Memoria, tradición agrícola familiar, valores…
Mis hermanos y yo tenemos conciencia y presencia de la finca de Carbonero desde que nacimos. Mi madre siempre hablaba de esas tierras con gran cariño, las que le había dejado su padre que nunca conoció.
Esta mujer canaria, primero a nosotros, su hijos, y luego a sus nietas, mis hijas, siempre nos transmitió el amor a esas tierras. Repetía una y otra vez, “esas tierras no se venden”; y del dicho al hecho siempre estuvo inmersa en hipotecas para asumir gastos de operaciones, de inversiones en la misma tierra, … Una gran matriarca, la “patrona” la llaman y la llamaban, “la tierra en tiempos de hambre siempre da algo que comer” decía.
Nuestra familia tanto por parte materna como paterna ha sido de tradición agrícola y ganadera; en el caso de mi padre, combinando la actividad agrícola con otras actividades económicas. De hecho, nuestro padre, fue un de los socios-fundadores de la Cooperativa “La Candelaria”.
Para nosotros, la agricultura siempre ha formado parte de nuestras vidas, nos hemos criado practicándola y viviendo de ella. Hoy no dependemos de esta práctica para sobrevivir, sin embargo, sentimos que tenemos que continuar con este noble legado que hemos heredado de nuestra madre y ésta a su vez de la suya, y así llegamos a nuestros antepasados. El motivo que genera este sentimiento no lo sé explicar, pero estén seguros de que se lleva dentro, muy hondo... Es una tradición que tenemos y llevamos desde muy atrás, y nuestro deber es transmitírsela a nuestras hijas e hijos.
Hablando de tradición, de nuestras vidas, como no hacer referencia a nuestra memoria, nuestros recuerdos, que por suerte hoy no solo son nuestros, pues los hemos podido compartir con otra gente; pero también los han vivido mis hijas, el mismo espacio de juegos, de trabajo, solo que en un espacio temporal diferente.
Si recurro a mi memoria, a la de mis hermanos, veo a los guayeros colaborando en el cuidado del ganado, pasando las noches en la cuadra junto a la paja cerca del alimento de los animales; recuerdo el festejo que era para nosotros subirnos a los trillos para ver quien daba más vueltas a la era; los viajes a Las Mercedes para llevar el trigo a la trilladora y a la Molineta para tostarlo y luego molerlo; las tardes en las que mi madre nos mandaba a rellenar colchones con granzón y las primeras noches de descanso sobre éstos, en las que el descanso era poco porque se nos clavaban las espigas que salían por fuera del forro del colchón; las mañanas en la que salía corriendo con una taza con gofio y azúcar en las manos para llenarla con leche de vaca recién ordeñada; las comidas en la parte alta de la montaña, pues a falta de una pista para subir y bajar rápidamente, cuando sembrábamos arriba mi madre preparaba pescado y en la misma cima, con leña, metía las papas en el ‘caldero negro’ y las arrugaba para luego acompañarlo todo con gofio y comer sobre un mantel y bajo la sombra de un eucalipto. También estaban las fiestas de San isidro en El Chorrillo, teníamos que limpiar el ganado y las escolleras, todo se preparaba desde una semana antes; los viajes en carreta a la fuente de Zamorano en busca de agua porque ya se había acabado la de lluvia.
La memoria también me trae la imagen de los animales, las vacas, los bardinos, los burros, especialmente uno de ellos que mordía, y el mulo. Con los años hay una imagen que se ha repetido, chicos nosotros teníamos una vaca que murió en el parto teniendo que criar al becerrito con biberones de leche; años más tarde he visto como han sido mis hijas las que bajo la tutela de mi madre aprendían a darle de mamar a los baifos. La Montaña de Carbonero guarda la historia y vivencias de generaciones; juegos de escondite entre eucaliptos y trigo; chistes mezclados con tortilla, pescado, papas nuevas y buen vino del país en la recogida y escogida de papas y tantos otros momentos. En definitiva, una combinación de elementos sociales, culturales, agrícolas que tienen un valor incalculable.
