Ni pescadores, ni vecinos, ni ecologistas,
ni ayuntamientos (al
menos de cara a la galería)... todo el mundo rechaza la instalación
indiscriminada de jaulas marinas en el mar, para la producción
de pescado en cautividad. Sin embargo este floreciente negocio, en manos
de los cuatro piratas de siempre, se extiende como una mancha de aceite
por todas nuestras costas sin que nadie ponga coto al enriquecimiento
fácil de unos cuantos -algunos de ellos uno no entiende para
qué quieren enriquecerse más- a costa de lo poquito que
va quedando de nuestros ecosistemas marinos.
Y es que la producción industrial
de pescado es, evidentemente, una necesidad incuestionable en los tiempos
que corren, pero lo que ya no es una necesidad, sino más bien
una cacicada, es que por ahorrarse los cuatros -y a fin de disparar
los beneficios económicos inmediatos- cuatro listos pretendan
rodearnos literalmente de estas industrial altamente contaminantes por
no invertir en polígonos en tierra, donde todos estos efectos
negativos se pueden controlar casi al cien por cien.
El principal problema, o uno de los
más importantes, tiene que ver con la brutal generación
de residuos procedentes de tanto de los piensos como de los propios
excrementos del pescado y, como es lógico, los listos de turno
han pensado que es nuestra estrechita plataforma costera el lugar adecuado
para lanzar toda esta mierda al fondo sin coste alguno. ¿Para
qué tener en cuenta que eso supone que todo atisbo de vida marina
existente en el fondo desaparece irremediablemente cubierta de mierda?
Estos mal llamados empresarios, de los de 'pan para hoy y hambre para
mañana' no son exactamente los responsables. Como es lógico
debería haber unas administraciones públicas que no supeditasen
el interés general o nuestro medio ambiente a los intereses de
los cuatro listos de turno, pero todos sabemos que no hay nada más
parecido a pedirle peras al olmo que el intentar pedirle a nuestra corrompida
clase política que actúen bajo este elemental principio
democrático.
Así están las cosas, después
de Santiago del Teide, de Guía de Isora, de Adeje, de Arona,
de Santa Cruz... ahora ha llegado el turno a Candelaria y, como en casi
todos esos lugares, el ayuntamiento ha jugado al jueguito de oponerse,
para no enfrentarse a pescadores y demás, pero sin mover un sólo
dedo para parar este crimen ambiental totalmente injustificable.
Recientemente la Mancomunidad del Sureste
de Gran Canaria ha obtenido un premio a nivel estatal por su proyecto
de desarrollo sostenible, donde se incluyen polígonos para la
cría industrial de pescado con destino al consumo humano. Todos
esos polígonos propuestos tienen una sola característica
en común: Todos van en tierra, porque se pueden controlar todos
los impactos ambientales que en el mar provocan auténticos desastres.
Y no es que vayamos, a estas alturas, a pedirle a Ricardo Melchior que
tome ejemplo de nadie -él en realidad se las sabe todas- pero
también estamos en nuestra libertad de decir que aquí
lo que hay es, además de un impresionante olor a podrido y a
pelotazo, unas dosis de poca vergüenza descomunales a nuestro modo
de ver, que no es que seamos los depositarios de la verdad. Lo que no
nos sorprende en absoluto tampoco. Que todo hay que decirlo.

Disparatado proyecto de 20 jaulas en Candelaria

Hay 4, pero el proyecto es de 20




Primera concentración de protesta el
29 de julio pasado

25-06-04
El Ayuntamiento pedirá el cambio de ubicación de las jaulas
marinas
16-06-04
Jaulas marinas, otro negocio sin control que amenaza nuestra costa
06-07-04 Nuevo incidente
con las jaulas marinas
16-07-04 En información
pública más jaulas marinas para Arona
26-08-04
ATAN presenta alegaciones a la concesión de cultivos marinos
frente a Las Galletas (Arona) 
29-08-04
El sur de Tenerife comienza las movilizaciones contra la proliferación
indiscriminada de jaulas marinas

Jaulas
marinas, otro riesgo ambiental