Bueno, en realidad yo no sé de nadie que haya atacado últimamente a Segura. En realidad nadie lo ataca nunca. Para Andrés Chaves es uno de los pocos socialistas íntegros -aunque llévate tú por el Chaves y la integridad-, para El Día lo mismo -a cada rato editorializa alabando sus virtudes incluso cuando de destripar al Psoe se trata- y para los grandes poderes económicos de la Isla no digamos nada. Para todos ellos es sencillamente Dios.
Por eso parece un poco, por no decir bastante, excesiva la reacción casi visceral del desde hasta no hace mucho director de La Opinión de Tenerife por un asunto que, si no hubiera sido por la reacción visceral y grosera del Delegado del Gobierno de España en Canarias -llamando 'cerdos' a los de la oposición política en Adeje-, hubiera pasado casi hasta desapercibida para todo el mundo en medio de tanta podredumbre.
Y es que si hay alguien en esta Isla con capacidad para defenderse sólo, no sólo por su carácter intransigente y dictatorial, sino porque cuenta con todos los medios técnicos, humanos y mediáticos para hacerlo en este momento; es José Segura uno de ellos. Cuentan muchos amigos, que de vez en cuando comunican a la Delegación del Gobierno la convocatoria de alguna concentración o manifestación, que en la época del PePe estos asuntos se resolvían sobre la marcha, a nivel de funcionarios, sin problemas de ningún tipo y, cuando existía algún inconveniente, las discrepancias se negociaban sencillamente a golpe de teléfono.
Todo eso ha terminado. Ahora como te pases cinco minutos del plazo legal establecido te la rechazan y los funcionarios ya no pintan nada porque todo se interpreta en clave política. No queda ninguno, o casi ninguno, que en estos tres años no haya sido identificado o agredido gratuitamente por la policía de Segura. Y pese a que el Delegado del Gobierno anda un día sí y otro también haciéndose fotos frente a fardos de coca de aprensiones que no tienen nada que ver con sus responsabilidades, porque se trata de operaciones internacionales, el tipo no hay forma de que resuelva los verdaderos asuntos escandalosos y graves que, afortunadamente, hasta que llegó este individuo no eran habituales. Como desapariciones de niños y demás donde, incluso, ha tenido la osadía de crear falsas expectativas a los familiares.
Y que el Pomares ponga, de esa manera tal exaltada, la mano en el fuego por Segura, pues no nos parece ni bien ni mal, ni todo lo contrario. Eso es su problema. Ahora, que nos eche la lloradera de que el pobre Segura no llega a fin de mes -precisamente en esta tierra donde se pagan los sueldos que se pagan a los currantes-, que sólo viaja en primera clase cuando corre por cuenta de los impuestos nuestros, que el pobre vive en un chalet desde hace 20 años -en zona residencial privilegiada de La Laguna- y que no ha cambiado ni de coche... pues, francamente, pareciera un poco ridículo y dice bien poco de la capacidad de gestionar la economía doméstica de un señor que, después, hace la boda de uno de sus hijos en el Bahía del Duque.
Pero es más, que el señor Pomares tenga la osadía de considerar una memez que el Ayuntamiento de Adeje gestionara una factura para pagarle la actuación de un grupo musical al hijo del Delegado, para la boda, sí que es algo que para nosotros le descalifica para denunciar trapisonda alguna con la cosa pública. Yo conozco un político que, hace muchos años, sufrió una inundación en su chalet y, para conseguir un deshumificador, compró cuatro para unas oficinas públicas de las que era responsable en Santa Cruz -que nunca se llegaron a utilizar por innecesarios- porque la oferta era que si compraba cuatro le regalaban uno. Para su casa, claro.
Y por más vueltas que le doy al tema, por más que analizo ese caso -y otros- sigo considerando que en el supuesto de que se demostrasen ciertas todas las denuncias de la Farnés sobre el pelotazo de Las Teresitas, serían para mí -y a los efectos- tan corruptos los imputados de Las Teresitas como el listo del deshumificador. Y son igualmente corruptos, fíjense qué machangada, los que dan diez viajitos en avión o en barco con dinero público y, para el caso de algunas compañías que promocionan el 'regalo' de algunos trayectos para los clientes fieles, utilizan el obsequio para dárselo a algún familiar o amigo.
