Foro contra la Incineración

Tenerife
                           
Sin esperanza
                           
15 - 03 - 06

 

Alfonso González Jerez

Para nosotros es un problema administrativo y para ellos un asunto de vida o muerte. Para ninguna de las partes hay esperanza.

Las pateras -o cayucos o piraguas o lo que sea- no dejarán de venir. Lo harán a cientos en los próximos años. Lo harán porque el hambre, la insalubridad, la miseria y la violencia están devorando África. Al África explotada, esquilmada, prostituida y rota después de siglos de colonialismo europeo, que sigue mangoneando, donde puede y le interesa, a través de camarillas putrefacta, ineficaces, corruptas y de una crueldad infernal. No, no van a dejar de venir, y toda la estúpida retórica que intente ocultar esa realidad, palpitante y dolorosa como una llaga, no servirá ni para ganar miserablemente unas elecciones. Todas esas grotescas fantasías de lanzar la Armada a las costas africanas, dirigida por un Churruca con charreteras níveas, no merecen más que desprecio. La Armada: eso sí que es ideología y no el supuesto humanitarismo socialdemócrata de José Luis Rodríguez Zapatero. La Armada: hace tres años lo decía ese montón de mugre política, Domingo González Arroyo, pero ahora se atreven a expectorarlo barbilampiños de espíritu como Ángel Llanos. ¿Qué creerá esta gente que puede hacer la Armada? ¿Perseguir pateras? ¿Hundirlas? ¿Asustarlas? ¿Creen que una cañonera les asustará más que una travesía de docenas o cientos de millas con un motorcito de gasoil, por encima un sol ardiente y por debajo tiburones cebados? Cuánto miedo detrás de semejante estupidez machota. Los buques de la Armada -una Armada, por cierto, que José María Aznar dejó en la ruina presupuestaria- deberían recoger a los desgraciados inmigrantes, atenderlos y desembarcarlos en los puertos canarios, y ya están aquí de nuevo, pequeño pecholobo, ya están aquí otra vez para asustarte, muertos de sed, derrotados como hace generaciones y temblando con los huesos helados. Los canarios que se subieron en el Telémaco conocían perfectamente los riesgos: la Guardia Civil, la muerte por inanición y hasta las leyendas sobre antropofagia, la patrullera en las cercanías de La Guaira, la casi inevitable detención en tierra venezolana. Pero pagaron y embarcaron, porque cualquier cosa -cualquier cosa- era preferible a ver a tus hijos morirse de hambre.

Seguirán llegando. Sombras en la noche, escarcha oscura y temblorosa en los amaneceres. Mientras haya hambre. Mientras sus hijos lloren y mueran. Mientras la vida en sus pueblos y países no valga nada.

Fuente: La Opinión de Tenerife, 15-03-06

HISTÓRICA LLEGADA DE INMIGRANTES A CANARIAS

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