Job Ledesma
Cada vez que resuena la bolsa de la corrupción en España todo se llena de cemento. El empresario medio español (y canario) no entiende de desarrollo sostenible ni de alternativas tecnológicas, solo entiende de cemento, de piche, de encofrados y tabicas. Para el empresario medio canario (y español) "hacer" cosas es "construir" cosas. La utilidad final de sus obras les importa un pito. Ellos saben que un porcentaje de los pisos de nueva construcción que mal rematan irá a parar a blanquear dinero o para esa nueva forma de inversión que es el piso RIC, o sea, el apartamento que compra otro empresario con los euros que saca de los beneficios fiscales de la famosa Reserva de Inversiones. Otro porcentaje de pisos se va en especuladores (inversores) que saben que lo que hoy costó treinta millones de las veneradas, pasado mañana valdrá treinta y cinco.
Los empresarios levantan centros comerciales que a los cuatro años siguen con cuatro tiendas mal puestas y sin público. Zona deprimida y sin posibilidades de crecimiento económico: centro comercial. Construyen adosados en cualquier solar libre porque los chalets que no son chalets se erigen como la perfecta muestra de la moderna cultura del confort campestre a quince minutos de Santa Cruz (hora y media cualquier martes por la mañana de cualquier semana).
Algunos empresarios no siempre juegan limpio. Quieren su beneficio fuerte, su enorme plusvalía del ladrillo, y si hace falta recalificar un terreno, conseguir un nuevo viario o forzar una venta, pues a veces tiran del sobre o de la bolsa de basura llena de billetes. A un porcentaje (no sé si alto o bajo) de los empresarios (españoles y canarios) le importa un pito la ética; igual le ponen un piso a pseudoperiodistas (pseudoperiodistas queridas, entonces) que sueltan la talegada que haga falta para enfocar cualquier asunto.
De la talegada ilegal quien se suele beneficiar es el político que ande más cerca, pero también aparejadores que hacen la vista gorda, funcionarios con cara de yo no fui, incluso algún ecologista con deudas (morales).
Luego piden que la ciudadanía, que está harta de pagar la hipoteca exagerada por el adosado mal rematado a hora y media de Santa Cruz, se alegre por la promoción recién aprobada, por otro puerto, un aeropuerto o más carreteras. Y no, porque puede que ellos, los de la talegada, no estén todos pringados, pero los otros ya están demasiado hartos.
Fuente: La Opinión de Tenerife, 11-11-06