El respetito por las perritas públicas es algo muy bonito. Y yo no digo que el Segura sea corrupto -por muchas cosas que se oigan por ahí en los mentideros- pero, en el terreno del Segura y las corruptelas, sólo tengo una certeza. Vi a su coche oficial -pagadito por todos nosotros- dando viajes como loco con ocasión de la visita de Zapatero para dar un mitin político en el Auditorio. Y yo no sé si eso es corrupción o no, pero a mi me sienta como una patada en los riñones y me trae a la memoria, no sé muy bien por qué, el asuntito de los deshumificadores inútiles. Machangadas pero que dicen mucho, o casi todo, sobre la coña esa de la integridad de la que tanto presumen algunos. O, más ridículo todavía, la que otros atribuyen a algunos como si durmieran con ellos por la noche.
El instinto de uno, que casi siempre falla -por qué no decirlo-, le lleva a poner en cuarentena a todo individuo que recibe alabanzas 'gratuitas' de personajes como el Chaves o el José Rodríguez. Ahora también del Pomares. Peligro, porque es reconocible la gente que sólo se mueve por la pasta, cosa que tampoco niegan en muchos casos. Pero la realidad de la vida, muchas veces, tiene que ver poco con las apreciaciones personales de nadie y, en el caso de Segura, para mí no superó la prueba del algodón cuando, gentilmente, llamó por teléfono a Soria para anunciarle que le policía iba camino de Telde a detenerle a unos concejales por corrupción.
Si eso no es delito, debería de serlo. Sobre todo cuando uno ve cómo trata esa Delegación del Gobierno al desgraciado que mete la pata.
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No se libra nadie
Francisco Pomares
Cómo pedir cordura, a quién pedírsela, a quién hacer responsable de la imparable sensación de emporcamiento que contagia sin remedio todos los perfiles de la vida política en Canarias...
Ahora le ha tocado el turno al delegado del Gobierno, José Segura, por una historia tan estúpida que revuelve el estómago: su hijo se casó en Adeje hace un par de meses, y sus compañeros del PSOE local decidieron regalarle al chico y a su novia el coste de la banda de música que amenizó la boda. Algo menos de 1.200 euros, no fue precisamente la Orquesta Filarmónica de Berlín. La banda, que ha actuado en algunos conciertos municipales, pasó la factura al consistorio. Pero fue detectada, actuaron los servicios de intervención y se retiró. Ni un duro público financió un acto privado. Y punto. Una anécdota estúpida e intrascendente como tantas, que en un país menos corroído por la rabia, el odio y la basura, habría dado lugar -como mucho- a algún chascarrillo malicioso en los bares de Adeje.
Pero aquí nos hemos acostumbrado a jugar con todo, a convertir en obuses de artillería lo que no pasa de ser pólvora mojada que no hace ni fuego de artificio: un concejal de Coalición, del que no voy a repetir ni el nombre para no hacerle el juego, denunció a posteriori que los socialistas de Adeje quisieron financiar la boda del hijo de Segura.
A partir de eso, otra vez, lo mismo de siempre: un tipo íntegro hasta el aburrimiento, que vive en la misma casa desde hace veinte años (como casi todos a su edad), que tiene el mismo coche (como algunos) que va siempre apurado para llegar a fin de mes (como la mayoría), que viaja en business sólo cuando lo paga el ministerio (porque si paga él no se lo puede permitir)..., un tipo como Pepe Segura, que ha estado usando sus gastos de representación para atender necesidades urgentes en la llegada de pateras, un tipo decente, honesto, sin más oficio que su carrera de profesor, ni más negocio que sus ideas, se ve obligado a defender en los papeles su honra y la de su hijo porque una factura fue a parar al sitio equivocado. ¿Qué más da que sus compañeros de Adeje detectaran el error a tiempo de evitarlo? ¿Qué más da que no se pagara un duro? ¿Qué importa que no se haya producido ningún perjuicio? La cuestión es arrojar más porquería sobre la ejecutoria de la gente, hasta que el último de los tipos íntegros abandone la vida pública y se refugie en tareas propias de su sexo, dejando la política en manos de apandadores, sinvergüenzas, descuideros, corruptos y trapisondistas, o en manos de esos cínicos con más conchas que un galápago a los que les importa lo mismo ocho que ochenta, mientras ellos vayan calientes. No sé si esto tiene remedio, porque afecta a todos los grupos, a todos los partidos, a todos los sectores. Pero cada día produce más repugnancia este modelo.
fpomares@epi.es
Fuente: La Opinión de Tenerife, 04-05-07

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