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Tenerife
                           
El futuro agrícola canario será ecológico o no será
                           
05 - 07 - 07

 

Por Jose Almeida Afonso

A ningún atento observador de la realidad se le escapa que el futuro del sector primario -es decir, las actividades económicas englobadas en la agricultura y la ganadería- han ido decantándose claramente en los
últimos años   -dentro de los territorios que están insertos en la Unión Europea-, hacia  lo que convendremos en denominar "ecología agrícola". Tal es así que los más serios y rigurosos analistas de las posibles y más
rentables  tendencias de los mercados  europeos pronostican que, a medio y largo plazo, la ecología agrícola  será la que prevalezca sobre la llamada agricultura convencional o productivista.  Esto es así por múltiples factores que han coincidido paralelamente.

Pero antes de analizar los motivos, las razones de este incuestionable panorama, veamos cómo se define: la ecología agrícola se caracteriza principalmente porque es un sistema de producción que evita o excluye de
una manera amplia el uso de fertilizantes sintéticos, pesticidas, reguladores del crecimiento y aditivos en los piensos. Hasta donde es posible se utiliza la rotación de cultivos, estiércol, leguminosas, desechos orgánicos, rocas o minerales triturados sin transformar, así como el control biológico de las plagas.  Todo ello para mantener la productividad del suelo y el cultivo, para proporcionar nutrientes a las plantas y para controlar los parásitos, las malas hierbas y las enfermedades.

Si nos fijamos en las estadísticas de este sector desde la entrada en vigor de la legislación comunitaria sobre agricultura ecológica en 1992, observamos que la evolución de este sector ha ido paulatinamente en alza, mientras que la dedicación a la llamada agricultura convencional ha descendido notablemente.

Canarias ha pasado en la última década  de 35.000 a 9.000 hectáreas de cultivo convencional, mientras que la agricultura ecológica ha experimentado un aumento de 38 a 890 hectáreas. Aunque sólo representa todavía una mínima parte de los cultivos se prevé que su evolución -como en el resto de los territorios de la Unión Europea- es al alza. De todos es sabido que el tipo de agricultura de exportación que predomina hoy en Canarias está basado en el monocultivo de variedades de alto rendimiento y ayudada en su labor por el empleo masivo de productos químicos y alta tecnología, características que debemos variar si queremos salvar al -ya de por sí deprimido-, sector primario y ser competitivos en los nacientes mercados ecológicos europeos (hay que tener en cuenta que alrededor del 10% de los cultivos europeos ya son ecológicos, mientras que en Canarias apenas alcanzamos el 1%).

Pero no sólo para poder ser competitivos. Hasta hace relativamente poco tiempo casi nadie se planteaba los impactos negativos, a veces de carácter irreversible, que la agricultura llamada convencional produce sobre el medio natural (a la tierra, pero también al  agua y hasta al aire), pero sobre todo al ser humano.

Una mayor concienciación de los ciudadanos de los países industrializados, no sólo hacia el cuidado del medio ambiente, sino también hacia  la calidad de  los productos alimenticios que consumen, están favoreciendo y ayudando a variar la tendencia actual de los cultivos europeos -y por lo tanto también de los canarios-, hacia una mayor extensión de la ecología agrícola.

El sector agrícola en Canarias debe replantearse cuanto antes su preponderante dedicación a la práctica intensiva, productivista, de sus cultivos y optar por una agricultura ecológica: es menos  productiva, pero no contamina el medio ambiente y los productos son de mayor calidad para la salud de las personas.

Una cosa es cierta: cada vez hay mayor conciencia sobre la incuestionable realidad  de que en   25 años, la agricultura intensiva ha empobrecido de manera notable nuestros recursos de agua, suelo y patrimonio genético, poniendo en grave peligro la salud de los agricultores y los consumidores.

Los problemas ocasionados por la utilización de productos químicos son más difíciles de enmendar que los que han resuelto éstos. Por ejemplo en Canarias, debido a la masiva utilización de invernaderos en los cultivos
y al clima subtropical que favorecen la aparición de plagas, se utilizan unos 90 kilos por hectárea de sustancias químicas en la agricultura convencional, lo que está ocasionando, como ya se apuntó,  una grave contaminación no sólo para el suelo, sino también para los productos obtenidos. (En los restantes terriorios de la Unión Europea se emplean tan sólo unos 4 kilogramos por hectárea).

