JAIME PÉREZ-LLOMBET
Dado el amplio catálogo de aberraciones urbanísticas
que tenemos varadas en el litoral, no estaría de más que
la ministra de Medio Ambiente nos diga con qué criterio ha elegido
el hotel de El Médano para jugar a ecologista.
Por lo que se ve, la mano derecha de Narbona no se habla con la izquierda;
de ahí que con una bendiga la construcción de un puerto
industrial y con la otra decida destruir un hotel que no es un hotel
cualquiera, sino una instalación con un valor arquitectónico
que desconoce la ministra que tanto lee sobre el lince ibérico,
un hotel racionalista en un planeta de balaustrada y otras escayolas,
una realidad que a diferencia de tantas edificaciones fantasmales del
litoral da trabajo a más de treinta personas. Definitivamente,
no estaría de más que la ministra nos cuente si ella o
algún responsable de su departamento lo consultó con alguien;
si antes o después de tomar tamaña decisión se
les ha pasado por la cabeza preguntarle a la gente de El Médano,
o a los usuarios de la playa, o a los trabajadores, o al Cabildo -no
preguntaron, no-.
Eso de que los empleados estén tomándose un cortadito,
le echen distraídamente un vistazo al periódico y se den
de narices con que van a demolerles su puesto de trabajo huele a que
arramblar con la instalación fue una decisión ministerial,
incomprensiblemente ministerial, tan ministerial que el mismísimo
alcalde dijo no saber nada de nada; y ya es extraño, porque el
alcalde suele saber mucho de mucho, sabe tanto de tantas cosas que siendo
el más acalorado defensor del puerto no se desmayó cuando
declaró que quitar el hotel ayudaría a recuperar el litoral
(el alcalde y su humor australiano). Vaya puntería, ministra.
Puesta a elegir a voleo, de milagro no metió en la lista de demoliciones
al Auditorio (al fin y al cabo, también está sobre el
mar).
Siendo una realidad innegable que el hotel no debió hacerse
ahí, no lo es menos que dar ejemplo con un hotel racionalista
no es una prioridad -jamás he escuchado a un solo vecino pedir
que lo quiten-. Si Narbona se diera una vuelta por el litoral caería
en lo que no ha caído, y es que hay casos infinitamente más
bochornosos. No sé cómo les irá a los animales
y plantas con ese Ministerio; pero, a juzgar por cómo se las
ha gastado la ministra con los trabajadores del hotel, se ve que la
arquitectura y las personas no son lo suyo.
Fuente: Diario de Avisos, 04-04-06

Qué pretende la Ministra anunciando
por sorpresa el derribo de un hotel como
éste en Tenerife. No sería más lógico que
si va a demoler construcciones ilegales
en la costa hiciera una lista de todas ellas y, cuando las tuviera todas
si algún
día es capaz de hacer el recuento interminable- las metiera todas
en un bombo, como en la lotería de Navidad, y sortease el orden
de derribo de todas ellas. Eso suponiendo que esto sea un estado de
derecho y de que las leyes sean iguales para todos, para los grandes
y para los más pequeños, que de todas formas es mucho
suponer a estas alturas ¡Chiquita fantasmada! ¡Si
todas esas playas van
a desaparecer con el puto puerto que la Ministra no quería antes
de
las elecciones y después cambió de opinión cuando
tocó poder!