Salvador Lachica
Fue en 1987. El paroxismo insularista de la Agrupación Tinerfeña de Independientes (ATI) contra el Sanedrín de Vegueta, que personificaba Jerónimo Saavedra y su Gobierno del Pacto de Progreso, propició que Manuel Hermoso irrumpiera en el Parlamento de Canarias con una fuerza de tal magnitud que rompió todas las previsiones. Sin embargo, el discurso entre victimista y vengativo de ATI (¡Ha llegado la hora de Tenerife!) hizo prácticamente imposible que Hermoso fuese el presidente del Gobierno canario, hasta seis años después, y convirtió en jefe del gabinete al candidato del partido que menos apoyo cosechó en las urnas ese año. Hasta llegar a ese momento, durante más de un año el líder de los insularistas tinerfeños logró escalar posiciones en el apoyo popular a costa de publicitarse como enemigo de media región, pues todo aquel que no comulgara con un ideario político basado en la fidelidad al Teide, a los Hidalgos de Nivaria o a la poderosa clase aguateniente era ipso facto calificado de enemigo, que no adversario, de Tenerife y los tinerfeños. En esas condiciones, era imposible que quien personificaba las siglas malditas (benditas, en Tenerife) presidiera el Gobierno que se supone es regional. El día 7, a las siete, en las siete islas fue el eslogan elegido a finales de julio de 1987 por Mauricio y Viéitez para que una manifestación de repulsa impidiera que Hermoso se hiciera con la Presidencia. Luego se desconvocó, quizás porque se lo pensaron mejor y se adelantaron al apoyo que ambos prestarían a Hermoso para defenestrar nuevamente a Saavedra en 1993.
Pero eso es historia. Ahora, 20 años después, los rescoldos del isloteñismo que permanecían hibernados entre las siglas de Coalición Canaria han salido de las cavernas y han vuelto a destilar su bilis en prensa, radio y televisión. Dos investigaciones judiciales por acciones llevadas a cabo (o no) por el alcalde de Santa Cruz y militante de ATI antes que Hermoso, que aún no han pasado a mayores, han sido la excusa perfecta para montar un contubernio godocanarión político y mediático cuyo fin es hundir a Tenerife. Esste tipo de reacciones viscerales son como las burbujas de los cavas. Si se menea convenientemente la botella, consiguen la fuerza suficiente para que en un momento, el tapón salga despedido con gran velocidad y aparataje sonoro. Después, la fuerza se pierde y el líquido se desparrama lánguidamente por el mantel.
Sin embargo, la pregunta es si la sociedad tinerfeña es sociológicamente igual que hace 20 años y se cree los mismos cuentos que antes. En mayo se comprobará.
Fuente: La Opinión de Tenerife, 17-12-06

08-12-06 Sacan a Hermoso en procesión