Lo de el
editorial de El Día este pasado sábado no tiene nombre.
Pero tampoco es nada nuevo, es más de lo mismo. Por eso es que
nosotros hemos optado por no seguir comentando semejantes llamadas a
la "guerra santa" contra todo el mundo, contra Canarias, contra
el que piensa distinto o el que discrepa y ahora, nada menos que contra
la "contaminación racial" que pone en peligro la "supremacía
blanca y europea en las Islas". ¿Le suena a usted ese lenguaje
de algo?
Pero como quiera que Francisco Pomares
les contesta este martes en La Opinión (1),
con un texto bastante sensato, creemos de interés reproducirlo,
al tiempo que compadecemos a su periódico por la que les va a
caer encima estas próximas fechas por haber criticado, razonablemente,
la línea editorial de don José Rodríguez, el facha
que más calles, medallas y premios ha conseguido en vida por
parte de todas las instituciones públicas de la isla de Tenerife.
Esta guerra es vieja, ya cuando Alfonso
González Jerez escribió, magistralmente, sobre la detestable
actitud de El Día contra los movimientos ciudadanos y contra
todo el mundo (2), se echó la soga al cuello.
De hecho, cuando al parecer ha dejado su columna en La Opinión,
El Día aprovechó para despedirse de él con todo
tipo de insultos (3), lo más bonito que lo llamaron
fue "idiota". Job Ledesma no se pudo resistir y les contestó
clarito a los pocos días en La Opinión (4),
pero lo que ha hecho el director este martes, Francisco Pomares, va
a traer tela, mucha tela. Y es que cantarle las verdades a El Día
es algo que en Tenerife sale bastante caro. Porque es que El Día
está por encima del bien y del mal, allí donde le han
puesto nuestros responsables políticos que jamás han movido
un dedo para evitar que estos periódicos sigan lanzando este
tipo de mensajes contra el pueblo canario y, en estos momentos, llegando
a utilizar un lenguaje claramente "parafascista", como muy
bien denuncia el señor Pomares. Que por otra parte tampoco es
que sea santo de nuestra devoción. Ni mucho menos.
Y que conste que, cuando decimos que
nuestros políticos 'no han movido un dedo' para pararle los pies
a estos impresentables, no nos referimos a censura de ningún
tipo. Faltaría más, cuando es lo que les criticamos a
ellos habitualmente. Pero otra cosa es que nos dediquemos a ponerle
calles, a otorgar medallas y nombramientos de hijo predilecto a individuos
cuya una obsesión es fomentar el pleito entre canarios y, en
definitiva, apostar por hacer estallar esta tierra en mil pedazos. Con
generosísimas aportaciones, además, de dinero público,
de todos los canarios. Esas 'aportaciones' que después le niegan
a cualquier medio que se muestre medianamente crítico con su
políticas.
------------
Basta
ya
Francisco Pomares
Algo extraño debe cocerse en el alma de las mayorías,
para que un asunto como el de la inmigración desate tantas bestias
escondidas. En los últimos días asistimos atónitos
al editorialismo parafascista de un colega, al que preocupa sobremanera
que las Islas lleguen a ser mestizas, cuando no, directamente africanas.
Cree nuestro colega que peligra la continuidad de la supremacía
blanca y europea en las Islas, y acusa a los políticos de no
hacer nada para evitar la contaminación racial. Por fortuna,
Canarias sigue respondiendo a la inmigración ilegal masiva con
talante de pueblo civilizado. Acogemos a los que llegan, se les dispensa
atención humanitaria y se procura su repatriación o -si
esta no es posible- su salida de Canarias. Adán Martín
tuvo el acierto hace un par de días de pedir que se amplíe
el plazo de acogimiento de cuarenta días, que provoca situaciones
absurdas. Recibió un pequeño rapapolvo de los voceros
parafascistas y sus asociados más iracundos. Hay quien cree que
prolongar la asistencia humanitaria a los que llegan, aunque sólo
sea una semana más allá de lo que establecen las leyes,
puede provocar el colapso económico de las Islas. Lo cierto es
que el coste de esa medida puede ser considerado ínfimo, y permitiría
poder repatriar en mejores condiciones a los inmigrantes, en vez de
abandonarlos a su suerte en cualquier plaza peninsular.
