Yo no sé si toda aquella gente eran conocidos o qué de las tortugas, nosotros desde luego que no teníamos el placer, pero el remolino de personas que se formo en la playa del Médano para la suelta de tres tortugas, una vez recuperadas de sus heridas y demás, fue de tal calibre que dudo mucho que los animalitos hubiesen tenido tiempo de conocer a tanta gente a lo largo de su estancia entre nosotros.
El caso es que aquello fue una cosa tremenda y desconfío de que a las pobres tortugas les queden muchas ganas de volver por aquí, por muy grata y provechosa que les haya podido resultar la visita. Porque hubo gente, lo puedo certificar, que hasta lloró al despedirse de los bichos que, en un determinado momento, pensé que podrían correr el riesgo de morir aplastadas con caparazón y todo. Y todo esto es una exageración, no fue ni para tanto ni tengo nada contra el acto, pero sí le hace reflexionar a uno cómo somos -y digo somos- tan amantes de la naturaleza y de sus maravillas para una cosa y, por otro lado, esa misma playa se puede quedar media cubierta de mierda y de colillas cuando cae la tarde. Mierda que, muchas veces, es la que después acaba con la vida de animalitos tan lindos y curiosos como éstos en forma de plásticos que se atragantan y demás.
Y seguramente era un buen día, el de este sábado, para detectar algunos de los elementos que dicen mucho de la tremenda contradicción en la que todos vivimos, o una inmensa mayoría, cuando poco antes de la suelta de las tortugas decenas de voluntarios recogían varias toneladas de basura en todo el entorno de El Médano, incluyendo espacios naturales protegidos como Montaña Roja. Lamentable y contradictorio como la vida misma.
Retiran cerca de 5 toneladas de basura de las playas de El Médano




Las siguientes imágenes se refieren a los voluntarios retirando basura del entorno del espacio protegido de Montaña Roja. De película.
















Acaso la actividad menos llamativa pero más importante que se llevó a cabo este sábado en El Médano fue la 'matanza' del erizo de lima (Diadema antillorum) que está acabando literalmente con casi cualquier forma de vida en nuestra costa. Un importante grupo de submarinistas se dedicaron a esta tarea siguiendo el ejemplo de lo que lleva haciendo a pulmón libre un vecino de Los Abrigos. Pero de esta alucinante historia esperamos ofrecer un reportaje más amplio un día de estos por su interés y por lo lamentable que resulta que instituciones como el Cabildo, con un barco en la zona, se negase a colaborar en esta acción.
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