Una infancia ligada a la agricultura y a la ganadería, quizás a esta última en menor medida. Hoy, seguimos cultivando la tierra y hasta hace unos meses, uno mis hermanos tenía aproximadamente unas 60 cabras que tuvo que vender por motivos de salud. Por cierto, varias cabezas de este ganado hicieron acto de presencia frente a las puertas donde se reunía la COTMAC en Santa Cruz en la protesta contra el PGO del Rosario que realizamos en julio de 2006.
La producción en Montaña Carbonero hoy
En la actualidad, uno de mis hermanos, de profesión Ingeniero Técnico Agrícola es quien dirige la explotación familiar.
Para facilitar las labores en la finca hemos adquirido maquinaria agrícola, como una abonadora, un tractor y otros enseres agrícolas necesarios para la producción, todos ellos subvencionadas por la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación.
Nuestra explotación agraria es fundamentalmente familiar. Las labores agrícolas las combinamos con nuestras profesiones. No sólo nosotros, sino también mis hijas participan desde chiquititas en estas labores que llevamos a cabo en la tierra. Una práctica, que en el caso de una de mis hijas, la ha llevado al ámbito profesional, pues está finalizando la carrera de Ingeniería Técnica Agrícola, siguiendo con la labor y la tradición de la familia, lo cual nos enorgullece a todos.
En cuanto a nuestros cultivos, tenemos claro que en nuestra finca estos se tienen que desarrollar siguiendo las pautas y principios de la agriculturaecológica y tradicional.
En nuestro caso, tenemos la oportunidad de poder poner en práctica una agricultura de regadío, que llevamos a cabo en una finca que está situada en Geneto; y otra de secano, que es la que desarrollamos en Montaña Carbonero, en La Esperanza. Enla Finca de Geneto cosechamos papas, lechugas, cebolla, puerros, fresas, tomates ... ecológicos teniendo en cuenta el medio en el que se produce y la calidad de la producción. En la Montaña Carbonero, nos dedicamos al cultivo de millo, trigo, y otros cereales; además del cultivo de papas de color, variedades del país, y papas de semilla importadas como la “uptodate”.
He de comentar que, para la producción de cereales, dependemos, en parte, de subvenciones de la Consejería de Agricultura que nos sufraga parte de los gastos de adquisición de las semillas.
Atropello a una familia, a una forma de vivir
Como decía mi madre, “cada uno en su casa y Dios en la de todos”, nosotros siempre hemos sido gente de estar en nuestra casa sin meternos en nada ni con nadie. Pero, como bien nos enseñó una ‘patrona’ con los nuestros y lo nuestro no se mete nadie.
Dentro de la política de expansión del cemento por parte del alcalde de El Rosario y como muestra de ello el último PGO de este municipio, nuestros terrenos han sido objeto de una persecución por parte de D. Macario Benítez y su equipo de Gobierno.
En los últimos años y con la aprobación del PGO, el acalde de El Rosario, que presume de contar en el municipio con un monumento a las lecheras cuando se le habla de la destrucción de la tradición agrícola y ganadera del municipio, ha erradicado más de un millón y medio de metros cuadrados de suelo rústico para convertirlo en terrenos para adosados y crecimiento urbanístico desorbitado.
La Montaña Carbonero, símbolo para los esperanceros, y parte de ella propiedad de nuestra familia, siempre se ha protegido, conservado y cultivado. Jamás hemos tenido ninguna intención de venderla o cambiarla por otros terrenos. Sin embargo, D. Macario Benítez llevaba años intentado hacerse con estas tierras, inicialmente quiso construir un cementerio en el cráter; ahora, años después, se le ocurrió ubicar en la zona una, de las tan de moda, unidad de actuación.
