Dice Ricardo Patrick Melchior
que ha recibido muchas llamadas de lo que él denomina "tour
operadores culturales" interesándose en mandar aviones con
turistas a Tenerife para visitar el nuevo Auditorio. También
dice, él junto con otros, que la rentabilidad del nuevo auditorio
se demuestra con lo sucedido en Bilbao con el museo Guggenheim,
otros comparan este edificio con la Catedral
de Burgos, con el Sydney
Opera House y qué sé yo cuántas grandilocuencias
de este calibre hemos tenido que oír estos días. Que si
setenta medios de comunicación de todo el Mundo, que si "el
Mundo entero está pendiente de un ala", que si el sonido
es el mejor del mundo... Esto, la verdad, es que empieza a parecerse
más a una especie de antología del disparate que a otra
cosa.
Los que hemos visto la
sala sinfónica por televisión, porque no formamos parte
de esa gran familia de los "mil seiscientos" que entraron
de gorra el primer día, nos hemos llevado, francamente, una profunda
decepción. Supongo que esa decepción se atenuaría
ocupando una de esas butacas que te lanzan un chorro de aire acondicionado
por el trasero para arriba. Pero por la tele, la verdad, resulta especialmente
deprimente que una sala que nos ha costado un ojo de la cara no resista
comparación alguna en cuanto a presencia y belleza con otra vecina
que no ha costado ni la tercera parte, como es la del Auditorio
Alfredo Kraus de Las Palmas, cuya sonoridad será mejor o
peor, pero sobre ese asunto el 99,9% de la población no tenemos
criterio ni ahora ni nunca porque nuestras orejas no nos dan para más
y, además, nos importa bastante poco.
Los que defienden a muerte
el faraónico auditorio -en apariencia externa- que nos hemos
disparado en Tenerife son, curiosamente, los que no tuvieron que pagar
el primer día para entrar. Yo pienso que ya que tanto lo defienden
deberían renunciar a las invitaciones de aquí en adelante
y comenzar a pagar en la taquilla como el resto de los ignorantes e
incultos que no consideramos justificado un gasto tan elevado, para
un edificio con tan poca funcionalidad. Qué bonito sería
ver a don Ricardo Patrick Melchior defendiendo el Auditorio después
de pasar por la taquilla para intentar mitigar, en la medida de lo posible,
el grave daño que le hemos causado a unos recursos que nos hacer
tanta falta para otras cosas por el capricho de unos cuantos que no
deben ser más de mil seiscientos, probablemente.
Una generación
de tinerfeños se ha perdido ya la maravilla de poder disfrutar,
en su juventud o en su etapa universitaria, del Teatro Leal de La Laguna,
una joya de nuestra cultura y de nuestro patrimonio. Varias promociones
de universitarios no podrán recordar el día de mañana
el disfrute de este recinto en conciertos, festivales de teatro, etc.
como sí tuvimos la suerte de disfrutar otros que somos más
viejos ¿La razón? unos trozos de escayola que se desprendieron
inoportunamente del techo poco después de una costosísima
rehabilitación.
Estos nacionalistas a los
que no les importa esto un carajo, éstos que lo único
que sueñan es con el poder, con los aires de grandeza, con codearse
con la realeza o con tranvías cuando son incapaces de habilitar
un carril para que pasen las guaguas como en cualquier parte del mundo;
estos nacionalistas nos están metiendo en un grave compromiso
de cara al futuro. El Auditorio, tal y como ellos lo soñaron,
lo tienen ahí –aunque no hayan conseguido la ridícula
pretensión de denominarlo Auditorio Real- sólo ellos saben
exactamente lo que habrá costado, cualquier cosa que intenten
traer ahí en forma de ópera, zarzuela, ballet, etc. de
primer nivel nos dejará unas pérdidas económicas
impresionantes que tendrán que seguir saliendo del dinero de
todos. Sería bueno, repito, que se acabase con las invitaciones
a costa del erario público y todo el mundo, incluido "el
clan de los mil seiscientos" paguen en adelante y nos ayuden a
todos a asumir este disparate.
He intentado acceder al
auditorio que he pagado de mi bolsillo -junto con otros muchos- sólo
a echar un vistazo a la sala sinfónica, aunque sea de lejos,
y ¿saben lo que me ha dicho el guardia? que si quiero que pague
la entrada para el concierto, que eso de puertas abiertas para que los
que pagamos la factura veamos en qué hemos invertido nuestro
dinero, eso no está previsto por el momento sino por la tele.
Chúpate esa.
Los datos, pese a las
previsiones de Ricardo Patrick Melchior, no parecen indicar que tengamos
un Guggenheim en Tenerife, ni que Santa Cruz -para bien o para mal-
sea Bilbao, que es una ciudad muy industrializada que tiene uno de los
metros más modernos de Europa o un impresionante auditorio que
se llama Palacio
de Congresos y de Música Euskalduna, multifuncional, con
capacidad para unas 2.200 personas en su sala principal, con una acústica
de espanto y una belleza y amplitud extraordinarias. Sería bueno,
probablemente, que de una vez por todas intentásemos poner los
pies sobre esta tierra nuestra para caminar con el pasito un poquito
más firme de cara al futuro. Con los pies más pegados
al suelo, quiero decir.
Juan Jesús González
Vea nuestra imágenes
del Auditorio
http://www.guggenheim-bilbao.es/caste/edificio/el_edificio.htm