Del tranvía y de su eficacia, que justifique mínimamente lo que nos ha costado, todavía se puede hablar poco porque apenas si se nos ha comenzado a pasar el efecto de la novelería. Pero fundamentalmente no se puede opinar mucho porque, como primera medida técnica, el Cabildo ha impuesto la ley del silencio en cuanto a los datos que verdaderamente interesan.
Algún sindicato habla de una disminución del 25% en la utilización de algunas líneas de guaguas, se habla de un plan especial para salvar al sector del taxi y el Borrego amenaza con cerrar las puertas del tranvía para identificar y multar a la gente que no paga, aunque se niega a dar las cifras de los viajeros que se están montando de gorra. Tampoco se habla de qué ha pasado con esos 44.000 coches que iban a dejar de entrar en Santa Cruz, ni cómo van a regular definitivamente las líneas de guaguas y a lo más que llegan es a anunciar que aprovecharán el verano para regular los semáforos. Que a buenas horas.
Yo no sé, no lo he entendido nunca, por qué esos datos que recibe en tiempo real el Cabildo sobre usuarios del tranvía, sobre aforos de tráfico, sobre retrasos en los servicios, incidencias y demás no están disponibles para todos los que pagamos los servicios en internet o donde sea. No entiendo a qué tanto maquillar cifras ni qué es lo que realmente está temiendo esta gente. Además, me avergüenza oír a responsables públicos decir que el tranvía ha permitido que muchos minusválidos 'que se encontraban encarcelados en sus casas' hayan ganado en movilidad, porque significa el reconocimiento público de que han sido incapaces de conseguir que la inmensa mayoría de las personas con problemas de movilidad puedan utilizar la guagua que, de momento, es el único transporte colectivo que llega prácticamente a todas partes, pese a las inversiones en vehículos de piso bajo y rampas que, en su inmensa mayoría, ni funcionan.
Y si bien es normal, por mucho que siempre lo negaran desde el Cabildo, que se produzcan accidentes, pareciera que lo de estas primeras semanas no fuera como muy presentable, que digamos. Ya hace un tiempo dábamos estadísticas de accidentes de otros lugares como Valencia, después de dos años, y al ritmo que lleva el de Tenerife podría convertirse en uno de los más peligrosos del mundo. Y eso no es consecuencia de otra cosa que de un desastroso diseño del que ya dijimos en su día que nos parecía imposible que se le pudiera dar certificación de seguridad alguna. Máxime cuando hasta ellos mismo reconocen que no tienen todavía muy claro ni cómo van a regular definitivamente ni los semáforos.
A mí me parece, quizás sea sólo una impresión, que las instrucciones con la que están funcionando los conductores del tranvía no sólo son de una conducción agresiva, entran en los cruces como tiros, sino que pareciera que están tan obsesionados por los 37 minutos famosos que van más rápido incluso que otros tranvía que, como el de Barcelona que es exactamente igual, discurre por inmensas avenidas llanas que no presentan los problemas de nuestras calles y callejones estrechos, llenos de pasos a nivel sin barreras de ningún tipo y de pasos de peatones absolutamente criminales. Y pocos incidentes ha habido, o conocemos, para lo disparatado de ese trayecto.
Y sólo unas imágenes de este mismo sábado, a parte de que ya se observan muchos de los escasos asientos libres por un nivel de usuarios bajísimo. Un río de mierda salía de una alcantarilla durante toda la mañana en la zona de Nuevo Obrero, una zona donde todos estos servicios han sido totalmente renovados por las obras del tranvía. Un martillo levantaba adoquines frente a las cocheras de Taco, que yo no sé ni cuántas veces han levantado esos adoquines ya después de que los pegaran a toda prisa cuando vino el Juan Carlos.
Además de otras curiosidades también reproducimos las portadas de la prensa local de este viernes. El Día, como casi siempre suele hacer cuando la cosa se pone fea, ocultó a sus lectores la foto que hubiera llevado a su portada cualquier periódico medianamente independiente del mundo, que no era otra que la imagen del tranvía descarrilado tras haberle embestido una guagua de TITSA. Y es que El Día está bastante ocupado en reclamar un 'estatuto especialísimo' que permita la independencia de la isla de Tenerife del resto del Archipiélago y del propio Estado y no tienen tiempo de ocuparse un poco de la suya propia como medio de comunicación social. Pero con este ganado tenemos que arar.
Toda la mañana del sábado estuvo saliendo agua de esta alcantarilla
en una zona recientemente urbanizada por el Cabildo con la coña del tranvía.
El martillo hidráulico trabajando ya frente a las cocheras.
La guagua indefensa y abandonada frente al caprichito de la ATI
El Día abrió con la imagen de un tanatorio de lujo
Metropolitano ha disminuido las frecuencias, de
siete minutos y medio a diez por los accidentes