Foro contra la Incineración
Tenerife
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Desfachatez y despiste

29 - 10 - 06

Antonio Álvarez de la Rosa

No hay mal que por bien no venga, dicen. La manifestación convocada para este domingo por algunas representaciones vecinales, situadas en la órbita del nacionalismo, tiene la virtud de poner sobre la mesa política las entrañas de un modelo de desarrollo, sostenida e implacablemente ejecutado en la isla de Tenerife desde hace, como mínimo, dos décadas. El maná de Bruselas y el sol turístico que nos regaló la naturaleza, las subvenciones de todo tipo, externas e internas, y el Teide gigante Generalife, la locura constructora y los miles de puestos de trabajo sin cualificación profesional, nos han instalado en la tumbona acomodaticia y en el lucro más depredador, voracidad que no tiene hoy ningún contrapeso social. Del amoralismo esencial del capitalismo hemos pasado a la inmoralidad y, por si esto fuera poco, a la desfachatez, generalizada aquí y allá. Primero, bombardean para convencernos de que no hay más remedio que adaptarse a la realidad del mundo. Luego, nos socavan la protección social, llenan de minas antipersonas el Derecho del Trabajo, nos imponen una fiscalidad injusta o debilitan el sistema sanitario público. En Canarias, nos han cegado la búsqueda de otros desarrollos sostenibles, de otras iniciativas empresariales que, de forma sosegada y ordenada, pusieran al conjunto de la ciudadanía al nivel de la renta media de la Unión Europea, han procurado un modelo educativo que ni siquiera suministra mano de obra profesional en el sector turístico -miles de puestos de trabajo en manos de ciudadanos comunitarios-, han soplado en las velas de un subdesarrollo cultural que no se acompasa con nuestras cifras macroeconómicas. Todo este panorama nada alentador se asienta sobre una planificación del territorio cosida a golpe de urgencia y no desde la solución de los futuros problemas. Somos maestros en remendar el pasado y de ahí que, por ejemplo y según el Presidente del Cabildo de Tenerife, el colapso circulatorio se producirá en el 2010, si no se toma alguna medida.

Desde el carro político-empresarial que gobierna Canarias desde hace unas cuantas legislaturas, se ha optado por lo que era más fácil, más rentable en las urnas, a cambio de dejar a la isla encenagada en un territorio cada vez más caótico. De la famosa moratoria turística con que nos encandilaron electoralmente hace una docena de años, la promesa de frenar la desmesura hotelera porque ya sonaban los oscuros clarines de la crisis en ese sector, nunca más se supo. Los ayuntamientos de uno u otro color partidista y los sucesivos gobiernos regionales han permitido hoteles de lujo y colmenas baratas, han urbanizado hasta el aire que respiramos para que un puñado de empresarios se enriquezca hasta límites incalculables. Se proyectan en Candelaria, Tegueste, Adeje, Granadilla e tutti quanti planes de (des)ordenación urbana y carreteras consiguientes con el único propósito de construir y hasta duplicar las poblaciones actuales.

Una vez alcanzados estos objetivos, una vez sumidos en este modelo hipertrófico, se produce la amnesia total de sus autores y se propaga, de forma taimada y populista, no solo la idea de que hay que controlar la entrada de foráneos, sino que son estos últimos los causantes de nuestros males, hasta los ladrones de nuestra identidad. Si a todo ello le inoculamos otro poderoso veneno que no es, ni mucho menos, privativo de estas islas, el panorama se ensombrece aún más. Cada vez que oigo lo del famoso problema escolar, lo asimilo a la ancestral pulsión de buscar un chivo expiatorio. ¿Qué puede hacer un profesor para inculcar a sus alumnos los valores elementales de respeto, esfuerzo y solidaridad, por ejemplo? El pequeño grano de arena que deja en su aula es barrido, ese mismo día, por el viento del poder absoluto del dinero que se respira en la calle, por unas televisiones que divulgan la primacía del individualismo feroz, del triunfo rápido y sin apenas trabajo, por la siembra de la estupidez en los programas llamados, y nunca mejor dicho, de distracción, por la violencia de múltiples caras.

Ahora, cuando todo el mundo debiera esforzarse por encontrar fórmulas políticas y sociales para tratar de acercar los territorios de la opulencia y la indigencia, en Tenerife organizan una manifestación -alentada desde la trastienda de lo políticamente correcto por Coalición Canaria y Partido Popular- contra nuestro desmesurado crecimiento demográfico y los profanadores de nuestras raíces canarias. Frente a un mundo y a una larguísima historia de la humanidad que se ha construido con la argamasa del mestizaje y con el cemento de la explotación del inmigrante -no conozco ninguna sociedad desarrollada que se escape de este axioma-, se dan la mano la hipocresía político-empresarial y la ceguera reflexiva de una ciudadanía manipulada y asustada (Campañas periodísticas que dejan caer la idea de que los inmigrantes son nidos de terroristas, portadores de enfermedades, usurpadores de puestos de trabajo, alimentadores de las listas de espera en los centros hospitalarios, etcétera).

El festín económico de unos pocos y la supervivencia del resto, han sido, desde hace un cuarto de siglo, el verdadero efecto llamada que ha colmatado a las islas. Ahora, cuando el traje desarrollista empieza a descoserse, se alientan los bajos instintos de la población para que enfoque el rayo de sus frustraciones sobre los más débiles, los de la odisea de la emigración. En suma, desfachatez y despiste, un cóctel explosivo.

Fuente: La Opinión de Tenerife, 29-10-06

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