Por motivos que no van al caso, me fijaron
una cita con uno del más conocido y poderoso alcalde del sur de
Tenerife.
Ya en los casi 45 minutos de antesala me di cuenta de lo
amplia que era esta secretaría dividida en dos: La "oficial" me echó
a la cara cuanto pequeño es el piso donde vivo. Este "despachito" que
es la secretaria "oficial" medía seguramente dos veces, y más, de los
90 metros donde vivo yo y cualquier otro cristiano.
Si consideramos la "secretaria particular" tenemos que
multiplicar por dos ¿o tres? los mencionados 90 metros cuadrados. Esta "secretaria
particular" comprende: Sala de espera, antesala de las salas,
espaciosos despacho para la secretaria particular (¿o son dos?),
antesala de la sala de reunión y del "sancta sanctorum". Evidentemente
es mucho más grande de la secretaria "oficial". Es decir de aquella
donde las secretarias tratan cosas de interés del ayuntamiento.
Tratándose de un Ayuntamiento no se comprende la existencia de una
"secretaria particular", despacho, este, que debería ser ubicado al
exterior del ayuntamiento, tratando en este lugar cosas personales,
como dice justamente la titulación "particular" es decir, vocabulario
a la mano: personal.
Todo muy bien distribuido, adornado y amueblado. Pero lo que
atrae la atención del visitante, al entrar en este "sancta
santorum", es: Un imponente bufete cubierto de paño verde bordado oro
(faltaría más) y el también imponente mueble librería, que se
encuentra a la espalda del alcalde, todo en leño castizo.
Pero el estacazo más fuerte que recibe el visitante es, sin duda
alguna, el sillón que utiliza este alcalde. Más que un sillón parece
un moderno trono con un apoya-cabezas seguramente de no menos de 70
centímetros de largo. Los sillones que utiliza nuestra mente para
establecer un símbolo cuando hablamos de los sillones que los
políticos de profesión no quieren abandonar nunca, son de verdad
pequeñas cositas respecto a este asiento. Mastodóntico asiento que ni
el cardinal arzobispo de Madrid o de Toledo, ni los señores Rajoy o
Zapatero utilizan.
Para los que viven en el oscurantismo de la idolatría o de
la adoración, para los humildes todo este despacho, y sillón en
primer plano, aumenta el sentido de sentirse un cero delante de un
Todo.
Este resulta ser el efecto que ha plasmado el creador de este
ensamble, sin darse cuenta (o puede ser que sí) que todo este sobrante
hace daño a la imagen de quien lo utiliza. Ni la justificación de que
en este despacho se recibe gente muy importante (¿¿??) y por lo tanto
debe bien figurar (¿?¿?) quita al visitante la opinión que demasiado
dinero se gastó no cierto para el "bien figurar". Y es para apostar
que estas "personas muy importantes" que visitan este lugar, si
tiene un mínimo de sentido común, evitarán de expresar opiniones para
no ofender a aquel que en aquel sillón se sienta. Ostentación,
opulencia. ¿Quién sabe? ¿Derroche? Ciertamente que si
Y todo esto cuando – por ejemplo – los representantes de la oposición
en el Pleno no tienen ni un despacho, como acostumbra la democracia en
todos los ayuntamientos. Son espacios que sirven para recibir a la
gente del pueblo, escuchar también la minoría votante por parte de
quien la representa constitucionalmente.
Porque en contra del pensamiento de los ocupantes hay que entender
que éste no es una "propiedad privada", ni un castillo para uso
personal es el lugar de todos, sean mayoría que minoría. Por eso
cuando los críticos, los halcones definen este ayuntamiento "el
castillo", la fortaleza, no exageran ni un pelo y un aviso, una
proclama, un edito con escrito "Propiedad privada" en la puerta no
quedaría nada mal, cuanto menos por ética personal.
Al mirar todo este exagerado lujo me vino a la mente aquellos
años en los cuales portavoz de la mayoría en mi ayuntamiento, tenía un
despacho de 6 x 6 metros con una estantería simple, moderna y
eficiente. Los demás compañeros gozaban de lo mismo. Solo el Alcalde
tenía una secretaria, solamente oficial, de uno 5x10 y un despacho –
sala reunión de un 7 x 15 metros. Aún así la gente, mí pueblo, nos
reconocía como uno de ellos, uno de ellos que trabajaban de día para
mantener la familia y de noche, sábado y domingo para administrar el
municipio. El único que ingresaba dinero, unas 30.000 pesetas
mensuales, era el alcalde, que repartía…
A parte de los metros cuadrados o rectangulares, esto era lo
que me esperaba encontrar en un despacho de un alcalde abierto,
democrático y, además, socialista.
No fue así y las consideraciones bastante criticas, bastante
negativas respecto a este alcalde han aumentado y reconozco que ya
tiene sentido la etiqueta de "el marques", con la cual el amigo y
compañero José Luis Fumero – el último guanche– había pegado a este
conocido alcalde del Sur.
Personalmente me resulta difícil no evocar el recuerdo de la
"sedia gestatoria" con la cual los nobles romanos llevaban para aquí o
para allá a el "Summo Pontífice". Los tiempos modernos, con Papa
Montini –a recodar - han hecho desaparecer aquella impresionante
silla portada a espaldas de los grandes de la nobleza romana.
Pero esto ocurrió en Roma ya hace bastantes años y Roma es
otra cosa y el Vaticano también…
Adeje. Benito Capone
