la salud a largo plazo.
- Los incineradores producen cenizas de fondo y cenizas volantes, las
cuales representan el 30-50% del volumen de los residuos originales
(compactadas), requieren ser transportadas a rellenos sanitarios. Los
equipos de los incineradores modernos simplemente transfieren la carga
de tóxicos, notablemente de dioxinas y metales pesados, de las
emisiones aéreas a las cenizas volantes. Esta ceniza volante
es liviana, se vuela fácilmente y en su mayoría tiene
el tamaño de partículas pequeñas. Representa un
peligro para la salud considerable y poco comprendido.
- Dos estudios amplios de cohorte en Estados Unidos mostraron que la
contaminación del aire por partículas finas (PM 2.5) provoca
el aumento de mortalidad total, mortalidad cardíaca y mortalidad
por cáncer de pulmón, tras ajustarse otros factores. Las
partículas finas se producen principalmente por procesos de combustión
y se producen en gran cantidad en los incineradores.
- En uno de los estudios de cohorte la cardiopatía isquémica
provocó un cuarto de las muertes y estaba fuertemente relacionada
con el nivel de partículas PM 2.5. Se asoció un aumento
de 24,3 mcg/m3 en la contaminación con partículas PM 2.5
con un aumento de la mortalidad cardiopulmonar del 31%. También
se ha mostrado que los aumentos de partículas finas de períodos
cortos, como sucede en las áreas ubicadas en la dirección
que corre el viento de los incineradores, causan aumentos significativos
de infartos de miocardio.
- Altos niveles de partículas finas han asociado con un aumento
en la prevalescencia de asma y COPD (enfermedad de obstrucción
pulmonar crónica).
- Las partículas finas que se forman en los incineradores en
presencia de metales tóxicos y toxinas orgánicas (incluyendo
aquellos conocidos cancerígenos) adsorben esos contaminantes
y los llevan al torrente sanguíneo y a las células del
cuerpo.
- Los metales tóxicos se acumulan en el cuerpo y han sido implicados
con una variedad de problemas emocionales y de comportamiento en niños,
como autismo, dislexia, déficit de atención y desorden
de hiperactividad (ADHD), problemas de aprendizaje y delincuencia, y
en problemas en adultos como violencia, demencia, depresión y
mal de Parkinson. Estos metales se encuentran presentes universalmente
en las emisiones de los incineradores y también en altas concentraciones
en las cenizas volantes.
- La susceptibilidad ante los contaminantes químicos varía
dependiendo de factores genéticos y adquiridos, teniendo un impacto
máximo en los fetos. La exposición aguda puede conducir
a la sensibilización de algunos individuos, que pueden padecer
luego sensibilidad ante bajas dosis químicas de por vida.
- Se ha examinado la toxicidad de unas pocas combinaciones químicas,
aunque se han demostrado los efectos sinérgicos en la mayoría
de los casos donde se han hecho estas pruebas. Esta sinergia podría
aumentar significativamente la toxicidad de los contaminantes emitidos,
pero este riesgo no ha sido evaluado.
- Tanto el cáncer como el asma han aumentado implacablemente
con la industrialización, y los índices de cáncer
han mostrado estar correlacionados geográficamente con las plantas
de tratamiento de residuos tóxicos y con la presencia de industrias
químicas, lo que indica una necesidad urgente de reducir nuestra
exposición.
- Los incineradores que queman materiales radiactivos producen partículas
radiactivas. Este material es cancerígeno y no se han llevado
a cabo estudios para evaluar los riesgos para la salud derivados de
estas emisiones radiactivas.
- Se conoce que algunos contaminantes químicos como los hidrocarburos
aromáticos policíclicos (HAPs) y los metales pesados provocan
modificaciones genéticas. Esto representa un daño no solo
para las generaciones presentes sino también para las generaciones
futuras.
- El monitoreo de los incineradores ha sido insatisfactorio por la
falta de rigor, la infrecuencia, el bajo número de compuestos
medidos, los niveles considerados aceptables, y la ausencia de monitoreos
biológicos. La aprobación de instalaciones nuevas ha dependido
de datos modelo, que se supone provienen de medidas científicas
de seguridad, aunque los métodos que se usan no tienen más
de un 30% de precisión e ignoran el importante problema de las
partículas secundarias.
- Se ha sostenido que los procedimientos modernos de reducción
de la contaminación hacen que las emisiones de los incineradores
sean seguras, pero esto es algo imposible de establecer. Más
aún, dos de las emisiones más peligrosas – las partículas
finas y los metales pesados – son relativamente resistentes a
la remoción.
- No se puede establecer de antemano la seguridad de las nuevas plantas
de incineración, y si bien un monitoreo de la salud riguroso
e independiente podría arrojar dudas sobre la generación
de efectos adversos en el feto y los infantes en el término de
unos pocos años, este tipo de monitoreo no se ha puesto en práctica,
y en el corto plazo no alcanzaría una significancia estadística
para establecimientos individuales. Otros efectos, como cáncer
en adultos, podrían ser retrasados como mucho por diez o veinte
años. Por ende sería apropiado aplicar el principio precautorio
aquí.
- Ahora hay métodos alternativos para tratar los residuos, que
evitarían las principales amenazas de la incineración
y serían mucho más baratos en términos reales,
si se toman en cuenta los costos relacionados con la salud.
