¡Chincha rabiña!
Carmen Ruano
Manuel Alcaide, según dice él mismo, nació "allá por los años treinta". Eso, en parte, explicaría las actuaciones exóticas del Diputado del Común, como declararle la guerra a Sinchán, un dibujo animado irreverente, o conminar a los ayuntamientos canarios para que retiraran de los kioscos las revistas de alto contenido erótico, de forma que no estuvieran expuestas a las tiernas miradas de los infantes. Ahora está a punto de acabar su mandato, que inició en medio de una fuerte polémica.
Hace cuatro años ya, Manuel Alcaide, nada más tomar posesión, declaraba sin sonrojarse que "es alarmante, recibimos personal indocumentado sin saber quiénes son. Estamos afrontando una auténtica invasión". Eso lo decía en el año 2002, porque ahora, según sus previsiones, debemos estar ya invadidos y al Diputado del Común poco se le oye y menos se le ve, de lo cual deduzco que debe estar atrincherado en algún edificio público. Claro que nada más decir lo de la invasión, el escándalo que se armó obligó a Alcaide a matizar el término bélico. También se apresuró el Diputado del Común a pregonar que "voy a defender los derechos de los inmigrantes". Los inmigrantes todavía están esperando que los defienda...
Resulta curioso, por decirlo de forma educada, que Alcaide no haya pisado un centro de inmigrantes alegando, una vez que se lo propusieron, que no eran de su competencia. ¿Temía quizás que le contagiaran algo? No es menos curioso que cuando algunos medios de comunicación utilizan un lenguaje claramente racista y xenófobo aquella declaración inicial de defensa de los derechos de los inmigrantes se traduzca ahora en un ominoso silencio. Y todavía estamos esperando que el Diputado del Común salga en defensa de los menores inmigrantes. Es mucho pedir.
Sin embargo, cuando se trata de menores blancos es otro cantar. Alcaide denunció la emisión de unos dibujos animados, que protagoniza un irreverente Sinchán. Pretendía el Diputado del Común que la Televisión Canaria cesara en la emisión de su programa de mayor audiencia, aunque nunca tuve claro si la animadversión a los dibujos animados obedecía a que el niño protagonista enseñaba los genitales con asiduidad o a que su madre lo molía a coscorrones con la misma frecuencia. O era cosa de la edad. De la edad de Manuel Alcaide. La rabieta contra Sinchán se quedó en eso y poco más, porque la televisión hizo caso omiso de sus recomendaciones y el hecho de que a través de la pantalla los niños vieran cosas mucho peores y no se respetara el horario infantil no consiguió captar la atención del Diputado del Común.
La siguiente cruzada de Manuel Alcaide fue también muy comentada. Sin encomendarse ni a Dios, ni al Diablo, ni a un asesor jurídico con dos dedos de frente, el Diputado del Común conminó a los ayuntamientos canarios para que limitasen la exhibición de revistas de contenido erótico o pornográfico que, a juicio de Alcaide, se exponían demasiado explícitamente en los kioscos y a la vista de los tiernos infantes. Por supuesto, la Federación Canaria de Municipios le recordó que sus competencias no incluían la de colocar las revistas en los kioscos y le recomendaron que trasladara su petición al Parlamento de Canarias. Pero eso era demasiado trabajo y ahí murió el intento de preservar la virginidad de la mirada infantil.
Porque las cosas como son, Alcaide ha encontrado en la Diputación del Común una jubilación de oro y, según las malas lenguas, son otros los que hacen el trabajo para que él, una vez al año, ponga la cara en el Parlamento de Canarias. Casualmente, el Diputado del Común siempre denuncia un tema de actualidad, pero ¿cuántas investigaciones de oficio se han emprendido, se han concluido y han terminado con un tirón de orejas a la Administración? Que yo sepa, ninguna, lo cual no significa que no las haya, sino, a lo mejor, que no lo cuenta. El caso es que Manuel Alcaide ha conseguido dilapidar el escaso prestigio que tenía la Diputación del Común, hasta el punto de que una ciudadana se ha quejado formalmente al Parlamento de Canarias por la actuación de una institución cuyo único objetivo es defender a los ciudadanos de la Administración. Alcaide ha estado más ocupado en maquillar informes, en decapitar a dibujos animados y en quitar revistas de los kioscos que en defender al común de los canarios. No se podía esperar menos de un juez conservador y recalcitrante, pero cabría haber esperado más de los políticos que lo colocaron en el puesto. Pero esa es otra historia...
Fuente: La Opinión de Tenerife, 04-06-06

No son su competencia para preocuparse lo más
mínimo por su situación,
sí lo es para crear un poco de alarmismo. De hecho El
Día ha basado
siempre sus manifestaciones racistas y xenófobas en la declaraciones
de este individuo.
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