Salvar Canarias
UNA EVIDENCIA como que Canarias es un territorio limitado, con una densidad demográfica de las más altas del mundo y que eso está causando problemas de convivencia y amenaza la subsistencia misma de nuestra cultura, es el motivo por el que representantes de las asociaciones de vecinos de todo el Archipiélago y una entidad cultural, es decir, gente del pueblo llano, inviten a los canarios a salir mañana a la calle en demanda de una ley de residencia que corte el actual crecimiento poblacional desaforado. No se trata de ninguna muestra de racismo hacia el africano ni de xenofobia hacia el foráneo, venga de donde venga. Es simple sentido común: la defensa de una tierra, de unos recursos naturales y de quienes la habitan desde hace siglos frente al peligro de degradación y de deterioro del nivel de vida.
La propuesta les parece a quienes quieren desacreditar la manifestación algo temerario y radical. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Como recordaba el jueves Juan Manuel García Ramos en un artículo titulado "El pueblo canario existe", la posibilidad legal de limitar la carga poblacional de un territorio comunitario existe desde el mismo momento de nuestra adhesión a la entonces Comunidad Económica Europea y el propio Jerónimo Saavedra, a la sazón presidente autonómico, estuvo a punto de presentar una propuesta en ese sentido. Lo cual significa que, ya hace veinte años, se contemplaba con preocupación lo que ahora ha llegado a ser un problema de primer orden para las Islas. La propia Unesco advierte de que la superpoblación en pequeños territorios, como los insulares, es cuatro veces más dañina que en los continentes, pues acaba afectando negativamente, incluso, a la psicología y costumbres de sus habitantes.
Pero ante estos argumentos, el PP y el PSOE sólo quieren ver una muestra de intolerancia. Han optado por la táctica del avestruz, el primero, y por la indulgencia irresponsable, el segundo. No entendemos su actitud en este debate. La de ciertos plumillas no nos extraña, al fin y al cabo escriben entregados a intereses espurios, pero sí lamentamos que un político como Antonio Martinón pueda decir lo que ha dicho al respecto de la manifestación de mañana. Es casi una invitación al suicidio de las Islas en todos los órdenes: calidad de vida, cultura, seguridad, etc. Da la impresión de que lo que persiguen él y su partido es el futuro voto de la inmigración en las municipales. Ahora bien, con voto o sin voto, nos acabarán echando de nuestra casa. Ya lo dice un refrán: quién de la calle vendrá que de mi casa me echará. Pues ya están aquí.