Al comienzo de la Avenida de la Trinidad existía una valiosa hilera de palmeras canarias que, como otros centenares de árboles molestaban a las obras del tranvía. En su momento Metropolitano de Tenerife montó un numerito de trasplante, carísimo, para evitar el mosqueo que está produciendo en el personal el que se arrase de esa manera con árboles y plantas que llevan décadas desarrollándose y dando sombra a nuestras calles.
No debe haber nada más sencillo en el mundo que mantener una palmerita canaria, una vez trasplantada, con unos cuidados mínimos que, esencialmente, consisten en echarles un poco de agua. Pues bien, los totufos éstos, que viven sólo de propaganda, han dejado secar las palmeritas que han sembrado en las inmediaciones del Centro Comercial del Mueble, por debajo de donde se les hundieron los raíles, después de haberse gastado millones en la operación de arrancarlas, trasladarlas y sembrarlas. Ahora falta el último paso: Arrancarlas, llevarlas a un vertedero y acudir a algún amigacho que tenga invernadero para plantar otra cosita más exótica.
El amigo Santiago, indignado como es lógico en cualquier persona de bien, nos envía éstas, entre otras muchas imágenes de semejante crimen. Y es que si no querían las palmeras hay un montón de gente y empresas que se las hubieran llevado gratis, para cuidarlas, claro, no para dejarlas morir de esa manera. ¡Sin-vergüenzas!




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Ahí estaban las palmeritas molestas
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