En el proyecto inicial del PGO de El Rosario, como comento, nos ubicó una unidad de actuación en la mejor zona de cultivo de toda la finca de Carbonero, situada en la base de la montaña. Esta unidad acababa con unos 10000 m2 de suelo rústico que convertía en urbanizable. Desde ese momento, nos opusimos a tal aberración contra nuestras tierras; la respuesta por parte del señor alcalde no pudo ser más visceral y contundente. La unidad de actuación tenía que ser retirada ajustándose al marco legal, pero en la siguiente propuesta de Plan, nos expropiaba unos 145000m2 para hacer un parque periurbano. Dicho parque comprendía la construcción de una carretera de 9 m de ancho desde la base de la montaña hasta el cráter; además de una edificación en la cima de ésta que ocupaba unos 1000 m2 y cincuenta plazas de aparcamientos, toda esta infraestructura que, curiosamente solo afectaba a los lindes exactos de la Montaña de la que nosotros somos propietarios, ¡qué casualidad!.
Por supuesto, nosotros nos seguimos oponiendo a los planes de este señor, y al continuar con esta oposición, la siguiente respuesta, plasmada sobre un nuevo plan, de D. Macario Benítez fue convertir la totalidad de la propiedad, incluidala vivienda familiar en un parque periurbano, 165000m2.
Una vez aprobado el Plan en el Pleno del Ayuntamiento, con los votos en contra de PP, e IR, este es presentado en la COTMAC para su aprobación definitiva. Sinembargo, desde este foro se rechaza el documento debido a la cantidad de disparates urbanísticos, que se proponía realizar en todo el municipio, incluida Montaña Carbonero.
Mientras esto ocurría, el señor alcalde se dedicó a dar de baja por decreto a todos los miembros de mi familia que estamos empadronados en El Rosario y a mandar a la policía a vigilar la casa para ver cuando entrábamos y salíamos.
Lo último de esta historia, tras la aprobación del Plan por la COTMAC, es que el alcalde, porque estamos hablando de una persona, ha vuelto a tocar los terrenos que se encuentran en la base de la finca; estableciendo, de nuevo, una unidad de actuación que pone en peligro 10000m2 de terreno con un valor agrícola incalculable, cuyo potencial agrícola se demuestra en que es capaz de producir hasta cuatro cosechas anualmente de agricultura en secano. De dicha unidad de actuación hay que resaltar el “buen hacer” de D. Macario, ya que, por los terrenos nos traza una calle de 400m de largo por 12 de ancho y nos divide la propiedad en dos partes. También hay que resaltar, ¡qué casualidad!, que dicha calle une dos terrenos propiedad del señor alcalde, la imagen clara de la política en beneficio propio.
Con lo expuesto, nuestra familia tiene claro que vamos a continuar luchando y defendiendo la tierra, nuestra memoria, nuestras raíces. Desde la base de Montaña Carbonero hasta su cima queremos que siga igual, porque la tierra es lo que nos queda y porque así también lo han querido nuestros antepasados; a ellos solo les queda el dinero. La hemos cultivado, la hemos luchado y seguiremos haciéndolo, porque creemos en un futuro digno y de calidad para las generaciones que llegarán, queremos que la memoria y los recuerdos míos y de mis hermanos y que también lo son de mis hijas, puedan ser vividos y tengan que ser contados a los que vendrán.
Familia González. 3/06/07
20-12-06 La familia de Montaña Carbonero responde al sin-vergüenza más grande del mundo

27-08-06 Agricultores y ecologistas piden que el caso de Montaña Carbonero no sea una excepción

07-08-06 El tractor tumbó a la hormigonera en Montaña Carbonero

21-07-06 Colectivos y ciudadanos anónimos le plantan cara a los piratas de la COTMAC

12-12-06 Macario Benítez continúa con sus cafradas en El Rosario

12-01-07 El Rosario 'connection'

02-07-06 ¿Parque periurbano o indecencia socialista en El Rosario?

21-05-07 'Sí se puede', y se debe, defender el suelo rústico