Que en Tenerife no podemos presumir
de ruinas romanas, castillos medievales, de catedrales góticas
o de ciudades amuralladas es algo que, para bien o para mal, forma parte
de unas circunstancias históricas que deberíamos ser capaces
de asumir como pueblo, pero que pareciera que muchos de nuestros responsables
de patrimonio no terminan de encajar muy bien.
Uno de los ejemplos más llamativos
de este desprecio por 'lo nuestro' -expresión tan recurrida durante
las campañas electorales- lo podemos encontrar en general con
el ingente patrimonio arquitectónico de construcciones relacionadas
con el agua, de obras públicas y de arquitectura civil o religiosa
del Sureste de Tenerife, del que alguna vez hemos hablado tanto para
denunciar la desaparición sistemática
de los bancales tradicionales, como el escándalo de la facilidad
con la que se le meten palas mecánicas
a determinadas construcciones que representan los valores culturales
y etnográficos más genuinos y representativos (un día
de estos les volveremos a hablar de cómo avanza el desastre de
esa carretera).
Otro ejemplo, acaso más 'curioso'
y lamentable, es el de las ruinas de la Iglesia Vieja de Fasnia, construcción
que se relaciona con la propio origen de ese municipio del Sureste de
Tenerife. Hace como unos diez años que algún amante del
mal gusto llevó a cabo unas obras de 'mejora' del entorno de
esta valiosísima reliquia que dejaron con la boca abierta a los
vecinos de la zona. Y es que mientras muchos lugareños aún
hoy en día continúan reclamando del ayuntamiento que le
arreglen un camino o que le pongan un punto de luz, en las ruinas de
la iglesia se llevó a cabo una carísima intervención
que consistió en todo menos en proteger el edifico para que no
se terminara de caer.
Luminarias sicodélicas, pisos
de madera con focos incorporados, adoquinados con piedra importada,
escalinatas o graderíos con soportes metálicos.. una cosa
impresionante. Asegurar las bases de los muros, protegerlos para que
la lluvia no siga penetrando en su interior o respetar un poquito el
entorno recuperando algún aspecto tradicional, no fue objetivo
de esa intervención verdaderamente alucinante. Sin duda, de haberse
hecho algo así en La Laguna o en La Orotava con un monumento
histórico, se hubiese originado una auténtica revuelta
social.
El caso es que, pasados los años,
está comenzando a ocurrir lo que no hacía falta ser ningún
adivino para prever, y es que la estructuras se están viniendo
abajo. Es el caso del único tramo de muro importante que quedaba
de la nave principal de esta iglesia, que ya antes de la llegada de
la tormenta Delta se había deteriorado significativamente por
efecto de las lluvias pero que, con la llegada de la cola de la tormenta
tropical ha desaparecido por completo. Los restos del muro -que ocupaban
la carretera- se los ha llevado un tractor carretera abajo, a donde
no molesten el paso de vehículos. Y aquí paz y en el cielo
gloria. Pero lo extraño no es que se haya caído ese muro,
fruto del abandono, sino que haya quedado una sola piedra de esa iglesia
en pie, lo que se debe calificar de auténtico milagro, acaso
el penúltimo de San Joaquín que se acuerda aún
de la ermita donde estuvo instalada su imagen.

Estado del muro hace un par de años

Estado actual

Imagen del muro hace un par de años

Estado actual

Los magníficos focos halógenos
inclustados en un espantoso piso de madera que se
le puso a las ruinas de la iglesia ya no tienen muro que iluminar, un
tractor se lo
ha llevado carretera abajo, como se observa en la imagen.

Modernas estructuras junto a las ruinas completamente
abandonadas
y sin tratamiento alguno



Hasta allí fueron todos los políticos
y todas las cámaras de televisión para
inaugurar las obras de 'mejora' del entorno. Nunca más se ha
vuelto a ver a nadie
por allí preocupándose por el estado de las ruinas, lo
que verdaderamente se
debería proteger, supuestamente.

PARROQUIA DE SAN JOAQUÍN DE FASNIA
Se conocen pocos datos históricos sobre este templo.
Durante el siglo XVII se erigió una ermita en el lugar donde
aún aparecen sus ruinas. En la primera mitad del siglo XVIII
se decidió ampliar el recinto, incorporando a la iglesia un presbiterio.
Para dar acceso a esta nueva capilla mayor se levantó un arco
toral en cantería blanca, característica del Sur de la
isla. Estas ampliaciones del recinto religioso se correspondían
con el ascenso de categoría de la ermita, que fue declarada parroquia
en el año 1795 por el Obispo don Antonio Tavira y Almazán.
En 1800 se procedió a bendecir la nueva configuración
del templo.
Sobre la segunda década del siglo XIX la iglesia
comenzó a tener problemas estructurales y el pueblo decidió
reunir fondos para su reedificación, aunque resultaron insuficientes.
En 1823 se ordenó cerrarla por el peligro de derrumbe, tomándose
la decisión de fijar y rebajar muros. Los oficios sacros tenían
lugar en la vivienda parroquial, la cual había sido mejorada
con madera procedente del recinto religioso.
En 1826 el aluvión que devastó la isla empeoró
el precario estado del edificio, llegándose a desplomar algunas
paredes. Hubo que reiniciar la restauración y en 1837 se construyó
la sacristía, además de embellecer el presbiterio. Los
arreglos fueron emprendidos por el párroco don Victorino Perdigón.
Por un inventario del siglo XIX se sabe que contaba con los siguientes
altares y retablos: el altar mayor, los retablos del patrono San Joaquín
y de Ntra. Sra, del Rosario, así como un altar de madera de tea
con un cuadro de Animas y la imagen de santa Ana.
En los primeros años de nuestro siglo -XX- el alcalde
de Fasnia ordenó su segundo cierre ante la ruina del edificio
y se decidió hacer una segunda obra vendiendo los materiales
aprovechables, caso de la madera, de ahí que todavía podamos
observar el arco y algún elemento de cantería. Se acudió
al entonces arquitecto diocesano don Antonio Pintor y Ocete, el cual
realizó un proyecto remitido al Obispado, en cuyo archivo se
guarda, proyecto que nunca se llegó a realizar.
Fuente: "Guía de recursos patrimoniales
del Sureste de Tenerife". Asociación Cultural Sureste
de Tenerife,1996