Todo la costa del sur de Tenerife, pese al frío
y la lluvia en la tarde de este miércoles, se ha ido cubriendo
poco a poco de una gran alfombra de colores de las miles de casetas
de campaña, caravanas, furgones y demás que se disponen
a resistir a las inclemencias meteorológicas para cumplir, un
año más, con la tradición o el rito de acampar
en cualquier sitio que se parezca a una playa.
De nada han servido, ni servirán nunca, los anuncios
de los distintos municipios recordando -como siempre hacen- la prohibición
de llevar a cabo este tipo de actividad. Pero es que, lamentablemente,
las alternativas que se ofrecen de ocio para las economías más
modestas -y no tan modestas- son escasas cuando no nulas. Y ni las normas,
ni la lluvia, ni el frío, ni las multas acabarán nunca
con esta actividad mientras no se ofrezcan alternativas reales y atractivas
a la gente que tiene derecho a salir, por unos días, de la locura
en la que nos encontramos metidos en unas ciudades que ofrecen de todo
menos calidad de vida.
Esto es lo que hay, nos guste más o nos guste
menos, pero también nuestras autoridades deberían ser
conscientes de esto y, en días como éstos, cuando tenemos
una borrasca que se aproxima precisamente por el Sur -y que nunca se
sabe realmente cómo puede evolucionar- se advirtiera a la gente
de lo peligroso que es acampara masivamente en el cauce de los barrancos.
Como simple medida de precaución, vamos. No digamos nada de la
necesidad de ofrecer algún tipo de servicio a este gente, lo
mínimo, para que estas acampadas no se conviertan en auténticos
estercoleros.




Toda la tarde la autopista a reventar
16-04-04
Nadie lo diría