Hombre, verdaderamente ver una excavadora, una pala mecánica, una bloquera, una cantera o una machacadora en Tenerife es algo que no sorprende absolutamente a nadie ya. Es ya algo casi más común que ver vallas con caretos de políticos por ahí estos días. Pero, francamente, encontrarse una gran máquina de éstas moviendo tierra y grandes piedras en el Parque Nacional de Teide, qué quieren que les diga, sorprende un poquito.
Y uno, como de ecología no sabe una puta mierda, no quiere opinar sobre algo que, sencillamente, a las personas normales nos sorprende pero que bastante. El trabajito consiste en impedir, por lo que se ve, que nadie tenga la ocurrencia de aparcar en los márgenes de las carreteras que atraviesan ese Parque y darle a las mismas un aspecto como salvaje o 'natural'.
Claro que los que no entendemos nada de nada, los que simplemente vemos cosas que nos llaman la atención porque para eso tenemos ojos, creemos o consideramos como una especie de belillada el dedicarse a poner grandes tolmos de piedras en las cunetas de una carretera por donde, de momento, se permite que pase gente circulando con coches, guaguas, bicicletas, motos y demás. Eso independientemente de que una carretera, por muchas vueltas que le demos al tema, seguirá siendo un emplasto de piche que pasa por medio de un desmonte, hasta que no se invente otra cosa. Y otras técnicas supongo, sobre todo para evitar que la gente se mate contra una de esas moles, se habrán inventado hoy en día para impedir, aunque no sabemos a fin de qué, que la gente aparque para mear, tirar un par de fotos o echarse un bocadillo de tortilla.
Y, verdaderamente, que la primera obra que se acomete en esas carreteras en décadas -de hecho están todas agrietadas, con vallas de protección ya desechadas por peligrosas, muros de contención semiderruidos- sorprende un poco que venga a ser llenar los bordes de gigantescas moles de piedras cuando no hay quien se ocupe ni de cambiar esas vallas asesinas o reparar alguno de los múltiples muros de piedra, que ya a estas alturas tienen hasta su valor como parte de nuestro patrimonio. Y todo esto, francamente, nos sorprende bastante a algunos que no vamos a negar, a estas alturas, que somos un poquito brutos. Es más, no sólo nos parece una belillada peligrosa este asunto sino que, además, nos parece un ejemplo a estudiar de un mal gusto que nunca antes se había visto por allí arriba.

Hasta en medio de curvas peligrosas han plantado tremendas
moles de piedras ¿De dónde habrán sacado tanto risco?







Los muros de contención que construyeron nuestros abuelos
hace décadas, ejemplo del buen gusto y de una forma de
trabajar que ya hoy se desconoce en obra pública alguna, se
desmoronan sin que nadie se preocupe de volver a poner una
sola de esas piedras en su sitio después de un desprendimiento.


Guardarrailes asesinos por todos sitios, boquetes en los muros de
contención que nadie repara, asfalto tal cual lo pusieron
nuestros abuelos y curvas peligrosísimas donde las guaguas
tienen que recular.
El vacilón de ir a ver la nieve se va a acabar

Los ciclistas, que por centenares pasan por esas carreteras -muchos
equipos profesionales de todo el mundo-, se la juegan con esas piedras
y con las vallas asesinas de mierda.