Foro contra la Incineración

Tenerife
                           
"Pasados los años mil los barrancos vuelven por donde solían dir"
                           
24 - 04 - 06

 

Wladimiro Rodríguez Brito *

MAÑANA LUNES se celebra en el Cabildo Insular de Tenerife un pleno, solicitado a petición del grupo socialista, con el objetivo de conocer la situación de los barrancos de la isla. No queremos aprovechar este espacio que nos brinda el periódico EL DÍA para dirimir estériles polémicas partidistas. Al contrario, lo que pretendemos modestamente es informar a la opinión pública tinerfeña y canaria en general de algunos de los términos del debate que tendrá lugar en el espacio que la democracia habilita para ello, el gobierno insular.

No obstante, siempre en estos artículos de opinión requerimos la necesidad de reflexionar sobre diversos aspectos de nuestra problemática ambiental y los barrancos constituyen, sin lugar a dudas, un motivo que merece ampliamente esta preocupación. En ese sentido, la valoración de la cuota de responsabilidad compartida en la actual situación excede los limitados términos de un color político, de un espacio geográfico, incluso de un corto período de tiempo. En la isla de Tenerife tenemos más de 5.000 kilómetros de barrancos, una extensión absolutamente imposible de controlar desde la Administración Pública, sea Gobierno de Canarias, Cabildo de Tenerife o los respectivos ayuntamientos, sin la concienciación y la colaboración activa de la población.

En tiempos pretéritos, no demasiado lejanos, cuando la escasez y la miseria eran las notas dominantes en este Archipiélago, los barrancos se encontraban completamente limpios de vegetación y no eran utilizados como basureros improvisados para arrojar neveras, colchones o neumáticos. Por supuesto, a nadie se le ocurría construir una vivienda en sus cauces porque se temía y se respetaba a la naturaleza. En los últimos tiempos ese respeto se ha perdido y las consecuencias no han tardado en dejarse sentir en forma de aluviones, riadas y considerables daños para personas y propiedades. No se encuentra tan lejos el 31 de marzo como para que olvidemos lo que ocurrió en pleno siglo XXI. La construcción de viviendas o vías en los cauces públicos tiene mucho que ver con la presión demográfica y con la escasez de suelos baratos para nuestra gente, pero también -lo que es más grave- con un cierto nivel de ignorancia y a la falta de cultura del territorio del constructor, asociados a una negligente y peligrosa permisividad y tolerancia mal entendida de algunas administraciones públicas. En ocasiones, hasta la propia administración es la responsable de esta peligrosa ocupación de cauces, lo que resulta aún más inexplicable. Por citar algunos ejemplos: la carretera de Guaza, de Malpaso a Las Galletas sigue el cauce de un barranco, en Guía de Isora acaban de terminar una discutible canalización del barranco que atraviesa su casco, peligrosa dado el volumen de agua que pueden llegar a aportar las cumbres del municipio, desde Tasogo a Tauce. En Adeje, los barrancos que descienden y desembocan en Callao Salvaje o Fañabé constituyen otros puntos negros de este tipo de obras mal planificadas; la Avenida del Doctor Antonio González, en Los Realejos, se encuentra directamente construida sobre otro cauce de barranco; por no hablar del Barranco de Santos, después de construirse la Dársena de Los Llanos, sin haber drenado suficientemente su cauce, alargándolo y evitando su aterramiento, en una zona históricamente problemática como es la de la iglesia de La Concepción y del Museo de la Ciencia y el Hombre. Asimismo, también debemos estar pendientes del deterioro de antiguas presas para riego, hoy abandonadas y sin mantenimiento, como son las de Tahodio, Los Curbelos, El Ancón, Tamaide, Atalaya, etc.

Son algunos de los cientos de ejemplos que podríamos enumerar de una mala actuación, pública o privada, a lo largo de los últimos 50 años, con relación a los barrancos insulares. En ese sentido, la naturaleza se empeña en recordarnos cíclicamente el peligro que supone ignorarla. Los barrancos recuperan su cauce natural y establecen sus linderos al margen de las obras, viviendas o personas que se encuentren ocupándolos. Así ocurrió el 31 de marzo de 2002 y, un siglo y medio atrás, el 7 de noviembre de 1826, en el gran temporal que asoló Tenerife, arrastrando al mar, sólo en La Orotava, 84 personas, más de 500 cabezas de ganado y arrasando 190 casas, o en Candelaria, donde también se llevó a personas y a buena parte del convento de los dominicos, incluyendo la imagen de la virgen de Candelaria. Son breves referencias históricas que demuestran que la lluvia y el agua no piden ni permiso ni escrituras de propiedad cuando se canalizan con violencia por el cauce de un barranco. Ni en 1826 ni ahora la culpa de estos desastres son responsabilidad de un sólo color político. Mucho nos tememos que el problema es bastante más complejo y responde a una mentalidad colectiva e individual vinculada al desconocimiento o a los bolsillos de muchos de los ciudadanos de esta isla. Cambiar esta mentalidad debe constituir y constituye un objetivo primordial para los gestores políticos de este territorio, para conseguirlo se necesitan recursos y la colaboración unánime de todos los estamentos de la sociedad, independientemente del partido político que gobierne, sea Coalición Canaria, PSOE o PP.

Por todo lo expuesto, el debate de mañana debe suponer un análisis crítico para corregir una tendencia agresiva y poco solidaria con el medio ambiente insular, que acaba repercutiendo, más tarde o más temprano, sobre las vidas y propiedades de las personas. Debemos transmitir a la población que el cuidado, defensa y conservación de estos barrancos es y debe ser una responsabilidad compartida de toda la sociedad, por encima de colores y competencias políticas. Sería injusto no reconocer todo el esfuerzo y el trabajo que el Consejo Insular de Aguas del Cabildo Insular de Tenerife viene desarrollando en las últimas décadas, controlando, velando por la conservación y persiguiendo las agresiones contra los barrancos y sus cauces, estableciendo normas racionales y preventivas, gestionando sobre el terreno y con visión de futuro cualquier obra que les afecte. Este organismo supone un ejemplo a seguir para el resto de administraciones públicas en cuanto a la acción sobre los barrancos y es la mejor garantía que tenemos los tinerfeños y tinerfeñas para evitar su degradación y los consiguientes daños "colaterales". No obstante, hay que dejar claro que no podemos dejar sólo en manos de la administración la vigilancia y protección de 5.000 kilómetros de nuestro territorio. No tenemos policía para tanto espacio, debe ser una responsabilidad compartida.

Mucho nos tememos que el debate de mañana no nos enriquezca sino que se convierta en un cruce de acusaciones, en teñir de política un problema que tiene unas raíces comunes, basadas en la ignorancia y en una actitud individual y colectiva negativa frente a lo público. Por eso nos parece apropiado recordar hoy el viejo proverbio popular de que "pasados los años mil las aguas vuelven por donde solían dir".

* Consejero de Medio Ambiente y Paisaje del Cabildo Insular de Tenerife

Fuente: El Día, 23-04-06


Imagen de julio del 2004. Ahora en ese solar, al centro de un barranco,
hay un edificio imponente

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