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Tenerife
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Se agravan los impactos de las areneras de Güímar con las lluvias

01 - 02 - 07

Debe hacer décadas, seguramente, que los vecinos de Güímar llevan advirtiendo de que la forma de explotación de las areneras en el barranco de Badajoz iban a producir graves consecuencias cuando esos cauces volviesen a llevar agua. Ni puto caso, como siempre. Antonio Plasencia y otros llevaron a cabo extracciones descomunales, la mayoría de ellas ilegales -gran parte de las canteras están clausuradas por orden judicial- de las que han salido las mayores fortunas que se hayan amasado nunca antes en Canarias.

Todo beneficios, cero en inversiones en rehabilitación o, al menos, en actuaciones conducentes a garantizar la seguridad de esos cauces en caso de lluvias intensas. Las consecuencias de ese desastre las están comenzando a pagar ahora, después de haber sufrido el polvo, el descomunal tráfico de camiones y maquinaria, el imponente impacto paisajístico, los daños en cultivos... los mismos que pagan siempre las consecuencias de estas barbaridades: Los vecinos que históricamente han sido las víctimas directas de este desaguisado.

A poco que han corrido esos barrancos, los caminos y pistas tradicionales se han ido a la mierda por los gigantescos hundimientos sucedidos. Y lo que queda. Los responsables de todo esto, los que se han puesto morados y los políticos que lo han consentido -la mayoría de ellos con unos caserones impresionantes que nadie se explica que hayan podido salir de un sueldo-, miran para otro lado respetuosamente cuando han condenado a toda la zona a la incomunicación y al desastre.

Y no es que estemos en contra de las areneras ni cosa que se le parezca. Hacen falta areneras, lo mismo que plantas de asfalto, centrales térmicas, vertederos y todas esas cosas. Pero los que se hacen de oro deberían, a nuestro modo de ver, renunciar a una pequeña parte de sus beneficios para el bien común, invirtiendo en las necesarias e imprescindibles medidas correctoras. Pero la culpa no es sólo de ellos, porque para atajar a los empresarios sin escrúpulos se inventaron las administraciones públicas encargadas de velar por el interés general o, al menos, por el cumplimiento de las leyes. Lo que ocurre, como todo el mundo sabe, es que los intereses de media docena de personajes hace demasiado tiempo ya que algunos los confunden con el de todos los ciudadanos. Auténtica aberración que corroe las bases de cualquier sistema democrático que se precie.

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