Juan Manuel García Ramos, que hasta hace poco dirigía un partido nacionalista con unas siglas históricas que ha vendido por media docena de platos de garbanzos a los que hasta antes de ayer acusaba de 'confundir la política con los negocios', se ha convertido en el más ferviente defensor de la manifestación xenófoba del próximo domingo, que amenaza con conducir a esta sociedad a una deriva neonazi nunca antes vista por aquí.
Del brazo nada menos que de Cristina Tavío y Ángel Llanos, representante de la derechona española más recalcitrante (que apoyan la marcha pese a que su jefe, que no es gilipollas del todo, se ha desmarcado urgentemente), desfilará García Ramos defendiendo su visión de la 'canariedad' por las calles de Santa Cruz. Y si no fuera por los tintes racistas y xenófobos de la convocatoria, explicitados desde hace tiempo en las editoriales del periódico 'El Día' -principal valedor mediático de la indecente manifestación-, este esperpento no dejaría de ser otra cosa que un capítulo más del carnaval permanente en el que se ha convertido la política canaria en los últimos tiempos.
Pero García Ramos, que se cargó a su grupo político en el Ayuntamiento de Santa Cruz porque le podía hacer 'pupita' a las expectativas electorales de Miguel Zerolo en Santa Cruz (al igual que el de Fasnia, Güímar... y esperemos que el de Arico también, por la cuenta que nos trae), no es de extrañar que pierda los nervios y aparezca desencajado como principal valedor de la convocatoria xenófoba patrocinada por Zerolo de la mano de sus asesores a sueldo que, para colmo, se erigen como representantes de asociaciones vecinales que no han acordado manifestación alguna. Al menos nadie nos ha contado cuántas asociaciones de vecinos apoyan esta vergüenza, cuándo lo han acordado, quién lo ha votado, si ha habido un referéndum o qué, porque algunos somos vecinos también -al menos hasta que aprueben su ley de residencia- y nadie nos ha llamado a opinar un carajo sobre el asunto. Aunque hay un comunicado de última hora por ahí, de CAVECAN, que viene a dar un poco de luz sobre esta farsa tramada por Zerolo.
Todos los partidos nacionalistas dignos de esta tierra, que aún quedan, se han desmarcado de este disparate que endosa todos los males de Canarias a los inmigrantes, sin entender ni criticar que todos y cada uno de los inmigrantes que se han incorporado a nuestra sociedad en los últimos años han acudido, pura y exclusivamente, a la llamada de un modelo desarrollista y depredador de recursos patrocinado por los bomberos-pirómanos a los que García Ramos ha vendido unas honorables siglas nacionalistas. Hasta hace unos meses, al menos, lo eran.
Pero los dos asesores de Zerolo no han querido consensuar con nadie su marcha ni su manifiesto al grito de '¡BASTA YA!, ¡NO CABEMOS MÁS!, ¡CONTROL POBLACIONAL!, ¡130.00 PARADOS! Ni con los partidos que tradicionalmente han pedido un control de la residencia en Canarias -excepto con García Ramos, al parecer- porque como empleados de la CoCa no pueden admitir que se relacione el incremento de la población con las políticas desarrollistas, basadas en el piche, el cemento, el pelotazo urbanístico y las grandes infraestructuras, patrocinada -precisamente- por quienes, como decía García Ramos hasta no hace mucho, 'confunden la política con los negocios'. Justamente los convocantes de la manifestación contra el negro.
Hasta la CAVECAN (Confederación de Asociaciones de Vecinos de Canarias) se ha desmarcado de este crimen contra la convivencia y el sentido común, órdago que nos han lanzado dos asesores a sueldo de Zerolo. No quieren saber nada del asunto como gente digna que representan al tejido asociativo canario. 'El Día', evidentemente, no le dará entrada en primera página a este comunicado de CAVECAN, ni al de APC, ni al de Los Verdes, ni al de Izquierda Unida, ni al de Unidad del Pueblo... como ha hecho con la soflama de García Ramos este jueves. Pero ya advertíamos nosotros desde el sábado que el grupo 'El Día' nos iba a dar una semanita de muy padre y señor mío con una manifestación que pretenden se convierta en una especie de plebiscito a favor de la línea editorial racista y xenófoba que han mantenido indecente e impunemente en los últimos tiempos. Y es que nunca nos perdonarán que cerca de dos mil personas nos plantásemos ante el edificio de 'El Día' a gritar contra el racismo. Jamás nos lo perdonarán y jamás, por otra parte, se ha llevado a cabo un acto de protesta tan justificado y tan necesario como el que se llevó a cabo aquel día. Y a los hechos nos remitimos.
