Yo no sé, ni sabré nunca probablemente, cuántos miles de litros de herbicida utiliza todos los años el Cabildo de Tenerife, o las empresas de conservación de carreteras que trabajan para el Cabildo, para matar toda forma de vida que pretenda asentarse en los bordes de nuestras vías cada vez que la humedad hace posible que crezca algo.
Siempre que caen cuatro gotas de agua, y a los pocos días, un auténtico despliegue de camiones, todoterrenos e incluso vehículos ligeros se despliegan por todas partes para fumigar los arcenes, cunetas, laderas o lo que sea con uno de los productos más agresivos y más peligrosos para el entorno que se conocen. Muchas veces los residuos de estos productos son transportados por la lluvia a lugares donde después se alimentan animales o sencillamente se infiltran al subsuelo hacia el acuífero. Y mejor será no preguntar, por lo que pueda ocurrir, el cómo, dónde y con qué precauciones se manipulan estos productos o los envases.
Lo que está matando el Cabildo en los márgenes de nuestras carreteras es materia orgánica, acaso de lo que más carecen nuestros suelos y, además, lo hacen de la forma más agresiva y peligrosa posible, aunque acaso la más cómoda y sencilla. Aunque no la más barata, sin duda, porque es la más jugosa para las empresas que suministran estos herbicidas asesinos.
Y lo más sorprendente, y aberrante seguramente, es que algunos amigos nos han enviado imágenes donde se muestra cómo se utilizan estos productos indiscriminadamente en zonas urbanas incluso en el horario en el que escolares transitan esos márgenes y aceras para acudir al colegio. Increíble pero real como la vida misma.








Aspecto de los márgenes de las carreteras donde se
han aplicado estos herbicidas
Aspecto de los márgenes de las carreteras donde se
han aplicado estos herbicidas