Foro contra la Incineración

Tenerife
                           
La Opinión y El Día, se soltaron las cabras otra vez
                           
24 - 05 - 06

 

Lo de el editorial de El Día este pasado sábado no tiene nombre. Pero tampoco es nada nuevo, es más de lo mismo. Por eso es que nosotros hemos optado por no seguir comentando semejantes llamadas a la "guerra santa" contra todo el mundo, contra Canarias, contra el que piensa distinto o el que discrepa y ahora, nada menos que contra la "contaminación racial" que pone en peligro la "supremacía blanca y europea en las Islas". ¿Le suena a usted ese lenguaje de algo?

Pero como quiera que Francisco Pomares les contesta este martes en La Opinión (1), con un texto bastante sensato, creemos de interés reproducirlo, al tiempo que compadecemos a su periódico por la que les va a caer encima estas próximas fechas por haber criticado, razonablemente, la línea editorial de don José Rodríguez, el facha que más calles, medallas y premios ha conseguido en vida por parte de todas las instituciones públicas de la isla de Tenerife.

Esta guerra es vieja, ya cuando Alfonso González Jerez escribió, magistralmente, sobre la detestable actitud de El Día contra los movimientos ciudadanos y contra todo el mundo (2), se echó la soga al cuello. De hecho, cuando al parecer ha dejado su columna en La Opinión, El Día aprovechó para despedirse de él con todo tipo de insultos (3), lo más bonito que lo llamaron fue "idiota". Job Ledesma no se pudo resistir y les contestó clarito a los pocos días en La Opinión (4), pero lo que ha hecho el director este martes, Francisco Pomares, va a traer tela, mucha tela. Y es que cantarle las verdades a El Día es algo que en Tenerife sale bastante caro. Porque es que El Día está por encima del bien y del mal, allí donde le han puesto nuestros responsables políticos que jamás han movido un dedo para evitar que estos periódicos sigan lanzando este tipo de mensajes contra el pueblo canario y, en estos momentos, llegando a utilizar un lenguaje claramente "parafascista", como muy bien denuncia el señor Pomares. Que por otra parte tampoco es que sea santo de nuestra devoción. Ni mucho menos.

Y que conste que, cuando decimos que nuestros políticos 'no han movido un dedo' para pararle los pies a estos impresentables, no nos referimos a censura de ningún tipo. Faltaría más, cuando es lo que les criticamos a ellos habitualmente. Pero otra cosa es que nos dediquemos a ponerle calles, a otorgar medallas y nombramientos de hijo predilecto a individuos cuya una obsesión es fomentar el pleito entre canarios y, en definitiva, apostar por hacer estallar esta tierra en mil pedazos. Con generosísimas aportaciones, además, de dinero público, de todos los canarios. Esas 'aportaciones' que después le niegan a cualquier medio que se muestre medianamente crítico con su políticas.

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Basta ya

Francisco Pomares

Algo extraño debe cocerse en el alma de las mayorías, para que un asunto como el de la inmigración desate tantas bestias escondidas. En los últimos días asistimos atónitos al editorialismo parafascista de un colega, al que preocupa sobremanera que las Islas lleguen a ser mestizas, cuando no, directamente africanas. Cree nuestro colega que peligra la continuidad de la supremacía blanca y europea en las Islas, y acusa a los políticos de no hacer nada para evitar la contaminación racial. Por fortuna, Canarias sigue respondiendo a la inmigración ilegal masiva con talante de pueblo civilizado. Acogemos a los que llegan, se les dispensa atención humanitaria y se procura su repatriación o -si esta no es posible- su salida de Canarias. Adán Martín tuvo el acierto hace un par de días de pedir que se amplíe el plazo de acogimiento de cuarenta días, que provoca situaciones absurdas. Recibió un pequeño rapapolvo de los voceros parafascistas y sus asociados más iracundos. Hay quien cree que prolongar la asistencia humanitaria a los que llegan, aunque sólo sea una semana más allá de lo que establecen las leyes, puede provocar el colapso económico de las Islas. Lo cierto es que el coste de esa medida puede ser considerado ínfimo, y permitiría poder repatriar en mejores condiciones a los inmigrantes, en vez de abandonarlos a su suerte en cualquier plaza peninsular.
Frente al comportamiento impecable de casi todos los servicios implicados en el rescate, asistencia y cuidado de los inmigrantes ilegales -Guardia Civil, Servicio Costero, Cruz Roja, 112, Policías Locales, funcionarios de los centros de acogida- resulta bastante asqueroso el nivel del debate político sobre el asunto: con distintas sensibilidades, algunas más hospitalarias que otras, todo el mundo reclama para el contrario la responsabilidad por la situación existente. En los últimos seis o siete años, en los que el fenómeno de la inmigración clandestina procedente de África se ha multiplicado exponencialmente, ningún partido ha renunciado a utilizar la cuestión para castigar al adversario con supuestas o reales culpabilidades en la génesis del fenómeno. Desde la matraquilla del efecto llamada que el PP se empeña en atribuir a la regularización de inmigrantes (básicamente hispanos) que nada tienen que ver con los que llegan en pateras y cayucos, hasta las críticas del PSOE a la ineficacia de los sistemas de vigilancia electrónica desarrollados por el PP, pasando por las tonterías de Coalición Canaria convirtiendo lo que es un drama humano en un gravísimo peligro para la demografía isleña.
Frente a tanta voz fascista, demagógica o cínica, enturbiando sistemáticamente la realidad de los hechos, se agradece que alguien con la autoridad moral del obispo Bernardo Álvarez, se deje caer con sus verdades de camionero: una es que quienes llegan a nuestras costas son seres humanos y la otra es que con la crisis de los cayucos, Canarias se enfrenta a un problema humanitario. Ni invasión, ni presión demográfica, ni graves enfermedades exóticas de allende los mares...

