Foro contra la Incineración
Tenerife
Compartir

Guimerá no se resistió tampoco a mear por fuera de la bacinilla

27 - 05 - 07

Este domingo todo aquél que esté en el censo, y que le dé la gana -esperemos que le dé la gana a muchos y muchas-, tendrán la oportunidad de ir a votar. O a botar, si lo considera oportuno. Un acto fundamental para todo aquel que crea mínimamente en algo medianamente homologable a una democracia. Que no es que esto sea democrático ni nada, cuando se permite incluso a los partidos con más recursos que te inunden a papeletas de votos en tu propia casa, mientras otros se tienen que hacer la publicidad a mano porque no disfrutan, o no admiten, que ningún empresario les hipoteque en todos los sentidos. Pero pese a todo, y mientras el poder del dinero permita a individuos sin representación, como el Ignacio González, desfrutar de entrevistas multimedia en vísperas de la jornada de reflexión, la coña ésta del derecho al voto costó mucha sangre de gente decente y no deberíamos despreciarlo tan alegremente como propone El Día.

Otra cosa es que el derecho al voto consiste esencialmente en el derecho a que cada cuál meta en la urna la papeleta que se le ponga en el culo, independientemente de si lo hace para mantener un puestito, para protestar, para desahogarse, en blanco, nulo o como quiera. Y no nos vale ni eso de que todo el mundo está descerebrado, ni los bocadillos de mortadela, ni las comederas de coco, ni las instrucciones de voto que publicó El Día hace ya unas cuantas semanas. Esto es un ejercicio de libertad individual donde los votos de los que se creen más listos y los más humildes valen lo mismo y lo otro, la manipulación, se podría mitigar con la aplicación estricta de la Ley -o con otras leyes-, cosa que no se hace ni a casi nadie interesa que se haga tampoco.

Por eso desmarques como el que ha hecho hoy, día para votar, Ángel Isidro Guimerá -que además es candidato y al que consideramos por el valor que ha tenido al enfrentarse a un monstruo en Santa Cruz- tratando al personal como gilipollas con lo del 'voto útil', no deja de ser otra cosa que una faltita de respeto a la gente en una jornada como ésta. Porque lo único que cabe ya, a estas alturas de la película, es conseguir que todo el que pueda vaya a votar este domingo. Todo el que pueda y que quiera, que esa es otra. Por quién vota o por quién deje de votar ya es un asunto que no sólo tendremos que respetar, nos guste más o menos, sino que tendremos que asumir democráticamente. Y mañana, el día después, lo que será fundamental es que esta sociedad se siga mostrando crítica frente al que consiga el poder o la representación -sea quien sea-, avanzar hacia el respeto por las minorías y considerando -al contrario de lo que ha ocurrido estos últimos años- que el papel de la oposición política dentro de las instituciones, o los que se puedan quedar fuera con un sistema electoral no homologable en cualquier democracia moderna, es casi tan fundamental, o es condición básica, para acercarnos un poquito más al buen gobierno. Objetivo último de toda esta historia.

--------------

Ángel Isidro Guimerá Gil

El voto útil

SIEMPRE HE DICHO, y recordado en vísperas electorales, que el voto tiene que ser útil para el que lo da, y no para el que lo recibe. Es como debe ser en una democracia real.

Por ello, en esta jornada electoral, los ciudadanos deben centrarse en reflexionar sobre dónde irá a parar finalmente su voto. Si su voluntad va a ser debidamente respetada. No se trata ya solamente de la necesaria participación de todos, requerida para determinar de verdad el sentir mayoritario, sino de la utilización ulterior que hagan las distintas opciones políticas de esa voluntad responsablemente ejercitada a través de las urnas.

Resulta bochornoso observar, como tantas veces ha ocurrido en nuestro país, pactos post-electorales absolutamente indecentes y diametralmente opuestos a los deseos del elector. Son perfectamente lícitos al no vulnerar la legalidad y permitirlos la Ley Electoral, pero aberrantes y rechazables al distorsionar los deseos del votante. Este tipo de acuerdos ha sido, sin duda, uno de los factores que más ha desacreditado a la clase política, hasta el punto de llegar al aborrecimiento de la misma por gran parte de los ciudadanos.

Sin embargo, la primera premisa en cuanto a la utilidad del voto es el convencimiento de la necesidad de acudir a votar. Francia acaba de dar un ejemplo de democracia del que los españoles podemos aprender mucho. Y por estas queridas tierras nuestras, amantes del pasotismo y la abstención, mucho más. Sería ilusorio pretender aquí una participación arrolladora del electorado como en Francia. Pero este pueblo, nuestra gente, tiene que moverse ya. No podemos seguir arañando el cincuenta por ciento de participación, como ocurre en Santa Cruz.

La vieja excusa nihilista según la cual "todos los políticos defienden lo mismo" resulta hoy menos aplicable que nunca. Votar es ya una verdadera necesidad, aunque es cierto que ha existido en esta campaña electoral una notable ausencia de confrontación de ideas y programas.

Han resultado también un tanto sarcásticos determinados mensajes de algunas opciones políticas, que parecen haber descubierto "ahora" que la fuerza no está en los candidatos, sino en ti. Lo mejor "eres tú", o "Tú igual yo". Y cabría preguntarse por los electores ¿Si yo soy lo mejor, y la fuerza, porqué no me has cuidado los cuatro últimos años? ¿Si yo soy lo mejor, y tu fuerza, por qué vienes ahora a visitar mi barrio y no has venido muchas veces antes? ¿Si soy lo mejor, por qué me has maltratado como ciudadano tanto tiempo? Y es que, por mucha propaganda electoral que se ponga en marcha, no se debe llegar al punto de ofender la mínima capacidad intelectual de la ciudadanía.

Finalmente, y al margen del problema de la participación, es lo cierto que el voto, para que sea verdaderamente útil, no debería ir a parar a quien carece de posibilidad alguna de acceder a las instituciones. Aquí no existe, como en Francia, una segunda vuelta que permite a los electores votar con el corazón en la primera , y con la cabeza en la segunda. Aquí, cada cuatro años, se nos da a todos una oportunidad para no equivocarnos. Una oportunidad que no podemos ignorar, o tirar a la papelera. Meditemos pues acerca de la decisión a tomar en el día de hoy. Que nuestro voto sirva para algo. Que no lo manipulen. Que sea útil.

Fuente: El Día, 27-05-07