La incomodidad, el intenso sol de la mañana y el viento frío que soplaba con fuerza no los detuvo. Por el contrario, los rostros de las seis mujeres, siete hombres y tres niñas evidenciaban el gran esfuerzo por terminar de desmenuzar, con machete, los 30 quintales de basura orgánica que sirven para elaborar el compost. Este grupo de personas pertenece a la Cooperativa Virgen de La Nube, que agrupa a siete comunidades indígenas de Cañar, filial de Tucaita, una organización que aglutina a varias comunidades.
En el momento, desarrollan un proyecto para elaborar compost (abono orgánico) que se utiliza para mejorar los cultivos en invernadero de papas, hortalizas, maíz, pastos y tomate.
Para estas familias, el trabajo empieza cada domingo, a las 16:00, con la recolección de los desperdicios orgánicos de los dos mercados de la ciudad. La tarea se hace por turnos y concluye, pasadas las 21:00, con el depósito de los desechos en un terreno de propiedad de la misma organización.
Al día siguiente empieza el trabajo más duro, cuenta María Estrella Guamán, de 13 años, integrante de esta cooperativa. Entonces, los desperdicios son regados sobre un área de 15 metros cuadrados y cada persona, con la ayuda de un machete, empieza a desmenuzarlos.
La forma de trabajo no es la mejor aliada. Para contrarrestar el calor, las mujeres cubren sus cabezas con trapos, mientras los hombres usan pequeños sombreros. La actividad se desarrolla en medio de amenas conversaciones.
Pasadas las 16:00, la basura es mezclada con agua, excremento de ganado, tierra negra y se coloca en espacios destinados para el secamiento, proceso que dura dos meses. Transcurrido ese tiempo se la cierne y está listo el compost, explica Manuela Morocho (de 38 años), vecina de Correhuco.
A la semana, de los 30 quintales de basura se obtienen 60 de abono. Cada familia recibe gratuitamente un quintal para usarlo en sus cultivos, el resto se vende a los agricultores a 2,50 dólares el quintal.
Los esposos Antonia Pumavilla (38) y Luis Antonio Doncón (40) explican que este abono les ha mejorado los cuatro mil metros cuadrados de cultivos de tomate y babaco bajo invernadero. "Nuestra tierra estaba volviéndose improductiva porque utilizábamos bastante abono químico. Ahora entregamos en los mercados un producto limpio y nutritivo" , dice Doncón.
Las otras 15 familias que integran la Cooperativa lo corroboran y creen que, a corto tiempo, tendrán los mejores cultivos de la provincia. Por el momento los tomates, babacos, hortalizas y maíz se comercializan en los distintos mercados de la provincia.
Cesáreo Guamán, presidente de la Tucaita, dice que de momento buscan recursos para la adquisición de una máquina trituradora. "Permitirá ahorrar tiempo, esfuerzo y que las familias se puedan dedicar a otras actividades".
Fuente: PNUMA/ORPALC