Hay quien dice que es Ricardo Peytaví
el monstruo que escribe los editoriales del periódico El Día.
No sabemos si eso es cierto, pero el estilo es el mismo y siempre está
ahí, atrincherado en su columna, dispuesto a acudir en auxilio
de las disparatadas y fascistas editoriales de ese periódico,
como la de carácter criminal que nos han brindado el pasado sábado.
Se trata de descalificar a la gente de la forma más mezquina
y cobarde, insultando al personal sin citar a nadie directamente. Entonces
hablan de 'falsos ecologistas', de 'plumillas idiotas' cuando se refieren
a compañeros de otros medios, 'cierto director de un periódico
digital está pagado por un partido político', etc. Es
su lenguaje.
Y no hace falta ser ningún especialista
en comunicación para saber que Peytaví se refería
este jueves a Carlos Sosa, director de 'Canarias Ahora', a quienes acusa
de estar pagados por el PSOE. Y no es que vayamos a negarle al señor
Peytaví su derecho a criticar, con o sin pruebas, a quién
le dé la gana. Pero si tan valiente es como para defender los
editoriales racistas y xenófobos de El Día -que pareciera
que los escribe él mismo-, también debería serlo
para llamar a las cosas por su nombre. El otro día su periódico
insultaba, llamándolo 'idiota' -entre otra lindeces-, a Alfonso
González Jerez, sin citarlo. El miércoles a Francisco
Pomares, sin citarlo tampoco. Hoy Peytaví insulta a Carlos Sosa
sin decir su nombre. Pero lo mismo han hecho con Pedro Anatael Meneses,
con los colectivos ecologistas, con Federico Aguilera y con todo el
mundo que no comulga con su repugnante línea editorial.
Todos deberíamos lamentarnos,
como gente de bien, de las imágenes de vecinos nuestros recibiendo
al grito de 'fuera, fuera...' a unos menores inmigrantes. Acaso sea
falta de información, acaso sea que hay periódicos, como
El Día, que están favoreciendo un sentimiento de rechazo
hacia todo lo que tenga cierto color oscuro o acaso la miseria moral
de nuestra clase política. Pero no parece que sea esa la imagen
que más nos apetecería ofrecer al mundo sobre la forma
en la que aquí afrontamos los problemas. Y el asunto de los menores
inmigrantes no es, seguramente, si se instalan por aquí o por
allá, sino que allí donde estén se encuentren bien
atendidos. Y no es eso, lamentablemente, lo que podemos ver en ciudades
como La Laguna, donde los vemos habitualmente tirados en las calles
pegados a las latas de cerveza, sin tener nada que hacer y sin que nadie
se ocupe de hacerles el más mínimo seguimiento para evitar
el conflicto. Sólo mandan a la U.I.P. a repartir goma cuando
el lío ya ha estallado, como en la zona de la estación
de guaguas de La Laguna.
Pero acaso lo que interesa a nuestros
políticos es eso, el conflicto y el follón para justificar
otro tipo de medidas. La demagogia de Peytaví y el insulto es
sólo el síntoma de la enfermedad. Sus acusaciones a un
periódico de Las Palmas -del que tenemos que tirar muchas veces
para enterarnos de los que pasa en Tenerife- de que está pagado
por un partido político resultan algo más patéticas,
porque si nos vamos por ese camino estamos jodidos, porque el PePe tiene
un periódico al menos en internet, como es el 'Off Canarias',
y A.T.I. tiene, entre otros, todo un grupo de comunicación muy
importante a su servicio en Tenerife (el de los editoriales xenófobos).
U otros, como Peytaví, parece que trabajan al servicio de los
piratas del cemento directamente. Lo que no nos tiene porqué
llevar a la conclusión de que, al menos, sea lo suficientemente
inteligente como para cobrar por ello. Cabría la posibilidad
de que hiciera tan valioso trabajo a favor del piche y el cemento de
forma altruista. Y es que hay gente pa too.
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Desde Dentro Ricardo Peytaví
La
solidaridad del progre
SI NO SUPIERA que cierto director de un periódico digital está
pagado por un partido político, que además mantiene al
medio en el que escribe día sí, día también,
contra Soria y todo quien tenga algo que ver con el PP, a lo peor hasta
me sorprendería de lo que acaba de opinar tan singular plumilla
sobre el acuerdo del Parlamento de Canarias respecto a la intervención
de la Armada en el control de las aguas territoriales. Que se sepa,
la Cámara legislativa regional no ha pedido que los buques de
guerra se hagan a la mar para cañonear cayucos o pateras. De
lo que se habló, y se aprobó pese a los votos en contra
del PSOE, fue de un despliegue disuasorio para las mafias que se lucran
con este indigno tráfico de personas. Motivo suficiente para
que el no mencionado columnista arremeta contra los diputados autonómicos,
a quienes acusa de "arroyistas". Entiéndase seguidores
de Domingo González Arroyo. Un personaje que siempre me ha caído
simpático pese a que su forma de entender, y ejecutar, la política
es bastante discutible.
Sea como fuese, González Arroyo es lo que es y no lo niega.
Los progres con chalet, coche caro y mesa reservada en los mejores restaurantes,
en cambio, se empeñan en perpetuar una trasnochada imagen de
contestatarios que ya no poseen. Si es que alguna vez la tuvieron, claro
está. Para los progres venidos a más, incondicionalmente
antifascistas pero vergonzosamente condescendientes con tiranos como
Castro, el Parlamento de Canarias es una institución respetable
porque encarna la soberanía popular. Lo cual es cierto. Respetabilidad,
no obstante, que deja de existir cuando sus miembros aprueban algo que
a ellos les disgusta.
Chocan los progres, empero y para su desgracia, con la realidad. Porque
claro, uno puede ir por ahí predicando hasta desgañitarse
la gran solidaridad del pueblo canario, así como la conveniencia
de perseguir no sólo a los xenófobos, sino a quienes inculcan
el odio hacia lo foráneo desde los medios de comunicación.
Pero la realidad, esa tantas veces mencionada realidad, es que el pueblo
canario no es más xenófobo ni menos solidario que cualquier
otro. Y si hemos de incurrir en las siempre antipáticas comparaciones,
acaso los isleños, por su propia condición insular, sean
bastante más solidarios que otros pueblos. Algo que no necesitan
demostrar porque lo han hecho a lo largo de muchos siglos.
Sin embargo, esa solidaridad, mal que le pese a la progresía,
tiene límites. Por ejemplo, la oposición hace pocas semanas
de los vecinos del Fraile a que se instale en ese barrio un centro de
atención a indocumentados. Temen que la zona se convierta en
un gueto al que acudan todos los sin papeles de Tenerife. Y también
el rechazo de los moradores del barrio de la Montañeta, en Garachico,
a que se ubique un centro de menores en ese lugar. Y les digo más:
estoy seguro que hasta María Teresa Fernández de la Vega
deja de ser progre si le instalan un centro de acogida para negros frente
al chalet -quinientos metros cuadrados; nada de 'soluciones habitacionales'
o pollabobadas análogas- que se está construyendo en la
sierra madrileña. Llegado a ese extremo, no ya la Armada; desplegaban
incluso La Legión, apoyada por un bombardeo preventivo de la
OTAN. Progres sí, pero no bobos.
Fuente: El Día, 25 mayo 2006
Los
vecinos de la Montañeta no quieren a los niños subsaharianos
en su barrio (El mensaje xenófobo de
Peitaví ayudó bastante a calmar los nervios)
ARTÍCULO AL QUE SE REFIERE PEYTAVÍ:
Un
Parlamento xenófobo
Carlos Sosa