Este lunes centenares de amigos y familiares despedían a los compañeros que no pudieron salir de esa maldita galería de Los Silos. Para nosotros no sólo es complicado, como suponemos le ocurre a todo el mundo, dirigir palabras de consuelo a padres, hermanos y personas más cercanas. Es tan inmenso el dolor que deben sentir, y en el que intentamos acompañarles todos, que las palabras son muy poca cosa en momentos como éstos.
Para los que tenemos esperanza todavía en un futuro mejor gracias a personas como ellos, que ocuparon parte de su tiempo en acercarse al territorio -al que ya casi la mayoría le hemos dado la espalda- para disfrutarlo, conocerlo y difundirlo; creemos que les debemos el redoblar nuestro compromiso por lo que quizás ellos más amaron.
Y nosotros, que por doscientas mil circunstancias no pudimos compartir la tarde de este doloroso lunes con tantos compañeros y amigos, sí que queremos compartir con ellos la imagen de cómo amanecían los cielos de Tenerife, la tierra a la que tanto amaron y de la que tanto disfrutaron estos compañeros, en un día muy especial donde el mar de nubes casi se aproximaba a tocar el océano. Casi se podía caminar sobre las nubes hasta Gran Canaria y La Palma, La Gomera y El Hierro se dibujaban también perfectamente en el horizonte.
Un triste lunes que, con los almendros en flor, se ha vestido de gala para despedir a estos amigos. A los compañeros que se fueron un hasta siempre, a los familiares y más allegados un abrazo de esperanza y de solidaridad sincera.