Fuente: La Opinión de Tenerife, 23-05-06

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Insultar a don Leoncio

Alfonso González Jerez

Se insulta y se execra la memoria y el espíritu de don Leoncio Rodríguez, fundador y director de La Prensa, el primer gran periódico de la modernidad tinerfeña, el periodista y escritor al que la dictadura franquista le secuestró la obra de su vida y le envió al silencio más cruel y amargo, cuando se escriben editoriales que son un repulsivo estercolero de insultos. Insultos a los profesionales que trabajaron durante años, lustros o décadas para un periódico. Insultos contra el resto de periódicos del Archipiélago. Insultos enhebrados con una gramática escolar y una sintaxis tartamuda contra los colaboradores de otros medios de comunicación. Insultos zafios contra cualquier periodista que disienta o que, no tome en consideración, una visión tan ágrafa como agorafóbica de la sociedad tinerfeña, nutrida de una ramplona ideología aldeana, pleitista, catastrofista y mesiánica, con tintes de xenofobia y racismo. Una visión ideológica profundamente conservadora, clasista y aperejilada de un Tenerife que jamás existió y que no tiene ninguna relación con el Tenerife actual, complejo y problemático como toda sociedad desarrollada, salvo la de la caricatura.

Se insulta y se execra la memoria y el espíritu de don Leoncio Rodríguez cuando se practica la agresión más garbancera contra la crítica social, cuando se condenan las opiniones y movimientos críticos como algaradas subvencionadas por el oro de una fantasía grotesca, el Sanedrín, una locución ridícula, pero que exhala un nauseabundo tufo antisemita y conspiranoico, cuando se anuncia que en todos los rincones tinerfeños pululan miles de alborotadores a sueldo de tenebrosos poderes grancanarios, cuando se arroga con pueril histrionismo la representación exclusiva y excluyente de los intereses tinerfeños, cuando se practica la amenaza chulesca y la admonición chocarrera, cuando se llega al dislate de afirmar que si Tenerife se hunde en el abismo de sus delirios apocalípticos "nuestro periódico seguirá en la cúspide de la defensa y del éxito".

Pero se insulta y se execra la memoria y el espíritu de don Leoncio Rodríguez, sobre todo, cuando se demuestra una incapacidad tan palmaria para leer y escribir correctamente, cuando se evidencia una enemistad tan radical con la palabra escrita, cuando se lanzan advocaciones a Dios y a la Virgen de Candelaria para continuar alanceando a los infieles, cuando se asume un caudillismo mediático que nadie reconoce, cuando se cae reiteradamente en el ridículo público más estruendoso e hilarante, cuando se falta a la verdad en las cifras de venta propias y las de la competencia, cuando se confunde la egolatría estéril con el patriotismo de campanario, cuando, en definitiva, ni siquiera se sabe redactar una editorial, y se le sustituye por las alucinaciones, profundamente irresponsables, de un heredero cuyo único mérito periodístico consistió, hace ya muchos, quizás demasiados años, en comprar todas las acciones de una empresa editora a sus familiares, y consagrarse como el perito comercial más festejado, arrullado y enmedallado en toda la historia de Canarias.

