Seguir las huellas de la corrupción, para el que se dedica a perseguir eso, resulta la mayoría de las veces cuanto menos complicado. Quién se hubiera imaginado, por ejemplo, que Ignacio González pusiera al frente de la sociedad que compró Las Teresitas a un empleado de Vultesa hasta que él mismo votase a favor de la concesión del crédito, a sí mismo, en el consejo de Caja Canarias. A mí ni se me hubiese pasado por la cabeza, pero el tío así lo pensó y así lo hizo, tal cual, según relata la Farnés en la querella.
Ese tipo de detalles, tan impresionantes para el común de los mortales -por muy legal que alguien pueda declarar eso-, sólo se pueden descubrir después de actuaciones judiciales e investigaciones que la mayoría de las veces son imposibles de llevar hasta sus últimos extremos, sobre todo después de que políticos y empresarios potentes han dejado de utilizar definitivamente el móvil más que para avisar a la casa en caso de llegar tarde, después de que han trincado a unos cuantos. ¿Cuántos testaferros como el peón de Vultesa, por ejemplo, son o han sido en esta tierra nuestra? O de ellos, que cada día eso está menos claro.
Pero hay corrupciones o corruptelas, que han dado origen a las mayores fortunas de esta tierra, que no sólo dejan rastro sino que se muestran ante nuestros ojos en forma de cicatrices gigantescas, como la que estos días se pueden observar en el cauce del barranco de Badajoz, en Güímar.
Nos cuenta un viejo que hace unos años, unos cuantos años, un alcalde le dijo personalmente que 'si no paro la cantera ésta que me arranquen uno a uno los pelos del bigote'. La realidad, según nos comenta, es que no paró un carajo y que la mayoría de las autoridades de la zona que han tenido que ver con las areneras del Valle de Güímar en pocos años se levantaron unos caserones impresionantes, cuando muchos de ellos llegaron a la política con una mano delante y la otra en el bolsillo.
Y todo el mundo sabía que aquellos agujeros iban a dar disgustos graves a poco que empezara a correr un poco de agua por esos barrancos llenos de agujeros impresionantes. Y lo que ha pasado en el camino de Los Zarzales es sólo un aviso, gravísimo para los vecinos afectados y de unas consecuencias ambientales difícilmente evaluables, y muchos vecinos dicen que eso no hubiera ocurrido si Ricardo Melchior o Adán Martín tuviesen alguna finca por allí.
Porque el problema no es sólo que el cauce del barranco de Badajoz haya caído de repente más de 10 metros en alguna zona, llevándose por delante una carretera vital para los vecinos. Además dentro de esos barrancos se han instalado vertederos incontrolados, donde se acumulan residuos tóxicos y peligrosos desde hace años, a donde están llegando miles de metros cúbicos de agua que lixivian hacia el subsuelo de donde, posteriormente, se extrae de varios pozos para consumo humano y para regar los alimentos que después nos comemos. Así, tal cual.
Todas y cada una de esas actividades son ilegales. Además, para las arcas del ayuntamiento de Güímar -uno de los más miserables de la Isla presupuestariamente hablando- no ha entrado ni un sólo céntimo, nada. Y, por si todo eso fuera poco, nadie ha obligado a esos 'empresarios' a establecer medida correctora alguna y mucho menos planes de regeneración de esos inmensos socavones. Es decir, ni compensaciones para el Ayuntamiento -que repercutan en beneficio del pueblo-, ni compensaciones para el territorio que han reventado literalmente. No obstante, muchos vecinos consideran que compensaciones, por otras vías, sí que han habido sobre todo para algunos que, probablemente, el papel fundamental que han representado en esta película terrorífica ha sido la de mirar respetuosamente para otro lado mientras los vecinos se tragaban la mierda.
Ahora el Cabildo dice que va arreglar -o a remendar-, con las perras de todos nosotros, el desaguisado que han causado unos empresarios privados para arreglar el problema del acceso de Los Zarzales. Cuentan, también, que posteriormente lo van a pagar los empresarios y esperamos que sea cierto aunque por el momento no nos creemos ni una sola palabra de esta gente. Y no nos lo creemos porque ninguna administración ha ido a donde hay que ir, no para arreglar la carretera hundida, que es lo más urgente, sino para establecer las medidas necesarias para una regeneración de todo el barranco por cuenta de los que se lo han cargado, habiéndose llevado de allí, limpios de polvo y paja -el polvo por lo menos se lo han dejado a los vecinos y a los cultivos de la zona-, decenas de miles de millones de pesetas sin que un solo céntimo haya repercutido en el beneficio público en forma de impuestos. Todo al saco de los mismos de siempre.

Vista general del barranco

Impresionantes cicatrices que han originado las primeras lluvias
importantes que se producen en la zona

Carretera hundida

El tubo que se ve colgando pasaba junto a la carretera desaparecida

Hundimiento



Carretera cortada desde el 1 de noviembre del 2006

Impresionante aluvión que provocó el esperado hundimiento

Ni tanto fue lo que corrió el barranco

Vista del barranco de Badajoz, de lo más valioso que tenemos en la Isla
en barrancos de valor natural y etnográfico

Cicatriz provocada por el hundimiento

Vista general del hundimiento y del socavón que lo originó

Otra vista general

Vertederos incontrolados, hasta una gran pala está a punto de ser enterrada
en el fondo. Aquí se ha filtrado al subsuelo toda el agua que corrió
por el barranco y de la que se alimentan varios pozos de la zona


El gran negocio



Obsérvese la plaquita que encargó el ayuntamiento de Güímar, parece
el nombre de la calle pero el texto nos cuenta otra cosa. Lo que
hay que ver

El Cabildo acometerá, por vía urgente, el arreglo de la pista de Los Zarzales
01-02-07 Los afectados exigen la restauración del camino Los Zarzales