Malik Kane Gueye, de 20 años, en una comisaría mauritana
a la espera de ser deportado.
Paco Pardo (EFE) Nuadibú (Mauritania)
Malik Kane Gueye, senegalés de 20 años, tiene la mirada
herida y yace recostado, entre olores pestilentes, en la comisaría
mauritana de L'Awaina (Nuadibú) a la espera de ser deportado;
detenido hasta tres veces este año cuando pretendía llegar
a Canarias en cayuco, afirma: "seguiré hasta que pierda
la vida".
En su desesperación, Malik cuenta que ayer entregó una
carta a la delegación española que visitó Nuadibú,
encabezada por los secretarios de Estado de Asuntos Exteriores y de
Interior, en la que pide ayuda al Rey Don Juan Carlos para cambiar su
destino. "Cuando me manden a Senegal, volveré a intentarlo
hasta que entre en España o muera", insiste.
"Si el Rey me da el papel (visado), seré la persona más
feliz del mundo", reconoce el inmigrante senegalés, quien
asegura: "no vamos a España para vender drogas, ni para
robar, sino sólo para trabajar, para traer dinero para casa.
Nada más".
Junto a Malik, en la comisaría de L'Awaina hay otros 130 inmigrantes
detenidos en los últimos días por la Policía mauritana
en su camino a Canarias. La mayoría son de Senegal, pero también
hay muchos de Mali y Guinea.
Casi todos aguardan, al igual que el senegalés, derrotados sobre
sus propios cuerpos por los suelos de la comisaría y reunidos
por nacionalidades e incluso agrupados por ser oriundos del mismo pueblo.
Muchos están descalzos, aunque a la mayoría se les ve
en buenas condiciones físicas; hay muy pocos demacrados. Desde
la oscuridad de algunas galerías de la comisaría, envuelta
en un constante olor acre, sus ojos siguen al visitante, mudos, pero
gritando sus necesidades.
Malik Kane Gueye es fuerte, a su mirada le quedan reflejos de color
de acero y sus facciones son duras; protege su cabeza con un trapo con
los colores de la bandera senegalesa; pero tanta fortaleza humana se
encuentra derrumbada en el suelo de la comisaría, tirado todo
el día en espera a que le devuelvan a su país, "quizá
esta tarde", dice.
Es educado y parece más limpio que los demás, lo que
resulta increíble en unas dependencias infectadas de moscas,
en las que se ven saltar entre los inmigrantes insectos diminutos, y
donde la suciedad es evidente en sus ropas, sin mencionar el olor fecal
que surge como una lanza de las letrinas.
"No tengo miedo, aunque sé que durante el viaje puedo morir,
porque estamos en el océano, que es muy grande para los cayucos",
explica.
"Durante el primer viaje perdí a dos amigos; en el segundo
a uno, pero la última vez no pasó nada; solo nos detuvieron",
relata.
En su pueblo de Senegal, Thiaronye sur Mer, tiene siete hermanos que
esperan de él que algún día logre su objetivo de
entrar en Europa.
Malik habla despacio y cuenta que su familia ya ha empeñado
mucho dinero en sus tres viajes fallidos para llegar a Canarias. Por
eso, recuperar todo ese dinero, es un reto y una obligación para
él.
"Lo voy a intentar siempre hasta que pierda la vida", asegura.
"¿Por qué?...Pues para hacer mi vida, para poder
dar dinero a mi familia, a los pobres...y a los otros también".
"Tengo 20 años y no quiero estar sentado en casa para esperar
que mi padre me dé la comida; quiero trabajar para ayudarle".
Por eso, asegura, "si me expulsan para Senegal, yo volveré
a intentarlo, hasta que entre en España o muera. En una semana
vuelvo a intentarlo".
El inmigrante se queja del trato que están recibiendo en comisaría;
dice que la comida es poca y mala, y cuando oye las explicaciones del
representante de la Media Luna Roja, las desmiente.
"Es mentira lo que te cuenta; no le creas", requiere al periodista,
y luego le pide dinero para poder comprar té, chicles y agua.
"¿Y crees que él, el Rey, va a ayudarme?", pregunta
Malik con gesto apesadumbrado.
Malik habla un poco de castellano, que aprendió durante los
dos años que trabajó en la pesca del atún en aguas
de su país a bordo de dos barcos españoles, el "Nuevas
brisas de Torrontero", con sede en Bermeo (Vizcaya), y "El
Aguilar del Mar", en el que conoció a su amigo José
Portillo, a quien quiere ir a ver algún día a Bilbao.
"Tiene sesenta y un años y se ha jubilado. Pero él
me dará trabajo", sueña el inmigrante, mientras que
un compatriota suyo, entre tanto hombre tirado por el suelo, lee un
libro sin pastas, escrito en francés, sobre un destino por encima
de nuestras cabezas: los viajes del hombre a la Luna.

Malik Kane Gueye, senegalés de 20 años,
ha sido detenido tres veces cuando pretendía llegar en patera
a Canarias
15-03-06
Sin esperanza
