Como quien cambia bombillas. El tipo está dispuesto a acabar con todo lo viejo -menos con él que debe llevar en política lo mismo que muchos de esos árboles, en realidad no ha hecho otra cosa nunca- y está arrasando por un patrimonio que lleva décadas formándose para dar sombra por un montón de calles de Santa Cruz.
A mí, francamente, ni me extraña ni me coge de sorpresa. En el mismísimo García Sanabria hizo una limpia que, si lo hace cuando la gente era crítica -hace unos años de eso- y a la vista del pueblo, lo hubieran linchado los vecinos en cualquier plaza al amanecer. Bueno, al amanecer es difícil porque éste es de los que se levanta después de media mañana, menos cuando está en campaña que madruga algo más.
Y no es que uno no crea, o acepte, que en un momento dado haya que meterle mano -o la motosierra- a un árbol viejo por una razón debidamente justificada. Pero es que en Santa Cruz y La Laguna los echan abajo, incluso algunas piezas catalogadas como monumentales o, en otros casos, de una singularidad extraordinaria, con la misma naturalidad con la que uno se bebe un baso de agua. Y, francamente, cualquiera diría que ni tanto ni tan poco. Vamos, digo yo que de esto no entiendo una puta mierda.
Ni de eso ni de casi nada, porqué no decirlo. Simplemente opinamos y ni tenemos nada personal con el Zerelo, ni nos molesta que el Ambrosio Jiménez se ponga de oro, ni nada de eso. Otra cosa es que veamos y nos mosquee un poco con la naturalidad con la que esta gente juega con las cosas importantes o el patrimonio de todos. Un poco mosqueante no nos discutirá mucha gente que sí es el tema.
Esta última semana se han puesto morados a arrancar árboles en
La Salle. De película.






Fotos: Yasmina
06-04-06 Triste primavera para el parque García Sanabria