Foro contra la Incineración

Tenerife
                         
Patriotas
                         
24 - 10 - 06

 

Salvador Lachica

Según el Diccionario de la Real Academia Española, toda persona que tiene amor a su patria y procura todo su bien es considerado un patriota mientras que todo aquel civil o militar que atenta contra lo anterior es un traidor. Esta perfecta definición es, como todo dualismo, bastante imperfecta porque le faltan los matices. Esos detalles que en principio son estúpidos pero, sin embargo, al final resultan fundamentales. Y el principal problema es quién define cómo se ama a una patria y cuáles son las acciones que deben llevarse a cabo para procurar todo su bien.

Vlad Tepes está considerado como un héroe nacional en Rumanía por su resistencia a las invasiones turcas, aunque se cree que ya en el año 1462 habría asesinado a 100.000 personas a través del empalamiento, que era su tortura favorita. No obstante, aún hay quienes intentan justificar sus actuaciones porque estuvo forzado por sus necesidades políticas como resultado de los nacionalismos incipientes.

Convencido de que el orden constitucional, al que aspiraba la Revolución, era distinto del orden revolucionario que debía llevar a él, Robespierre instituyó el terror como mecanismo para construir una sociedad transparente y sana. Con este propósito eliminó a los hebertistas y girondinos en marzo de 1794, con el apoyo de Marat y Danton, y en abril, al propio Danton. Acumuló entonces todo el poder en sus manos, junto con Couthon y Saint-Just, y llevó todavía más lejos la represión. Fue guillotinado por otros que se consideraban tan patriotas como él.

Hitler se veía a sí mismo como un patriota y entendió que el genocidio que llevó a cabo con la anuencia de quienes le llevaron al poder a través de las urnas era una sublime prestación de servicios para procurar el bienestar de Alemania. La lástima es que sus víctimas también se consideraban patriotas y no entendieron nunca por qué su país se volvió contra ellos.

Seguramente, Ariel Sharon, Amir Druri y Eli Hubaiqa estaban seguros de que defendían a Israel cuando el 16 de septiembre de 1982 iniciaron una matanza de 40 horas sin interrupción en los campamentos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila que se saldó con la muerte de 470 personas, entre ellas 12 niños y ocho mujeres. Diez años antes, Mohammed Daoud, cerebro del atentado que acabó con la vida de 11 atletas israelíes durante los Juegos Olímpicos de Múnich, también se consideraba un patriota.
Slobodan Milosevic fue el primer ex jefe de Estado en comparecer ante un tribunal internacional acusado de genocidio y crímenes contra la humanidad por su papel en los conflictos de Bosnia, Croacia y Kosovo, pues su patriotismo le llevó a tres años de limpieza étnica con 250.000 civiles muertos, miles de desaparecidos y al menos 12.000 violaciones. Él se consideraba un patriota y el resto del mundo le etiquetó como el carnicero de los Balcanes. Seguramente murió sintiéndose un incomprendido.

Tan incomprendido como el asesor de Miguel Zerolo, que no entenderá que ante su cruzada del día 29 algunos prefiramos sentirnos apátridas.


Fuente: La Opinión de Tenerife, 23-10-06

21-10-06 'Houston, tenemos un problema'



 
                         
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