Foro contra la Incineración

Tenerife
                           
Desaparece durante una obra otra auténtica joya botánica en Santa Cruz de Tenerife
                           
08 - 04 - 06

 

No es que el pueblo de Santa Cruz esté indignado, ni mucho menos, ni que probablemente a más del noventa por ciento de la población le importen ya estas cosas un carajo, pero tampoco es menos cierto que existen en Santa Cruz de Tenerife -cuyas calles y parques durante décadas han ofrecido un verdadero espectáculo botánico muy poco frecuente a lo largo del mundo- una minoría de personas que lo están pasando realmente mal con algunas de las cosas que se están viendo, sobre todo en relación a la facilidad con la que nuestros políticos maltratan este patrimonio único.

Este es el caso de una valiosísima ceiba speciosa, o palo borracho, que florecía por esta época justo en medio de la curva en la que termina la prolongación de Ramón y Cajal, al pie del puente Serrador. Hace unos días que un amigo, viejo aficionado a la botánica, nos advertía del peligro que corrían un par de ejemplares de esta especie, que desde hacía décadas embellecían esa rotonda, debido a unas obras -aparentemente de canalizaciones- que se llevan a cabo en la zona. Hasta allí fuimos este jueves para ver los ejemplares pero se nos quedó la cara a cuadros cuando observamos que las ceibas habían desaparecido acaso para siempre.

No estamos acusando a nadie de ningún delito contra la humanidad, ni de nada tipificado en el Código Penal. Pero otra cosa es que en el libre ejercicio de la libertad de expresión, y con todo respeto, afirmemos que al frente del carro éste hay una serie de belillos -sin sensibilidad alguna- y que, al mismo tiempo que están poniendo de oro a los viveros que se dedican a las plantas de quita y pon -de temporada-, cogen las motosierras y hacen verdaderos destrozos en un patrimonio que nuestros viejos cuidaron con esmero en la época del hambre y la miseria. Y es que da la impresión que desde que el nuevo Obispo consiguió que el ayuntamiento de La Laguna le metiera machete a un drago centenario que -al parecer- le daba mucha sombra al patio de uno de los múltiples edificios con los que cuenta la Iglesia Católica en esta ciudad, parece como si se hubese abierto definitivamente la veda para arrasar por cualquier cosa.


Imágenes de la floración de uno de los ejemplares desaparecidos


Características ramas


Imagen cedida de uno de los ejemplares desaparecidos


El ejemplar de la imagen superior se encontraba justo delante del camión grúa

06-04-06 Triste primavera para el parque García Sanabria

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LEYENDA DEL PALO BORRACHO

Árbol de extraordinario desarrollo, pues alcanza hasta dos metros de diámetro y quince de altura, es el palo borracho, científicamente llamado Chorisia insignis. Crece en Misiones, Formosa, Chaco, Santiago del Estero, Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca y Santa Fe. Es conocido además con los siguientes nombres: yuchán, algodonero, painero, peinera, palo botella, palo barrigudo, samohú. Es de extraordinaria belleza y no menos útil, ya que el hombre aprovecha su fruto, su tronco, la corteza, etc.

Numerosas leyendas refieren el origen del mismo, pero la más difundida, que corresponde al Norte del país, es la siguiente:

En el abultado tallo de un enorme palo borracho vivía el Padre de los peces. Era el amigo de las tribus indígenas que habitaban sus proximidades, y para que el alimento no llegara a faltarles, de noche llenaba de agua y de peces el tronco, que durante el día bajaban a la llanura y de ahí engrosaban el cauce de los ríos, donde aquellos eran pescados.

Un día, uno de los indios decidió comerse a su protector. Se acercó cautelosamente y, tendido con fuerza su arco, disparó una flecha de guayacán, que certeramente atravesó el corazón del Padre de los peces.

Horrorizado de su propia obra, vio que éste, en los esteriores de su agonía, con su potente cola azotó todos los palos borrachos de la región, los que al partirse arrojaban el agua sobre el llano, buscando el nivel de todos los ríos.

Los hombres de las tribus, que hasta entonces vivían cercanos unos a otros, se dispersaron y penosamente tuvieron que buscar el alimento, guerreando a veces para obtenerlo. En este ir y venir, formaban pequeños poblados, de los que poco a poco también fueron desalojados por el empuje del hombre blanco que marchaba hacia el Norte.

El padre de los peces, alojado ahora en el fondo de la Tierra, oía el fragor de las cruentas luchas, y de tanto en tanto asomaba una lengua gigantezca de siete colores que cubría el cielo (el arco iris) y trataba de que abandonaran sus bélicos ímpetus y se asentaran, beneficiados por el trabajo fecundo.

Aún hoy, en que han pasado añares, hay quien a la vera de arroyos y lagunas añora a aquel que durante las noches ponía en el panzudo tronco del palo borracho miríadas de peces para que las tribus no perecieran de hambre…

http://www.soygaucho.com/espanol/leyendas/elpaloborracho.html

 

 
                           
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