Ya amenazados por el derretimiento de los hielos y por una variedad
de sustancias químicas tóxicas, los osos polares en todo
el Artico, particularmente en las zonas remotas cercanas al Polo Norte,
enfrentan una amenaza adicional ya que se les están acumulando
en el cuerpo sustancias resistentes al fuego, que se originan principalmente
en Estados Unidos, según un equipo internacional de investigadores
de la vida silvestre.
Estos compuestos, conocidos como "retardantes de fuego", se
suman a los cientos de sustancias industriales y pesticidas que llegan
al Artico a través de los vientos y las corrientes oceánicas.
Al acumularse en los tejidos grasos de los animales, muchas sustancias
químicas se vuelven más concentradas, ya que las criaturas
más grandes se comen a las más pequeñas, convirtiendo
a los principales depredadores y a los pueblos nativos del Artico en
algunos de los organismos vivos más contaminados de la Tierra.
En las zonas urbanas, especialmente en Norteamérica, los investigadores
ya demostraron que los niveles de retardantes de fuego llamados difeniléteres
polibrominados, o PBDE, crecen a un ritmo rápido en la gente
y la fauna silvestre. Si bien se encontraron en concentraciones mucho
menores en el Artico, los científicos dicen que su legado tóxico
persistirá durante años porque son de descomposición
lenta, especialmente en climas fríos.
En los osos polares, los efectos son desconocidos. Pero, en pruebas
de laboratorio, los PBDE alteraron las hormonas tiroideas y sexuales
y dañaron los cerebros en desarrollo, afectando las habilidades
motrices y las capacidades mentales, entre ellas la memoria y el aprendizaje.
Los científicos dicen que otras sustancias químicas industriales
con propiedades similares a los PBDE ya están debilitando el
sistema inmunológico de los osos, alterando su estructura ósea,
afectando sus hormonas sexuales y, tal vez, dando lugar a pequeñas
cantidades de osos hermafroditas. Sin embargo, lo que sigue siendo incierto
es si estos cambios fisiológicos están matando a los osos
o reduciendo sus poblaciones. Algunos expertos sospechan que muchos
cachorros, contaminados por la leche de su madre, no sobreviven.
Una amenaza mucho más inmediata para los 20.000 a 25.000 osos
polares del mundo es el cambio climático global, que está
derritiendo sus terrenos de caza. Los osos en la Bahía Hudson
en Canadá pasaron de 1.100 en 1995 a menos de 950 en 2004. Y
predicen que algunas poblaciones podrían extinguirse a fines
del siglo cuando se derritan más los hielos oceánicos.
Derek Muir, del Instituto Nacional de Investigación del Agua
de Canadá, que lideró la nueva investigación, dijo
que los patrones geográficos de contaminación sugieren
que la costa este de Norteamérica y el noroeste de Europa son
las principales fuentes de retardantes de fuego.
Los osos más contaminados están en el este de Groenlandia
y las islas Svalbard de Noruega, donde las sustancias químicas
están 10 veces más concentradas que en los osos de Alaska
y cuatro veces más que en Canadá, según la nueva
investigación publicada en diciembre en Environmental Science
and Technology.
El equipo de científicos de Canadá, Noruega, Dinamarca
y Alaska, que testearon a 139 osos capturados en 10 lugares distintos,
determinaron que algunos retardantes de fuego se potencian cuando pasan
de la presa al depredador. Un compuesto estaba 71 veces más concentrado
en los osos polares que en las focas, su principal fuente de alimento.
Las industrias en EE.UU. utilizan grandes volúmenes de PBDE en
muebles, alfombras, productos electrónicos y plásticos.
En junio, en Seattle, 40 investigadores de la fauna silvestre adoptaron
una resolución donde se declaraba que los osos polares son "susceptibles
a los efectos de los contaminantes", y que esos efectos podían
agravarse por el calentamiento global. Concordaron en que las sustancias
químicas tal vez causen enfermedades y cambios en los tejidos,
órganos y densidad ósea de los osos en el este de Groenlandia.
Geir Gabrielsen, director de investigación sobre el impacto de
las sustancias químicas tóxicas en el medio ambiente del
Instituto Polar Noruego, dijo que todos los compuestos industriales
y pesticidas quizás alteren la fisiología de los osos
polares.
Prácticamente todos los animales y personas testeados en la Tierra
contienen rastros de retardantes de fuego. Los norteamericanos tienen
los niveles más altos y muchas mujeres llevan concentraciones
en su leche materna que están cerca de las cantidades que alteraron
el cerebro de los ratones recién nacidos en las pruebas de laboratorio.
Fuente: Clarin (Argentina)
Enero 16 de 2006