Frente al comportamiento impecable de casi todos los servicios implicados
en el rescate, asistencia y cuidado de los inmigrantes ilegales -Guardia
Civil, Servicio Costero, Cruz Roja, 112, Policías Locales, funcionarios
de los centros de acogida- resulta bastante asqueroso el nivel del debate
político sobre el asunto: con distintas sensibilidades, algunas
más hospitalarias que otras, todo el mundo reclama para el contrario
la responsabilidad por la situación existente. En los últimos
seis o siete años, en los que el fenómeno de la inmigración
clandestina procedente de África se ha multiplicado exponencialmente,
ningún partido ha renunciado a utilizar la cuestión para
castigar al adversario con supuestas o reales culpabilidades en la génesis
del fenómeno. Desde la matraquilla del efecto llamada que el
PP se empeña en atribuir a la regularización de inmigrantes
(básicamente hispanos) que nada tienen que ver con los que llegan
en pateras y cayucos, hasta las críticas del PSOE a la ineficacia
de los sistemas de vigilancia electrónica desarrollados por el
PP, pasando por las tonterías de Coalición Canaria convirtiendo
lo que es un drama humano en un gravísimo peligro para la demografía
isleña.
Frente a tanta voz fascista, demagógica o cínica, enturbiando
sistemáticamente la realidad de los hechos, se agradece que alguien
con la autoridad moral del obispo Bernardo Álvarez, se deje caer
con sus verdades de camionero: una es que quienes llegan a nuestras
costas son seres humanos y la otra es que con la crisis de los cayucos,
Canarias se enfrenta a un problema humanitario. Ni invasión,
ni presión demográfica, ni graves enfermedades exóticas
de allende los mares...
Fuente: La Opinión de Tenerife, 23-05-06
----------------------------------
Insultar
a don Leoncio
Alfonso González Jerez
Se insulta y se execra la memoria y el espíritu de don Leoncio
Rodríguez, fundador y director de La Prensa, el primer gran periódico
de la modernidad tinerfeña, el periodista y escritor al que la
dictadura franquista le secuestró la obra de su vida y le envió
al silencio más cruel y amargo, cuando se escriben editoriales
que son un repulsivo estercolero de insultos. Insultos a los profesionales
que trabajaron durante años, lustros o décadas para un
periódico. Insultos contra el resto de periódicos del
Archipiélago. Insultos enhebrados con una gramática escolar
y una sintaxis tartamuda contra los colaboradores de otros medios de
comunicación. Insultos zafios contra cualquier periodista que
disienta o que, no tome en consideración, una visión tan
ágrafa como agorafóbica de la sociedad tinerfeña,
nutrida de una ramplona ideología aldeana, pleitista, catastrofista
y mesiánica, con tintes de xenofobia y racismo. Una visión
ideológica profundamente conservadora, clasista y aperejilada
de un Tenerife que jamás existió y que no tiene ninguna
relación con el Tenerife actual, complejo y problemático
como toda sociedad desarrollada, salvo la de la caricatura.
Se insulta y se execra la memoria y el espíritu de don Leoncio
Rodríguez cuando se practica la agresión más garbancera
contra la crítica social, cuando se condenan las opiniones y
movimientos críticos como algaradas subvencionadas por el oro
de una fantasía grotesca, el Sanedrín, una locución
ridícula, pero que exhala un nauseabundo tufo antisemita y conspiranoico,
cuando se anuncia que en todos los rincones tinerfeños pululan
miles de alborotadores a sueldo de tenebrosos poderes grancanarios,
cuando se arroga con pueril histrionismo la representación exclusiva
y excluyente de los intereses tinerfeños, cuando se practica
la amenaza chulesca y la admonición chocarrera, cuando se llega
al dislate de afirmar que si Tenerife se hunde en el abismo de sus delirios
apocalípticos "nuestro periódico seguirá en
la cúspide de la defensa y del éxito".
Pero se insulta y se execra la memoria y el espíritu de don Leoncio
Rodríguez, sobre todo, cuando se demuestra una incapacidad tan
palmaria para leer y escribir correctamente, cuando se evidencia una
enemistad tan radical con la palabra escrita, cuando se lanzan advocaciones
a Dios y a la Virgen de Candelaria para continuar alanceando a los infieles,
cuando se asume un caudillismo mediático que nadie reconoce,
cuando se cae reiteradamente en el ridículo público más
estruendoso e hilarante, cuando se falta a la verdad en las cifras de
venta propias y las de la competencia, cuando se confunde la egolatría
estéril con el patriotismo de campanario, cuando, en definitiva,
ni siquiera se sabe redactar una editorial, y se le sustituye por las
alucinaciones, profundamente irresponsables, de un heredero cuyo único
mérito periodístico consistió, hace ya muchos,
quizás demasiados años, en comprar todas las acciones
de una empresa editora a sus familiares, y consagrarse como el perito
comercial más festejado, arrullado y enmedallado en toda la historia
de Canarias.
