El nuevo edificio de consultas del Hospital
Universitario de Canarias se convertirá, probablemente, en uno
de los edificios más insostenibles de Canarias. Totalmente acristalado,
en una de las zonas de mayor irradiación solar de la isla, representa
el ejemplo más típico de lo que nunca se debe hacer arquitectónicamente
en latitudes como la nuestras.
Esta circunstancia obligará a
utilizar no sólo potentísimos sistemas de aconddicionamiento
de aire, con el consiguiente y disparatado consumo energético
-independientemente de que el contraste térmico genera problemas
para muchas personas especialmente sensibles- sino que la estructura
acristalada está obligando a que el Cabildo de Tenerife se haya
visto obligado a recurrir a decenas de toneladas de lana mineral para
intentar mitigar, en la medida de lo posible, los efectos de aumento
de la temperatura interior de la estructura que, sin duda, genera ese
gigantesco edificio de cristal.
La lana de roca está
considerada por el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, así
como por el Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo
como una 'sustancia posiblemente carcinógena', en caso de exposición
prolongada o repetida. No sólo eso, sino que además puede
provocar reacciones alérgicas además de que las partículas,
suspendidas en el aire, producen irritación de los ojos, la nariz
y garganta y los pulmones. Cuando estas fibras entran en contacto con
la piel, también pueden producir irritación.
Y hombre, no es que nosotros vayamos
a decir ahora que se debería prohibir el uso de este procto.
No. Lo que ocurre es que su utilización está justificada
en construcción cuando, por otros métodos, resulta complejo
y dificultoso el aislamiento término. Y para nada es el caso
de la zona donde se instala este edifico de consultas hospitalarias.
Ninguna de las plantas de hospitalización del centro anexo tiene
aire acondicionado y, pese a que la construcción es vieja, con
ventanas que cancanean con el viento y sin el necesario aislamiento
y orientación adecuada de los ventanales, casi todo el año
se disfruta de una temperatura agradable sin necesidad de artifializar
el aire que respiran los trabajadores y pacientes. No obstante vivimos
en Canarias ¡con un clima que nos envidia el mundo entero!
Pero llama la atención, por otro
lado, el descontrol con el que se está manipulando esta impresionante
cantidad de lana de roca, nunca antes vista por esta tierra en ese volumen.
Muchos de los paquetes están rotos, con el producto a la intemperie
y expuesto al viento y a las inclemencias, cuando es bien conocido el
efecto que estas partículas producen en el ser humano al adherirse
a las paredes de los pulmones (casos
excesivos de cánceres de traquea, bronquios y pulmón descubiertos
en los trabajadores de la producción, clasificada 2B por la IARC
"posiblemente cancerígena para los humanos". Clasificada
por la Comisión MAK de Alemania como "sustancia que debe
tratarse como causa probable de cáncer"). Un espectáculo
que, viniendo de los responsables de velar por nuestra salud, no deja
de representar toda una paradoja a nuestro modo de ver impresentable.

Lana de roca apilada de mala manera a la intemperie,
con las láminas partidas
en muchos casos

Toneladas y toneladas por todas partes

Toneladas y toneladas por todas partes

Aspecto general del antiguo aparcamiento con
el nuevo edifico
insostenible al fondo. Los de Unelco deben estarse frotando las
manos con el consumo energético que necesitará una obra
tan disparatada.

Fardos de lana de roca mal manipulados

Impresionantes equipos de aire acondicionados
antes de la instalación

Aspecto del edificio más disparatado
del mundo