Job Ledesma
De vez en cuando conviene sacar de paseo eso de la identidad canaria, de que los políticos son unos mangantes, el pueblo es casto, puro y virginal, y que ya está bien. Lo interesante del asunto es que esa exorcización del enfado social se muestra bien en manifestaciones, pero luego su impacto electoral es difuso.
Remember Vilaflor, aquella oda colectiva al enfado contra lo público en lugar de por proteger cuatro pinos mal contados. Se cambió el tramo de marras del tendido eléctrico (una nadería, en el fondo) pero en las elecciones siguientes no pasó nada, lo que en Canarias equivale a que de nuevo ganó CoCa.
Con las concentraciones en contra de la invasión de Irak, la foto de las Azores, el desastre de Prestige y la chulería como forma de acción política no se sabe lo que ocurrió por culpa del 11-M, aunque algunos sostenemos que la victoria de Zapatero fue tanto por los atentados como por todo lo anterior.
¿Y después del domingo? Lo más seguro es que no ocurra absolutamente nada a pesar de que una parte del pueblo, ¡el pueblo!, salga presta a la calle con pancartas, a dar gritos y a ver cómo una niña de seis años entrega el comunicado de los diez puntos esquizofrénicos en la Subdelegación del Gobierno, que hace falta ser cursi.
Nadie sacará de paseo esa peligrosa novia que es la ley de residencia. CoCa la enarbolará durante los meses que quedan hasta las elecciones. Una vez pasados los comicios de nuevo no tendrá el valor para meterle mano a la población, porque si cercena el crecimiento poblacional es consciente de que el modelo de expansión constructivo-turística de Canarias se va al garete.
Mientras tanto, es aterradoramente divertido ver la colección de explicaciones que deben concatenar los organizadores de la manifilla de mañana. Empezó con un "¡No cabemos más!" al albur, como bien confesó Vargas en su paranoico y desquiciado programa del pasado jueves (lo más divertido de la televisión canaria en muchos años, o de cómo causar risa cuando se quería mover las conciencias), al amparo digo del extraño enfado de la parte más salchichera de la sociedad canaria por la crisis de los cayucos. El problema de alinearse con quienes escriben SMS poniendo "besinos" y "cenófogo" es que se cae en el mismo ridículo y en la misma ausencia de argumentos.
Como no quedan argumentos, se recurre a lo de siempre: a la patria, a la identidad, al espíritu de destino en lo universal, a las tonterías de siempre, en definitiva. El problema es que los grandes valedores de esa identidad canaria basada en la discriminación y la prepotencia son Jorge Vargas, Mateo López y José Rodríguez Ramírez. Patria canaria, menuda patria. ¿Dónde se borra uno de la patria de estos tres? Preparados para mañana, para los gritos y, sobre todo, para los titulares periodísticos. Verán qué ridículo.
Fuente: La Opinión de Tenerife, 28-10-06
28-10-06 La sociedad canaria frente al racismo y la xenofobia