Fuente: La Opinión de Tenerife, 12 de octubre 2004
---------------------------------
LOS MOJOS DE LA ÚLTIMA
Adiós al ágrafo insultador
Un plumilla ágrafo se va, por fin, del medio
donde ha venido trabajando en los últimos años o, mejor
dicho, del medio que venía aprovechando para verter toda
la inmundicia de la que era capaz con su escasa materia
gris. Ya era hora de que tal fulano, que quería
pasar por lingüista reputado y se quedaba sólo en caricatura
de sí mismo, deje la trinchera. Está tan
entontecido que llegó a la categoría de idiota.
Un idiota que sustituye a otro en la
prensa
Ese idiota del que hablamos en el "mojo"
anterior y cuya única ocupación, a la vista de los resultados
cosechados por ese medio, debía de ser la de repartir puyas y
burlas entre la profesión, ha dicho adiós. Con su pan
se lo haya comido. Lo malo es que lo ha sustituido en esta afición
por atacar otro plumilla más idiota y analfabeto aún
y, además, desastrado. Presumimos que
mal le irá al medio que lo acoge. Ya lo verán sus jefes.
Fuente: El Día. Sábado, 13 mayo 2006
-------------
¿Idiota?
Job Ledesma
En el ejercicio del columnismo de opinión puedes caer en numerosos
errores. El más común es creer que tu verdad y las tonterías
que largas cada cierto tiempo van a misa y se siguen cual dogma de fe
por todos y cada uno de los lectores... Los lectores. ¿Por qué
compran o leen un periódico? Por las esquelas. Por los anuncios
por palabras, porque se busca piso o trabajo o el consejo del doctor
Mamadou. Porque regalan esa película o ese cuchillo. Porque se
busca una puta urgente o una relación de amigos para toda la
vida. Por la programación del cine y la televisión, la
previsión del tiempo y los horarios de aviones.
Todavía existe un pequeño grupo de locos que compra uno
u otro diario por su enfoque sobre la información y por la misma
información, por las exclusivas o porque escriben lo que le gustaría
leer (y lo que no).
Incluso sobrevive un minúsculo reducto de trastornados que sigue
con devoción tal o cual firma, que es capaz de gastarse un euro
o de malgastar cinco minutos de su medio bocadillo matinal en leer a
aquel que le gusta mucho o le disgusta mucho más.
Claro, también es cuestión de que la firma exista, pero
el pirado de la prensa es incluso capaz de seguir la ausencia de firma.
Seguro que existen lectores que descifran quién escribe los editoriales
de El Mundo o de El País por un par de frases y ciertos giros
lingüísticos.
Volviendo a los pocos locos que compran un periódico por tal
o cual firmilla de tal o cual opinador, de entre ellos habrá
de todo, incluso seres humanos que hasta compartan las opiniones del
columnista de turno. De tanto darle a la lima, de tantos lectores nos
quedamos en dos que estén de acuerdo con lo que tú dices.
El éxito de un periódico es por tanto el de sus esquelas,
sus anuncios por palabras, sus promociones, también incluso el
de sus reportajes y sus firmas, porque hasta el periodismo tiene aún
hoy una cierta influencia. Un periódico funciona por todo eso.
Un periódico funciona y tiene éxito desde el momento en
que cada día sale a la calle. Un periódico puede incluso
superar la escasez de argumentos y de talento lingüístico
de uno de sus opinadores, por mucho que se disfrace de editorial, porque
podrá más la programación de la tele, las esquelas
y los anuncios de putas.
Pero como siempre queda el orgullo de machito, me permito apostillar
que mejor ser un idiota desastrado que un cobarde que se ampara en el
anonimato miedica de su texto sin firma para insultar sin mayores argumentos.
Ni su periódico ni sus lectores se lo merecen.
Fuente: La Opinión de Tenerife, 16-05-06


NOTA: A la hora de terminar
este comentario ya El Día ha contestado, desde el editorial,
al artículo del director de La Opinión, Francisco Pomares,
con toda clase de descalificaciones y con amenazas del tipo:
(...) "Cualquier otra alusión ofensiva que nos haga a partir
de ahora tenemos intención de silenciarla, salvo que se pase
de la raya y saltemos con cosas que hoy
callamos."
O perlas del tipo:
(...) "Pero tenemos que contestar a disparates como negar que en
estos momentos Canarias sufre una invasión de africanos de raza
negra pura -salvo caso de sida o enfermedades contagiosas-,
la cual, como todo el mundo sabe, prima
sobre la blanca en caso de mezclarse."
Editorial de el Día, 24-05-06: Un
insultador que no ve la evidencia