Alfonso González Jerez
Para nosotros es un problema administrativo y para ellos un asunto
de vida o muerte. Para ninguna de las partes hay esperanza.
Las pateras -o cayucos o piraguas o lo que sea- no dejarán de
venir. Lo harán a cientos en los próximos años.
Lo harán porque el hambre, la insalubridad, la miseria y la violencia
están devorando África. Al África explotada, esquilmada,
prostituida y rota después de siglos de colonialismo europeo,
que sigue mangoneando, donde puede y le interesa, a través de
camarillas putrefacta, ineficaces, corruptas y de una crueldad infernal.
No, no van a dejar de venir, y toda la estúpida retórica
que intente ocultar esa realidad, palpitante y dolorosa como una llaga,
no servirá ni para ganar miserablemente unas elecciones. Todas
esas grotescas fantasías de lanzar la Armada a las costas africanas,
dirigida por un Churruca con charreteras níveas, no merecen más
que desprecio. La Armada: eso sí que es ideología y no
el supuesto humanitarismo socialdemócrata de José Luis
Rodríguez Zapatero. La Armada: hace tres años lo decía
ese montón de mugre política, Domingo González
Arroyo, pero ahora se atreven a expectorarlo barbilampiños de
espíritu como Ángel
Llanos. ¿Qué creerá esta gente que puede hacer
la Armada? ¿Perseguir pateras? ¿Hundirlas? ¿Asustarlas?
¿Creen que una cañonera les asustará más
que una travesía de docenas o cientos de millas con un motorcito
de gasoil, por encima un sol ardiente y por debajo tiburones cebados?
Cuánto miedo detrás de semejante estupidez machota. Los
buques de la Armada -una Armada, por cierto, que José María
Aznar dejó en la ruina presupuestaria- deberían recoger
a los desgraciados inmigrantes, atenderlos y desembarcarlos en los puertos
canarios, y ya están aquí de nuevo, pequeño pecholobo,
ya están aquí otra vez para asustarte, muertos de sed,
derrotados como hace generaciones y temblando con los huesos helados.
Los canarios que se subieron en el Telémaco conocían perfectamente
los riesgos: la Guardia Civil, la muerte por inanición y hasta
las leyendas sobre antropofagia, la patrullera en las cercanías
de La Guaira, la casi inevitable detención en tierra venezolana.
Pero pagaron y embarcaron, porque cualquier cosa -cualquier cosa- era
preferible a ver a tus hijos morirse de hambre.
Seguirán llegando. Sombras en la noche, escarcha oscura y temblorosa
en los amaneceres. Mientras haya hambre. Mientras sus hijos lloren y
mueran. Mientras la vida en sus pueblos y países no valga nada.
Fuente: La Opinión de Tenerife, 15-03-06
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