Claro que para 'El Día' su prioridad, que lo es, no es echar a los negros. Para ellos antes que nada habría que echar a los canariones contra los que llevan años editorializando como culpables de todos y cada uno de los males de Tenerife. Otra cosa es que el asunto no aparezca escrito en las 'bases' de la convocatoria xenófoba.
Diario de un racista
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El pueblo canario existe
CANARIAS es un archipiélago con límites físicos tan claros como cualquier otro archipiélago y no puede soportar una carga poblacional ilimitada. El incesante crecimiento demográfico y la depredación de los territorios insulares no son sostenibles en el largo plazo. Un asunto de pura lógica, que exige una normativa específica para evitar nuestra desaparición como sociedad y como cultura, y ahí está el reciente caso de Malta, que negoció antes de incorporarse como miembro de pleno derecho a la Unión Europea, el 1 de mayo de 2004 -ayer mismo-, una cláusula de salvaguarda para controlar su población.
Los nativos de estas islas nuestras corremos el peligro de convertirnos en población minoritaria dentro de Canarias. Esto no es una especulación en el vacío, ya sucedió en Fuerteventura y puede suceder mañana en Lanzarote. Cuando vayamos a reaccionar ya no seremos dueños de nuestra casa.
Articular un discurso de defensa del nativo canario, del residente de larga duración y del foráneo ya integrado frente a la gran inmigración laboral o de cualquier otro género de estos últimos años se ha vuelto peligroso porque hay algunas fuerzas políticas, económicas y mediáticas ferozmente antinacionalistas: que no están por la defensa de nuestro territorio, ni de nuestra sociedad ni de nuestra cultura.
Ninguno de estos poderes da la cara por los canarios; en el fondo no confían en esos canarios: todo lo que viene de fuera es mejor. La sombra de la colonialidad sigue gravitando sobre todos nosotros.
Desde el tiempo de la Conquista de las Islas, se ha intentado despersonalizar y difuminar a la población autóctona y estable; ya se hizo con los guanches en los siglos posteriores a la llegada de los europeos, como ahora se hace con los nativos de nuestros días. Estamos ante una neocolonización generada por un gran desarrollismo económico que, sin embargo, a la altura de este 2006, nos ha dejado 400.000 personas bajo el umbral de la pobreza y 130.000 parados convertidos desde hace años en 130.000 resignaciones, unidos todos ellos a una inmigración de 65.000 personas el año pasado y de unas 50.000 personas como media en los últimos cuatro años.
Ese desarrollismo económico no es posible con las limitaciones físicas de Canarias y en cualquier momento puede convertirse en un efecto "hojarasca", en un temerario pan para hoy y hambre para mañana.
Hay que luchar desde todos los frentes y hasta el último aliento por sacar a nuestros jóvenes de esas listas del paro, de esas listas de la frustración, a pesar de que ciertos empresarios, propios y foráneos, estén encantados con la inmigración de mano de obra barata, con lo que el problema económico y laboral se vuelve claramente político.
Ante esta perspectiva y ante la convocatoria de una manifestación que se pronuncie en contra de lo que nos está sucediendo, se percibe que algunos dirigentes de partidos centralistas destacados en Canarias están más comprometidos con los intereses políticos de su organización centralizada en Madrid y con sus carreras electorales respectivas que con los intereses generales del pueblo canario.
El fenómeno de la sorprendente inmigración africana de los últimos meses, y de la, más alta, permanente y de consecuencias más imprevisibles arribada a través de nuestros aeropuertos, ha sido un test estupendo para saber todos quién es quién en la defensa de Canarias. O pensamos los canarios por nosotros mismos o pensamos lo que nos digan los Pepiños Blancos de dentro y de fuera de Canarias.
