Hace unos días el Cabildo de Tenerife, más bien el técnico responsable de residuos Francisco Hernández, nos presentaba a diferentes colectivos sociales las líneas básicas del nuevo plan de residuos sobre el que trabaja con la sana intención de dejarlo aprobado antes de las próximas elecciones. En el mismo acto nos hablaron de la campaña de sensibilización que iban a poner en marcha estos días sobre la necesidad de separar y de reducir nuestra impresionante capacidad para generar residuos.
La situación es muy clarita para el que lo quiera ver. En el año 2008, y conforme a las obligaciones de las directivas comunitarias, Tenerife debería recoger selectivamente un mínimo de 14 kg de vidrio por habitante y año. Actualmente no llegamos a los 5 kilos. En papel y cartón deberíamos estar recogiendo 111 kilos, cuando hoy en día no pasamos de los 40. Y en lo que respecta a envases ligeros, por ejemplo, de los que no recogemos selectivamente más del 2%, en el 2008 deberíamos estar en torno al 26,5% en plástico, 58,8% en envases metálicos y el 26 % en bricks.
A esta realidad, muy triste porque las directivas comunitarias sólo establecen unos mínimos exigibles que ya están muy superados por algunos países de la Unión, es a la que tenemos que enfrentarnos con el nuevo plan. Y nosotros no vamos a negar, porque lo consideramos injusto, que Francisco Hernández le ha echado ilusión y ganas a la hora no sólo de redactar un proyecto de lo más ambicioso -y que se parece a lo que había aquí hace unos años lo que un huevo a una castaña- sino que, además, lo ha intentado hacer consensuadamente. Hecho también probablemente sin precedentes en los grandes proyectos propuestos por administración canaria alguna.
El Cabildo ha comenzado este sábado, en el mercado de Santa Cruz, una modesta campaña -para las campañitas a las que nos tienen acostumbrados el Melchior con el tranvía o Zerolo con Las Teresitas- que tiene sus novedades. Y el hecho de que expongan, por ejemplo, un compostador doméstico de los que el Cabildo tiene previsto repartir gratuitamente más de 50.000 si sale adelante el nuevo Plan, representa un hecho que, aunque se pueda considerar simbólico, debería ser el punto de inflexión para que todos los que habitamos aquí tomemos una conciencia nueva sobre el problema ambiental más grave que tenemos, probablemente.
'Con la basura, menos, es más'; 'Compromiso por los residuos en Tenerife' o 'La materia orgánica, todo un tesoro' son algunos de los mensajes que nos lanzan desde el Cabildo con esta campaña. Un lenguaje al que no estábamos acostumbrados dado que siempre, en este tipo de campañas, ha prevalecido el autobombo y poco de reconocer la necesidad de producir un gran cambio por parte de todos. Hombre, que deberían haber empezado antes es evidente, pero más obvio todavía es el reconocer que ninguna campaña servirá de nada sin que un buen plan ponga un poco de orden en este desaguisado.
En el nuevo plan se propone la ampliación significativa del número de puntos limpios, de tal manera que ningún ciudadano se quede a más de 10 minutos de una de esas instalaciones y, además, una amplia red de 150 minipuntos limpios donde se podrían depositar separadamente las distintas fracciones. Plantas comarcales de compostaje, cuyo modelo de gestión no queda demasiado claro todavía, y la introducción del quinto contenedor para materia orgánica progresivamente. Se propone un modelo básico de recogida uniforme para toda la Isla, con camiones de recogida lateral que permiten la carga de varias fracciones de la basura al mismo tiempo -no como ahora que esto es un desastre- y, lo que nos parece fundamental, propone favorecer la introducción de organizaciones dedicadas al empleo social en el sistema para reparación y venta de electrodomésticos, muebles... entre otras cosas.
¿Poco? Poquísimo seguramente, pero el caso es que si se cumpliese este plan, que no se va a cumplir en en caso de que se llegue a aprobar porque nos parece hasta demasiado ambicioso si tenemos en cuenta la situación de partida, se supone que en el año 2016 estaríamos recuperando para el reciclaje más de la mitad de las 800.000 toneladas anuales que generaremos para entonces. Pero es que el 2016, por si alguien no se ha dado cuenta, es pasado mañana como quien dice, sobre todo cuando de cambiar hábitos de comportamiento y hasta de consumo se trata.
Nosotros hemos felicitado al técnico que ha dirigido la redacción de este proyecto y con el que hemos tenido, y seguramente seguiremos teniendo en el futuro, las peores 'agarradas' que hemos tenido con nadie jamás. Creemos que el fruto de todo ese esfuerzo es positivo y, si alguien consigue que los políticos se comprometan en serio con esto -lo cual es lo más complejo de todo el proyecto porque ellos están en otras cosas- el cambio necesario estaría garantizado. Claro que lo que siguen manteniendo es la dichosa incineradora para quemar cerca de 300.000 toneladas, fundamentalmente materia orgánica, en Arico o en Granadilla, que nada de eso quedaría cerrado.
Por principio, estamos en contra de quemar casi cualquier cosa, la alternativa evidentemente ya no es tampoco el vertedero. En pocos años tenemos el convencimiento -quizás equivocadamente- de que no podremos seguir quemando recursos valiosos como la materia orgánica, las cosas en lo referente a la energía están cambiando muy rápidamente y cambiarán más rápido en el futuro por razones de imperiosa necesidad. En Alemania, por ejemplo, se habla estos días de apostar por el metano, incluso como sustituto de gas natural, lo que permitiría devolver la materia orgánica en su integridad al suelo. Por eso, en una situación de auténtica encrucijada como en la que nos encontramos, con la amenaza de un cambio climático incluso, sería razonable establecer una moratoria de unos años a la incineración.
Y no es decir que no porque no, Tenerife no puede permitirse el lujo de invertir 130 millones en un aparato para quemar residuos en la falsa creencia de que los hace desaparecer. Éstos se van al aire que respiramos y se quedan en forma de cenizas y escorias peligrosas que hay que llevar a un vertedero de alta seguridad. Y con una moratoria a esta 'solución', francamente, creemos que el compromiso social por llevar adelante el nuevo plan, muy bueno en líneas generales, podría ser casi total. Tenerife podría convertirse, con el compromiso de todos, en un auténtico referente para Canarias y para otras regiones si todos esos proyectos se poner en marcha con la complicidad de todos.
Porque es que además, y con toda franqueza, llegados a este punto ya no es hora de hacer de este asunto tan grave una batalla ni política ni de ninguna naturaleza. Necesitamos un plan ya, si no sale antes de estas elecciones podría suceder que sigamos en las mismas otros dos o tres años y eso no sólo nos conduciría irremisiblemente a la incineración o a lo que sea, porque el vertido sería insostenible, sino que nos metería de cabezas en un callejón sin salida en este asunto. Eso si no es que ya estamos metidos en él.
Y si no fuera por eso, por esa maquinita que cuesta 130 millones de euros y que no nos gusta un carajo -a ellos supongo que tampoco- estaríamos muy cerca de reconocer en éste uno de los mejores planes de gestión de residuos que, de manera realista, puede ponernos en el buen camino de una vez por todas. Y así son las cosas y así se las hemos contado.



