Francisco Pomares
La decisión del PP de pedir la creación de una comisión parlamentaria de investigación del llamado caso Amorós es la mejor demostración de que está región ha entrado definitivamente en campaña electoral. Son, pues, malos tiempos para la lírica: no existe la más mínima duda de que al PP se la trae bastante al fresco que Amorós colocará los dineros del Tesoro Público en esta o aquella cuenta. Si han reaccionado pidiendo que se investigue el asunto (cuando la Audiencia de Cuentas emitió informe sobre el particular hace catorce meses, y en él no hay propuesta de llevar el asunto a los tribunales) es obviamente para pedir responsabilidades políticas al que fuera consejero de Economía y Hacienda en la pasada legislatura, casualmente Adán Martín, y liar así el asunto de la trama eólica. Estamos, pues, ante un "pues tú más", lanzado con sentido patatero de la oportunidad a la cara de este Gobierno. Claro que habrá quien piense -lo piensan los socialistas- que lo que el PP pretende -además de emborronar el pizarrín- es utilizar la investigación sobre los depósitos del Tesoro Público para mercadear cromos en la otra comisión y proteger a Luis Soria. O sea: "Si tú no te metes demasiado con el hermano de mi jefe, yo no me meto demasiado con el tuyo".
Pero esa es la hipótesis de los socialistas. Más probable es que -aún en el supuesto de que las comisiones queden en lo de siempre, agua de borrajas-, la coincidencia de hasta tres investigaciones parlamentarias en año electoral (planteadas en menos de un mes) provoquen una fiebre de basureo que no sea capaz de curar ni el médico chino. Tendríamos así un año de bronca creciente, en el que el PP y Coalición se dedicarían a tirarse las pruebas a la cabeza, para demostrar a una opinión pública bastante desinteresada al respecto dónde hubo más golfería, sí entre los amigos de Luis Soria o entre los subordinados de Adán Martín. Todo ello con el cómplice concurso de los socialistas, que -resulta obvio- ni están contra este Gobierno, ni están con él, pero aprovechan la primera que pasa para salpicar urbi et orbi.
Como hijo político de la Transición y sus formas, siempre he sentido un respeto enorme por el parlamentarismo y la política. Me repugna el uso bastardo de las instituciones, y temo seriamente que la oportunista propuesta de investigación del PP, hijuela directa y provocada del berenjenal eólico y sus ramificaciones más apestosas, sólo sirva para demostrar una vez más a la ciudadanía que las comisiones de investigación, cuando persiguen desacreditar al adversario político, y así en la mayoría de los casos, lo único que investigan de verdad es cómo suman las mayorías parlamentarias.
Pues eso: tú más.
Fuente: La Opinión de Tenerife, 01-02-06
