JAIME PÉREZ-LLOMBET
Atraídos por un modelo económico que a partir de los noventa superó el límite de velocidad recomendado, hace años -un montón de años- que argentinos, gallegos, ecuatorianos, andaluces o bolivianos empezaron a disolverse en esta realidad social cual terrón de azúcar en el café. Hace años -muchos- que los inmigrantes comenzaron a asomar en la cola del súper, sucursales bancarias, colegios, centros de salud, paradas de guaguas, parques, cines, bares y cafeterías. Hace años -muchos- que los inmigrantes entraron en el mercado laboral de estas Islas, sumándose a nuestra economía, pasando de meros ahorradores a consumidores. Hace años -muchos años- que el paisaje poblacional de estas Islas está cambiando a gran velocidad. Ahora bien, nada, absolutamente nada ha pasado en los últimos cinco o seis meses que no esté pasando desde hace muchos años.
En lo que a ese fenómeno se refiere, nada ha ocurrido en 2006 que no haya ocurrido de los noventa a esta parte, luego, siendo así, si es indiscutible que respecto a ese proceso nada ha pasado que no esté pasando desde hace un buen chorro de años, ¿por qué convocan precisamente ahora una manifestación pidiendo una ley de residencia?, ¿por qué ahora?, ¿por qué precisamente ahora? A menos que los padres de la idea demuestren lo contrario, la única novedad de cuatro, cinco o seis meses a esta parte es que a nuestras costas han empezado a llegar miles de africanos, lo que nos ha obligado -faltaría más- a multiplicar esfuerzos para atenderlos.
Eso es lo único nuevo que ha pasado en las Islas -en esta Isla- en los últimos meses. ¿Por qué una manifestación justo después y no bastante antes de los cayucos? Algo no cuadra. Algo huele a podrido. Algo no encaja. Por eso no iré. Por eso creo que no se debe ir a esa manifestación. Porque creo que hay trampa -un Gobierno no puede escurrir su posición en algo así-. Algo me dice que lo del domingo es el ensayo general de no se sabe exactamente qué -lo sospecho, eso sí-. Quienes se han refugiado en la ambigüedad o el silencio se han convertido en colaboradores necesarios de una manifestación que ensucia a ojos del resto del país el esfuerzo que Canarias está haciendo a pie de playa. Quienes hablan de identidad no se han enterado de que hace años -muchos años- que los inmigrantes son también identidad canaria. Algo no encaja. No me cuadra. No iré.