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Tenerife
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¿Sabe alguien dónde está CCOO, el sindicato mayoritario de la policía local?

25 - 06 - 07

Yo no sé qué tiene la UNIPOL que no tenga ese guardia de barba blanca, motorista, que de vez en cuando es acribillado desde los medios de comunicación por poner multas que, esencialmente, es en lo que consiste su trabajo como guardia de tráfico en Santa Cruz.

No hace tanto tiempo que el Pepe Moreno, que dispone libremente de una potente alcachofa a su antojo como director de Radio El Día -desde donde habitualmente avisa de los controles de la Guardia Civil de Tráfico-, despellejaba públicamente al mismo agente por una multa que le metió a una amiga o conocida. Porque es que, por lo visto, la cosa es que el tipo no está por la labor de que le vengan a comer la oreja después de haber empapelado a un coche por mal aparcamiento o por una mala maniobra.

Es uno de esos guardias que forman parte ya casi de la imagen de Santa Cruz, de esos que está uno acostumbrado a ver de siempre en su vieja moto siempre intacta y que, por lo visto, no perdona una multa ni a su propia sombra. Y yo no sé si las multas se deben perdonar o no, a la Guardia Civil ninguno de estos valientes que se meten con este hombre se atreve a sugerirle algo semejante y lo más que hacen es llamar a Domingo Medina a ver si puede hacer algo, supongo. Pero a éste no, a este le dicen directamente desde el periódico de más tirada de Tenerife cosas como: "El dinero cuesta mucho ganarlo para que nos lo robe un tipo que genera tantos cabreos como este…". En los puntos suspensivos falta algo como lo de "cabrón", sólo que al columnista de El Día le parece menos grave llamarlo ladrón, por lo visto.

Y yo sí he visto trabajar al guardia de la barba blanca. Hace un tiempo llegó a la rotonda del Corte Inglés, totalmente colapsada, y la despachó en un un momento, lo que cuatro o cinco guardias jóvenes y musculosos, de éstos del king boxing que acaban todos en la UNIPOL, hubiesen tardado en solucionar un par de horas, si no es que enredan más el atasco. Tuvo tiempo de advertir a un motorista de que no dejara a moto en la puerta del centro comercial y, cuando terminó de despejar la rotonda, multar a dos motos que no hicieron caso y aparcaron incorrectamente.

En la zona del mercado la gente se avisa cuando se enteran de que llega y proceden a dar un par de vueltas con el coche hasta que se marcha, para volverlo a dejar mal aparcado. El chiquillaje joven pasa de complicarse la vida y pasan por los infractores como si tal cosa. Y lo que exige el autor del artículo de este domingo, de que se le perdone una multa porque, pese a encontrarse su coche en un paso de peatones, lo había dejado sólo unos minutos con los cuatro intermitentes, me parece motivo suficiente como para que le retirase alguien el permiso de conducir por una temporada.

Pero acaso por eso Santa Cruz se está convirtiendo no sólo en una ciudad sin Ley, sin normas de ningún tipo, donde el jefe de los guardias ofrece trompetazos públicamente a los ciudadanos sin que ningún plumilla le critique por ello, o donde los sindicatos se ponen como fieras y amenazan porque la gente se alarme al ver un joven con los besos hinchados por la UNIPOL pero admiten, con toda naturalidad, que se acuse de todo lo divino y humano a un currante. Con mejor o peor genio, que no le vamos a defender nosotros por sus formas de contestar cuando le tocan las narices, pero que en lo de hacer cumplir con las normas del tráfico, algo fundamental que nos beneficia todos, es un auténtico fiera parece que nadie lo discute.

Y acaso lo que haría falta en Santa Cruz, yo no lo sé, serían menos Hilarios agresivos y mal educados, menos UNIPOL y quince o veinte guardias de barba blanca que pusieran en su sitio a tanto pijo que, sin ser de barriada, se consideran unos cuantos escalones por encima del bien y del mal. Lo de los sindicatos, o lo de CCOO, que se lanzan como leones contra unos ciudadanos que, acertada o equivocadamente, se sienten indignados por una actuación de la UNIPOL, que si no le dieron una paliza a ese chico de Ofra es el diablo por ella -nosotros no somos jueces ni queremos serlo visto lo visto-, y, sin embargo, no adoptan medidas drásticas ante esta forma de despellejar y tratar de delincuente a un trabajador, fácilmente identificable por todo el mundo, pareciera algo verdaderamente patético.

Porque en esta tierra la prensa se pone borde con los jueces por tratar muy duramente, según el Chaves y el Vargas, a unos chicos pijos por cargarse a tres personas al hacer machangadas con sus potentes coches por el centro de Santa Cruz y, al mismo tiempo, justifican que la UNIPOL le pueda hinchar la cara a un joven de barriada, como dice el patético del Peytaví, por hacer un poco el indio con la moto. Y como algún guardia los trate a ellos como al resto de los mortales, simplemente multándoles por aparcar sobre un paso de peatones y sin consideraciones a su preeminencia social, son capaces de despellejarlo públicamente desde sus medios porque, cómo no, se consideran por encima del bien y del mal, a mucha distancia de resto de los mortales que no disponen ni de columnas ni de alcachofas para insultar desde el grupo El Día. Así somos y es difícil que nadie nos vaya a cambiar ahora.

