Los procesos electorales y preelectorales traen consigo
maniobras de todo tipo de cara a arañar el voto. De forma más
o menos confesable todo el que puede utiliza cualquier mecanismo para
encandilar al votante en forma de campo de fútbol de césped
artificial, en forma de excursiones con bocadillos, inaugurando obras,
lanzando campañas institucionales multimillonarias sin sentido
alguno –la mayoría de ellas declaradas ilegales- en fin,
cualquier método es bueno para “trincar” al incauto
ciudadano.
Sin embargo parecería que hay determinados asuntos,
en los que la confianza y la colaboración ciudadana son fundamentales,
con los que no se debería intentar “manipular” al personal
o, sencillamente mentirle. Es sin duda el caso de la separación
en origen de los residuos tan fundamental en un proceso que tienda a la
gestión sostenible de éstos. Pero ni cortos ni perezosos
los políticos se han permitido el lujo de engañarnos con
este asunto inaugurando, un par de meses antes de las elecciones, una
planta de triaje para los envases procedentes de los escasos contenedores
amarillos que se repartieron –también poco antes de las elecciones-
por aquellos municipios donde más se sintieron amenazados los políticos
con la pérdida del poder, caso de La Laguna, Santa Cruz o el propio
Arico, municipio éste último donde se genera el 1% de los
residuos y debe haber más contenedores amarillos que en el resto
de la Isla en su conjunto. Todo ello acompañado de una campaña
en prensa, radio y televisión sin precedentes en esta materia en
Canarias, anunciando el reciclaje de los residuos que seis meses después
sigue siendo una gran mentira.
Algunos responsables políticos nos tienen cansados
desde hace décadas diciéndonos que eso de separar o de reducir
los residuos generados es cosa de los alemanes y los europeos del norte
que tienen más cultura, o sandeces de ese calibre. Probablemente
lo que ocurra es que a nadie por esa Europa se le ha ocurrido engañar
a sus ciudadanos con asuntos tan críticos, porque no es fácil
hacer lo que miles de vecinos han hecho en sus casas separando la basura,
colapsando las previsiones iniciales de ayuntamientos como el de Santa
cruz, para que después venga a enterarse –por la denuncia
de los trabajadores del PIRS- que les están tomando el pelo sin
ninguna explicación. Bueno, explicaciones sí ha salido a
dar alguien del ayuntamiento de Arico, diciendo que como hay poco trabajo
no van a hacer contratos temporales a los trabajadores.
Efectivamente, a los trabajadores no hay que hacerles
contratos temporales porque sus sueldos salen del “punto verde”
que pagamos todos los consumidores al comprar un producto envasado y ese
dinero está en manos de ECOEMBES, la empresa que lleva a cabo los
acuerdos con las administraciones para que funcione este sistema integrado
de gestión. Como nosotros no recogemos ni separamos los envases
el dinero que pagan los consumidores de Tenerife para recuperar los envases
–que por ley estamos obligados a hacerlo desde el año 2001-
se va hacia Las Palmas o hacia la Península con la consiguiente
menor saturación de los vertederos y creación de puestos
de trabajo y riqueza. Aquí por lo visto no sólo no tenemos
problemas de empleo, ni con los vertederos –y por tanto no hay prisa-
sino que además nos podemos permitir el lujo de echar por la borda
la colaboración ciudadana haciendo que el pueblo se sienta engañado
y estafado en su esfuerzo por mejorar las cosas. Aunque los políticos
nos consideren unos inútiles, la sociedad demuestra día
tras día que va muy por delante de ellos. Por cierto, ¿alguien
sabe dónde está la oposición política para
denunciar estos asuntos?
Es un grave error pensar que como en Arico son pocos y,
además, el alcalde ha reducido todo el asunto a una indemnización
económica, esto de los residuos es un “problema menor”
porque muy pronto se va a destapar con toda su crudeza. Dar la espalda
a este asunto como se ha venido haciendo desde que el PIRS pareció
descubrir una especie de “patio trasero” en esta Isla a donde
se podía mandar toda la basura sin control alguno, es una irresponsabilidad
que nuestros hijos tendrán que pagar en forma de deterioro medioambiental
y, porqué no decirlo, en términos económicos. Y es
que la factura de este desaguisado también nos va a costar mucho
dinero porque hay por ahí algunas leyes y directivas que habrá
que cumplir algún día. Más que nada porque hay vecinos
de la costa de Arico que están cansados de que les mientan descaradamente.
Juan Jesús González Afonso
08-04-08 Separar envases en La Laguna, una cojonuda manera de hacer el pinga