A los que nos hemos preocupado de buscar alternativas a esta situación -el Partido Nacionalista Canario puso sobre la mesa en 1998 un borrador de Ley de Residencia para el debate político- nos satisfizo en su momento que el primer diagnóstico ofrecido por el Comité de Expertos sobre Población e Inmigración, el 23 de diciembre de 2002, a instancias de la Presidencia del Gobierno de Canarias de entonces, afirmara sin titubeos que la Comunidad Autónoma tenía posibilidades de "ordenar y regular" la residencia y el trabajo de foráneos sobre la base del Tratado de Ámsterdam (artículo 299.2), de la Constitución Española (artículo 150.2: transferencia o delegación a comunidades autónomas de competencias de titularidad estatal, como las recogidas en el artículo de la CE 149.1. 2º: "Nacionalidad, inmigración, emigración, extranjería y derecho de asilo"), y del Estatuto de Autonomía (artículo 37.1: "La Comunidad Autónoma de Canarias podrá elevar al Gobierno las propuestas que estime pertinentes sobre la residencia y trabajo de extranjeros en Canarias").
Ese Comité de Expertos, donde figuraba un reputado constitucionalista como Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, venía a darnos la razón en los fundamentos jurídicos que permitían al menos el inicio de un diálogo institucional entre la Comunidad canaria, el Estado español y la Unión Europea, diálogo que hasta entonces había sido cercenado por los partidos presentes en el Parlamento de Canarias
Nunca es tarde si la dicha llega, es lo que pensamos los que estuvimos desde hace tiempo por una racionalización de nuestra demografía de acuerdo a directrices como las invocadas por la UNESCO, organismo que advierte de que la superpoblación en pequeños territorios como los insulares es cuatro veces más dañina que en las grandes plataformas continentales, pues una alta demografía en las islas termina incidiendo en la psicología y las costumbres de sus habitantes, en el aumento del desempleo y de la marginación, en la destrucción del medio ambiente y de los endemismos, entre otros deterioros no menos graves.
Parece algo de sentido común. Tan de sentido común que hasta el presidente de Malta, pequeño país con menos kilómetros cuadrados que La Gomera y con cuatrocientos mil habitantes, antes de entrar definitivamente a la Unión Europea en la fecha precitada, proclamaba espantado que esperaba que a los más de trescientos millones del Viejo Continente no se les ocurriera meterse de pronto en su isla mediterránea. Lo bueno es que ese espanto tuvo la sabiduría de plasmarlo en una cláusula de salvaguarda en el tratado que firmó con la Unión para que en Malta quedara en suspenso el libre establecimiento de personas vigente en la Europa comunitaria desde 1992.
Se supo adelantar a los acontecimientos, como pudimos hacerlo los canarios antes de entrar a formar parte de Europa. Y lo curioso es que lo hicimos, pero no llegó a plasmarse en los documentos definitivos de la adhesión. Me explico.
En una página de un gran libro, el de la profesora de la Universidad de La Laguna María Asunción Asín Cabrera, "Islas y Archipiélagos en las Comunidades Europeas", publicado en Madrid por la editorial Tecnos en 1988, descubrí hace tiempo cómo en 1984 el presidente de la Comunidad canaria, Jerónimo Saavedra, en un escrito enviado al presidente del Estado español donde exponía oficialmente la posición de la Comunidad Autónoma de Canarias sobre el procedimiento de integración de las islas en la Comunidad Económica Europea de entonces, recomendaba introducir una excepcionalidad para el archipiélago referida a la suspensión del principio de libertad de circulación de personas por un periodo transitorio de diez años.
Ni transitorio, ni definitivo: la recomendación de Saavedra se quedó en el trayecto entre Madrid y Bruselas. Ya desde esas fechas, el avispado presidente canario le veía las orejas al lobo. ¿Estamos a tiempo para negociar en la Europa de la aplazada Constitución comunitaria algo tan elemental como el número de habitantes que es capaz de soportar el Archipiélago canario?
¿Es inoportuno o nocivo para alguien que el pueblo salga a la calle, ejerciendo un derecho constitucional básico, convocado por una confederación de asociaciones de vecinos y una humilde fundación cultural, y pida con serenidad, con respeto y pacíficamente una racionalización de la carga poblacional de Canarias?
El Día , 26 DE OCTUBRE DE 2006
Juan Manuel García Ramos*
*Presidente del PartidoNacionalista Canario

Esto decía de la CoCa hasta que le dieron el premio Canarias. Ahora es
un auténtico incondicional. Estuvo, se fue, volvió, se mandó a mudar
otra vez... pero siempre ahí, defendiendo las posturas del PePe con
respecto al terrorismo o la guerra de Irak y ahora de la mano de ellos
en la manifestación xenófoba contra el negro. Un personaje.
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