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Policía Local al acecho

Qué casualidad. El miércoles pasado acudí a un centro sanitario para que me hicieran una radiografía. Me habían dicho que tenían horario continuado por lo que, aunque ya era más de la una y media, no tenía por qué preocuparme. Aparqué como pude -la mitad del coche bien y la otra mitad "infringidor" de las normas, pero sin molestar a nadie, léase peatón o vehículo parado o en movimiento. Está el tráfico como para desperdiciar fracciones de aparcamiento…- y me dirigí a la clínica en cuestión. Como el camino de pasillos era conocido, fui directo a la sección de radiología. Cerrada. Sin cal y sin cantos pero cerrada. Volví sobre mis pasos y en recepción me aclararon que cierran de una a dos para almorzar. Comencé a entender la relatividad de los conceptos, la elasticidad de los términos y la realidad de los horarios. Entendí que en todos los trabajos se fuma y, por supuesto, se almuerza, sin que por ello el horario deje de ser continuado.

Me senté a esperar y cayó sobre mis manos una de esas revistas que Millás llama de gama alta, sin saber qué coño quiere decir gama. Ustedes me entienden, esas revistas gordas, de papel de calité suprema, que te pones a mirarla y no encuentras más que anuncios de esos de los que nunca seremos consumidores ni por casualidad. Lo primero, el precio de la revista: 4,50 euros -unas setecientas cincuenta pesetas-. ¡Agüita! Empiezo a pasar páginas: perfumes carísimos, vinos añejos que nos darían acidez con solo recordar el precio, relojes inalcanzables en los que para colmo ni se ven las agujas, puros habanos, zapatos para andar por las alfombras, no se vayan a raspar y jodamos un par de billetes verdes o morados… Y qué les digo de las diez o doce páginas no publicitarias… Sale cada elemento y elementa que vamos, deben meter también la cabeza en el congelador y tener la plancha con laca porque ya me dirán dónde se han ido las arrugas -de la piel, de la ropa o las cortinas- siempre como un jaspe y vestidos como si fueran a la boda de la condesa de las orejas tiesas. Recórcholis con la jet set… si mearán colonia, no te digo.

Bueno pues eso, que no les encuentro razón de ser. Los contenidos se caen de pura memez, y los anuncios de galácticos para arriba. Clínicas y consultas médicas aparte ¿quién más puede comprar esta basura con brillo? "¿Où est la rentabilité?" Otro misterio como el del horario continuado con cierre accidental diario de una horita por causa de almuerzo. Pero no era este el asunto que les traía para hoy. Aunque también se trata de money. O de gilipollez que, a veces, en los retorcidos senderillos de la vida también coinciden.

Se trata de un elemento, con casco de motorista y barba blanca, por más que el azul le iría mucho mejor por aquello del pirata, dado que el atraco parece objetivo común en uno y otro.

No es de recibo que sujetos así campen a sus anchas amedrentando a la gente, ciudadanos de bien, que bastante tienen con llegar a fin de mes tras sortear como se puede los envites de la hipoteca, la guardería, el agua, el teléfono y la luz, las gasolinas y el supermercado. No se pueden consentir abusos de autoridad de policías municipales como el susodicho, tan conocido por la ciudadanía y con una mala leche que le aleja hasta el infinito de lo que se entiende por sentido común. Muy mala infancia tuvo que pasar. Pocos besitos le dieron de pequeño o muy estreñido debe andar para agotar los bolígrafos sin misericordia alguna, multa tras multa. Para colmo, como valiente que es, pone la multa y pone pies en polvorosa hacia la otra punta de la ciudad no vaya a reclamarle algún afectado y vaya a tener razón, lo que nunca reconocerá. Mire usted, no sé quién le daría el visto bueno para que entrara en la policía local. La cual está para protegernos y no para jo... como usted lo hace cada día. Un coche aparcado y que ocupa una mínima parte del paso de peatones y que está con los cuatro intermitentes encendidos y cuyo conductor no tarda más de cuatro minutos contados en hacer la gestión, no está perjudicando a nadie. No merece una multa y otro compañero suyo no se la pondría ¿O sobran aparcamientos en Santa Cruz? En esos cuatro minutos acribilló a más de diez coches sin que hubiera ninguna doble fila, ni garaje atascado, ni peligrosidad ninguna o retención de tráfico. La ley está para cumplirla pero también para interpretarla. El ciudadano se queja de las dobles filas, de los caraduras que se saltan los semáforos o circulan muy deprisa, de los que ponen en peligro su integridad. Usted, que saldrá muy rentable al ayuntamiento porque estoy seguro de que recauda más que una veintena de sus compañeros, es una mala imagen para la policía municipal, para su jefa, para el concejal responsable y para su alcalde. No nos merecemos agentes que se dediquen a estar al acecho para "pillar". Te cogí y te jorobaste. El dinero cuesta mucho ganarlo para que nos lo robe un tipo que genera tantos cabreos como este… ya no sé cómo referirme a él sin ser irrespetuoso.

Hago un llamamiento a quien corresponda -alcalde, concejal, jefa de policía…- para que ponga fin a este provocador de fobias y rabias, métanlo en un despacho a escribir cuentos, aunque el lobo de Caperucita se coma también a los Siete Enanitos, a los Tres Cerditos, a la Cenicienta y al Flautista de Hamelin. Al fin y al cabo sería un cuento y lo que hace ahora es, tristemente, una insoportable realidad.

De los radares de tráfico y su colocación en sitios sin peligro sólo para pillar-recaudar les hablaré otro día.

Feliz domingo.

Adebernar@yahoo.es

Fuente: El Día, 24-06-07


'Si no estuviéramos aquí te metía un piñazo por mentiroso...'
Hilario Rodríguez, concejar de seguridad del Ayto. Santa Cruz

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