Fuente: La Opinión de Tenerife, 12 de octubre 2004

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LOS MOJOS DE LA ÚLTIMA

Adiós al ágrafo insultador

Un plumilla ágrafo se va, por fin, del medio donde ha venido trabajando en los últimos años o, mejor dicho, del medio que venía aprovechando para verter toda la inmundicia de la que era capaz con su escasa materia gris. Ya era hora de que tal fulano, que quería pasar por lingüista reputado y se quedaba sólo en caricatura de sí mismo, deje la trinchera. Está tan entontecido que llegó a la categoría de idiota.

Un idiota que sustituye a otro en la prensa

Ese idiota del que hablamos en el "mojo" anterior y cuya única ocupación, a la vista de los resultados cosechados por ese medio, debía de ser la de repartir puyas y burlas entre la profesión, ha dicho adiós. Con su pan se lo haya comido. Lo malo es que lo ha sustituido en esta afición por atacar otro plumilla más idiota y analfabeto aún y, además, desastrado. Presumimos que mal le irá al medio que lo acoge. Ya lo verán sus jefes.

Fuente: El Día. Sábado, 13 mayo 2006

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¿Idiota?

Job Ledesma

En el ejercicio del columnismo de opinión puedes caer en numerosos errores. El más común es creer que tu verdad y las tonterías que largas cada cierto tiempo van a misa y se siguen cual dogma de fe por todos y cada uno de los lectores... Los lectores. ¿Por qué compran o leen un periódico? Por las esquelas. Por los anuncios por palabras, porque se busca piso o trabajo o el consejo del doctor Mamadou. Porque regalan esa película o ese cuchillo. Porque se busca una puta urgente o una relación de amigos para toda la vida. Por la programación del cine y la televisión, la previsión del tiempo y los horarios de aviones.
Todavía existe un pequeño grupo de locos que compra uno u otro diario por su enfoque sobre la información y por la misma información, por las exclusivas o porque escriben lo que le gustaría leer (y lo que no).

Incluso sobrevive un minúsculo reducto de trastornados que sigue con devoción tal o cual firma, que es capaz de gastarse un euro o de malgastar cinco minutos de su medio bocadillo matinal en leer a aquel que le gusta mucho o le disgusta mucho más.

Claro, también es cuestión de que la firma exista, pero el pirado de la prensa es incluso capaz de seguir la ausencia de firma. Seguro que existen lectores que descifran quién escribe los editoriales de El Mundo o de El País por un par de frases y ciertos giros lingüísticos.

Volviendo a los pocos locos que compran un periódico por tal o cual firmilla de tal o cual opinador, de entre ellos habrá de todo, incluso seres humanos que hasta compartan las opiniones del columnista de turno. De tanto darle a la lima, de tantos lectores nos quedamos en dos que estén de acuerdo con lo que tú dices.

El éxito de un periódico es por tanto el de sus esquelas, sus anuncios por palabras, sus promociones, también incluso el de sus reportajes y sus firmas, porque hasta el periodismo tiene aún hoy una cierta influencia. Un periódico funciona por todo eso. Un periódico funciona y tiene éxito desde el momento en que cada día sale a la calle. Un periódico puede incluso superar la escasez de argumentos y de talento lingüístico de uno de sus opinadores, por mucho que se disfrace de editorial, porque podrá más la programación de la tele, las esquelas y los anuncios de putas.

Pero como siempre queda el orgullo de machito, me permito apostillar que mejor ser un idiota desastrado que un cobarde que se ampara en el anonimato miedica de su texto sin firma para insultar sin mayores argumentos. Ni su periódico ni sus lectores se lo merecen.

Fuente: La Opinión de Tenerife, 16-05-06

NOTA: A la hora de terminar este comentario ya El Día ha contestado, desde el editorial, al artículo del director de La Opinión, Francisco Pomares, con toda clase de descalificaciones y con amenazas del tipo:

(...) "Cualquier otra alusión ofensiva que nos haga a partir de ahora tenemos intención de silenciarla, salvo que se pase de la raya y saltemos con cosas que hoy callamos."

O perlas del tipo:

(...) "Pero tenemos que contestar a disparates como negar que en estos momentos Canarias sufre una invasión de africanos de raza negra pura -salvo caso de sida o enfermedades contagiosas-, la cual, como todo el mundo sabe, prima sobre la blanca en caso de mezclarse."

Editorial de el Día, 24-05-06: Un insultador que no ve la evidencia


 
                           
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