- Actualmente los incineradores contradicen los derechos humanos básicos,
según están establecidos en la Comisión de las
Naciones Unidas sobre Derechos Humanos, y también en el Convenio
de Estocolmo y la Ley de Protección Ambiental de 1990. El feto,
los infantes y niños tienen el grado más alto de riesgo
en lo que concierne a las emisiones de incineradores: por ende sus derechos
están siendo ignorados y violados, lo que contradice el concepto
de una sociedad justa. También lo contradice la política
actual de ubicar incineradores en áreas pobres, donde sus efectos
sobre la salud serán maximizados: esto debe ser revisado con
urgencia.
- El análisis de la literatura nos lleva a opinar que no se
deberían aprobar nuevos establecimientos que emitan cantidades
sustanciales de partículas finas, metales pesados volátiles
y contaminantes orgánicos peligrosos, y que se deberían
tomar medidas urgentes para reducir las emisiones de las plantas de
quema de basura que funcionan actualmente y aplicar un riguroso monitoreo
biológico hasta que se las pueda sacar de funcionamiento y poner
en operación métodos de disposición de residuos
más seguros. También se deberían hacer vigorosos
esfuerzos por reducir la cantidad de residuos que se producen ya que
en el presente no hay ninguna solución completamente satisfactoria
para su disposición.
Fragmentos del informe:
9.1 Los costos de la incineración
"El costo de la incineración es enorme. Un informe recientemente
publicado por la Comisión Europea sugirió que por cada
tonelada de residuo quemado se provocarían daños a la
salud y ambientales que rondan entre las 21 y 126 libras. Esto significa
que un incinerador que quema 400.000 toneladas por año costaría
al contribuyente entre £9.000.000 y £57.000.000 por año.
(240). Otro informe sugirió que un incinerador de este tamaño
costaría 48.000.000 euros en concepto de daños a la salud.(240).”
“Hay un problema básico con los incineradores modernos.
Mientras menos contaminación del aire producen, más tóxicas
son las cenizas. Los incineradores más antiguos emitían
grandes volúmenes de dioxinas. Estas se han reducido significativamente
en las emisiones gaseosas pero han aumentado considerablemente en las
cenizas volantes, al igual que los metales pesados y otros químicos
tóxicos. Un incinerador que quema 400.000 toneladas de residuos
anualmente durante sus 25 años de operación produciría
aproximadamente medio millón de toneladas de cenizas volantes
altamente tóxicas. No se ha encontrado ningún método
adecuado de disposición de cenizas volantes. Actualmente se las
entierra en rellenos especiales y esto comprende largos viajes por ruta
donde siempre existe la posibilidad de que haya accidentes. La Comisión
de la Unión Europea estableció que las filtraciones de
los rellenos podría ser una de las fuente de dioxinas más
importante en el futuro. Estos y otros contaminantes podrían
filtrarse hacia las aguas subterráneas, de donde sería
casi imposible quitarlas."
10. Hornos de cemento
“Si bien este informe trata principalmente sobre incineradores
es útil comparar los incineradores con hornos de cementos. Ambos
producen emisiones tóxicas de un tipo similar y gran parte de
este informe es relevante para ambos. Los hornos de cemento convierten
piedra caliza, tiza y arcilla en cemento. Necesitan grandes cantidades
de combustible para producir las altas temperaturas que requieren y
esto lleva al uso de combustibles no convencionales como neumáticos,
combustible derivado de desechos y residuos industriales y peligrosos
llamados Cemfuel, combustible líquido secundario, y combustible
líquido reciclado.”
“Sin embargo, los controles de contaminación y planificación
son significativamente más débiles que los que se aplican
a los incineradores de residuos peligrosos. Los hornos de cemento producen
una serie de emisiones tóxicas como mercurio, manganeso, bario,
plomo, ácido sulfúrico, estirenos, dioxinas y 1,3 butadieno.”
Se están midiendo muy pocos contaminantes
“Solo se mide una pequeña proporción de los cientos
de químicos emitidos por un incinerador. Solo media docena de
ellos se miden de forma continua en la chimenea y cerca de otra media
docena se miden ocasionalmente (con frecuencia cada 6 meses el primer
año y después anualmente) por monitoreo de sitios específicos
– esto incluye metales pesados y dioxinas. Esto es claramente
insatisfactorio y dado que los operadores de residuos son avisados previamente
a la visita, se les da una oportunidad de cambiar los residuos que queman
poniendo los más limpios, lo cual no es representativo del riesgo
tóxico.”
"Medir las concentraciones en la chimenea del incinerador en un
momento de tiempo no ofrece prácticamente ninguna información
sobre la cantidad total de contaminantes a la cual está expuesta
la población local."
"El monitoreo actual no nos dice nada sobre la carga corporal
de contaminantes. Aunque estén presentes en bajas cantidades,
la mayoría de los contaminantes emitidos por los incineradores
se acumulan despacio en la gente de las vecindades. La toxicidad crónica
es un riesgo cuando los contaminantes se acumulan más rápido
de lo que se eliminan: este es especialmente el caso de los metales
pesados y los compuestos orgánicos persistentes (COPs). Para
algunos contaminantes la proporción de excreción es muy
pobre, por ejemplo la vida media del cadmio en el cuerpo es de 30 años
y la de los PCBs es de 75 años, e incluso sin ninguna exposición
posterior llevaría mucho más tiempo limpiar el cadmio
o los PCBs del cuerpo humano."
Referencia:
240: Waste Working Group, Friends of the Earth, Ireland and Voice.
Submission to the Limerick, Clare, Kerry Regional Waste Plan 2000.
INFORME COMPLETO EN:
http://www.noharm.org/details.cfm?ID=1245&type=document
