Job Ledesma
Es un acto de cobardía pensar que todos los males de Canarias se arreglarán planteando una ley de residencia, o que una manifestación convocada bajo el lema de "¡No cabemos más!" no es xenófoba ni racista, sino todo lo contrario. ¿En qué quedamos? ¿Quién no cabe? Mateo, el de la guitarra. Cuántas explicaciones para ocultar eso, la cobardía y la ignorancia. Vaya semanita.
Es tan cobarde como esos señores mayores que tiene problemas con el hijo adulto de alguien y le dicen al padre eso de: "Dile a tu niño que...". Eso es ser cobarde. Menos pasear y más trabajar, el de la guitarra.
Después de años con una economía que creció como ninguna, ahora resulta que nos preocupa el modelo, que nos asusta un sistema económico basado en la construcción, en un turismo masivo y en el crecimiento parejo del sector servicios y de la administración. Demasiado tarde. Se pasó el tiempo para ver a Canarias como unas Hawai del Atlántico. Además, una sociedad con semejantes tasas de fracaso escolar, con un consumo cultural tan pobre, con un uso de internet paupérrimo, con unos índices de lectura tan irrisorios, lo menos que puede es abrirse a aquellos que la quieren mejorar.
Hay que ser muy cobarde para enarbolar el pánico ante el crecimiento poblacional siempre en el mismo momento: en los meses anteriores a una convocatoria electoral. Luego pasan los comicios y no se percibe el menor amago por plantear una ley de residencia o algo similar. ¿El canguelo legal? Llamen a Coalición Canaria como quieran que ya sus asesores se encargan de ponerla en ridículo.
Hay que ser muy ignorante para creerse que la identidad de un terruño es una cúpula asilada que nace y muere en sí misma. La identidad canaria está formada por un cúmulo de aportaciones externas que parten desde el mismo poblamiento del Archipiélago. ¿Saben de dónde? Los últimos estudios dicen que los guanches vienen de Libia, mira qué risa. Todo, desde las bandurrias y laúdes del folclore que llegaron de Cuba hasta el millo del puchero que se trajo desde América, viene de fuera. Nos quedamos con el gofio y el bucio. Aaahuuuuu, que viene el negro.
Los únicos que no dicen nada son los empresarios, los que saben que sin inmigrantes no tendrían personal para sus obras, sus hoteles y sus bares. Esos al final son los más listos de todos, pero igual de cobardes porque no se atreven a decir que ley de residencia, para el de la guitarra y compañía.
Fuente: La Opinión de Tenerife, 26-10-06