Teniendo en cuenta los efectos negativos que la utilización de  estos productos  provoca  sobre el medio y la salud, la agricultura ecológica no permite la utilización  de herbicidas y plaguicidas químicos, ni tampoco de los abonos minerales de síntesis. El resultado de ese trato respetuoso es la obtención de productos agroalimentarios absolutamente naturales, y con un nivel de calidad que no pueden ofrecer los productos de la agricultura convencional.

Como se advertía en la primera entrega de esta serie de reportajes sobre el futuro agrícola en los territorios que pertenecen a la Unión Europea, la tendencia actual es hacia una creciente extensión de lo que hemos convenido en llamar "ecología agrícola", mientras se observa una notable disminución de  la agricultura productivista.

Es indudable que a éste fenómeno ha contribuido, de manera fundamental, la creciente toma de conciencia por parte de los ciudadanos de las cuestiones relacionadas con la seguridad alimentaria y los problemas medioambientales.

La agricultura ecológica se ha convertido de hecho en uno de los sectores agrarios más dinámicos dentro de la Unión Europea. Entre 1993 y 1998, dicho sector creció anualmente alrededor de un 25% y se estima que, desde 1998, su crecimiento se ha cifrado en un 30% anual.

Pero no debemos pensar que la agricultura ecológica es algo novedosa. Es un método que recupera conocimientos y actuaciones de los agricultores tradicionales y los actualiza, teniendo presentes nuevas técnicas aplicadas al campo de la agronomía.

Como hemos  visto, la agricultura ecológica respeta los propios mecanismos de la naturaleza para el control de las plagas y enfermedades en los cultivos y en la cría de animales, evita la utilización de plaguicidas, herbicidas, abonos químicos, hormonas de crecimiento, así como la manipulación genética.

Pero veamos ahora una cuestión que es principal: todos los organismos independientes internacionales han advertido reiteradamente del enorme peligro que supone para un país depender de una economía de monocultivo. En Canarias, en tan sólo 30 años se ha pasado de la dependencia del monocultivo agrícola, al monocultivo del sector turístico. Y esto es a medio y largo plazo una irrevocable sentencia de muerte: seguimos vivos en el corredor de la muerte a la espera sólo de que las caprichosas fluctuaciones del mercado internacional firmen la última y definitiva sentencia.

Por esta razón las Instituciones Públicas, en primer lugar, son las que deberían gestionar los diferentes recursos disponibles, tanto humanos como materiales, en diversificar la economía del País -en nuestro caso,
la economía de Canarias-. Pero ¿Cómo puede un Gobierno gestionar algo sobre lo que no tiene ningún poder? ¿Hasta qué punto se implican y comprometen los políticos canarios en cambiar las negativas,
perjudiciales y contraproducentes tendencias de las diferentes empresas privadas, tanto locales como foráneas,  cuyo único fin es especular, esto es, con el mínimo esfuerzo, sacar la máxima rentabilidad, esclavizando para ello en un trabajo alienante a un buen número de nuestros compatriotas y, encima, actuando negativamente sobre el medio natural?

La respuesta es fácil: simplemente no pueden gestionar porque no tienen el suficiente poder; sencillamente no se pueden implicar ni comprometer porque no hacen suyos los verdaderos problemas del pueblo canario.

No piensen que esto no tiene nada que ver con el tema concreto de la ecología agrícola. Tiene que ver y mucho. Un Gobierno con auténtica amplitud de miras, con cierta visión de futuro, legislaría apoyando sin
condiciones a la agricultura ecológica: potenciando con cursos de formación, con suficiente asesoramiento a los agricultores, con nuevas ayudas a este sector, ya de por sí en lamentable decadencia,  en beneficio de un sector tan vulnerable como es el turístico.

Ahora que se habla tanto de "desarrollo sostenible", apostando por la agricultura ecológica  se conseguiría conciliar la producción alimentaria -el ideal sería el autoabastecimiento alimentario-, la conservación de los recursos no renovables y la protección del entorno natural, de modo que podría satisfacer las necesidades de la población actual sin comprometer la capacidad de supervivencia de las generaciones futuras.

Una cosa está clara: si no invertimos en diversificar la economía de nuestra tierra estaremos abocados indefectiblemente a la destrucción definitiva del presente, pero sobre todo del futuro.

Un buen principio sería generalizar en toda Canarias la agricultura ecológica. ¿No es el principal bien de una persona su salud?.

ARTEVIRGO. LA ALDEA. CANARIAS

 
                           
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