Cuando yo le comenté a una periodista alemana, que sorprendentemente se interesó por la opinión de colectivos críticos con respecto al pasado incendio incendio forestal -lo que no hace prácticamente ningún medio de Tenerife-, que lamentablemente no íbamos a aprender nada de la desgracia ocurrida, entre otras cosas porque el periódico más potente de Tenerife
había centrado sus críticas en el hecho de que la repercusión internacional de la noticia fuese más importante para el incendio de Gran Canaria que para el desgraciado acontecimiento en el norte de Tenerife, que es la 'mayor y más importante'; la pobre chica no se lo creía.
Y a uno no es que le cauce especial satisfacción eso de reconocer que teníamos razón, y menos cuando a desgracias se refiere uno. Y desgracia es una prensa que acusa a la gente que opina distinto de cobrar de los canariones para destruir a Tenerife -'el oro amarillo'-, la tierra en la que criamos a nuestros hijos y que, posteriormente, se queja de que alguien pueda llamarlos 'estómagos agradecidos', como lloriquea hoy el Peytaví.
Lo curioso del caso es que el Peytaví ha desplegado, al mismo tiempo, toda su artillería para concluir en que tenemos unos políticos cojonudos. El hombre compara nada menos que los efectos del
Katrina
Nueva Orleans, huracán de fuerza 5 que arrasó por 200.000 viviendas y mató a unas 1.500 personas, con la cola de la tormenta Delta que el peor daño que produjo fue el tumbar un montón de torres podridas de Unelco. Y, cómo no, relaciona nuestro incendio con la ola de decenas de incendios -con características de planificación terrorista- que se están produciendo en la península del Peloponeso estos últimos días. Y evidentemente la conclusión no es otra que la propuesta de beatificación de Melchior, Wladimiro, Miguel Zerolo y, como no, del compañero éste de pupitre de Aznar que dirige Endesa.
Porque es que el Peytaví, verbigracia, se ha convertido en casi lo más cojonudo de nuestros columnistas. El tipo lo mismo dice que es algo así como normal el que la UNIPOL le pueda hinchar lo besos a un pibe porque es analfabeto, como escarmiento por no haber aprovechado los 'ingentes recursos' que el Gobierno de Canarias a puesto a su disposición para que aprenda, que te culpa a los ecologistas de que existan miles de viviendas ilegales, que te dice que si te gustan los inmigrantes negros los metas en tu casa. Así de fenómeno es el fulano.
Claro que todo esto es tan ridículo y absurdo, más que nada porque Wladimiro es barloventero -y todavía no se conoce a barloverntero alguno que necesite de ningún cantamañanas que le defienda de nada-, como el hecho de que Wladimiro ha sido un individuo que siempre estuvo censurado en El Día (cuando era medio comunista o algo de eso). Y trabajo le costó al hombre ganarse la confianza de don Pepito que, incluso cuando ya era consejero de Medio Ambiente, tenía que soportar que la editorial de don Leoncio Rodríguez (si levantara la cabeza) le publicase sus reflexiones sólo en las estrechas y menudas columnitas de 'cartas al director'.
La prueba de fuego, superada con todo éxito por Wladimiro, para conseguir un amplio y destacado espacio todos los domingos en El Día fue, sin duda, su postura a favor del tendido de 220 Kv por unos seis espacios naturales protegidos del sur de Tenerife, las famosas torres de Vilaflor. A partir de ese momento ya toda esta 'mafia' no sólo confía en él sino que le rendirá pleitesía hasta unos límites que, rayantes con la babosería, avergonzarían a cualquier profesional medianamente serio o sensato. Y eso que el Wladimiro, junto con el Melchior, se plantaron después en la manifestación gigantesca que paralizó ese disparatado y criminal proyecto, pese a haber sido sus principales defensores.
Y esto de la censura es algo que, llegado el momento, se puede hasta agradecer, y bastante. Y es que, en el caso nuestro, el hecho de que te censure El Día, Radio Club, Radio Burgado... y hasta Radio San Borondón (casi todo el espectro), representa un lujo de tal calibre que, probablemente, sea la razón última que explique el por qué nos hemos posicionado en internet en unos extremos que ni pretendimos ni imaginamos jamás con un formato de lo más artesanal y sin pretenciones de ser medio de comunicación ni nada que se le parezca. Todo un fenómeno que dice mucho de hasta qué punto está la gente cansada de tanto adulón que, gratuitamente, insulta y criminaliza a todo el mundo que no comulgue con los planteamientos de Antonio Plasencia o Ambrosio Jiménez. Hombres muy preocupados, como todo el mundo sabe, por el bien común de todos nosotros (valga lo que yo creo que es una redundancia). Y con todo este ganado es con el que tenemos que arar.
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La constatación de la injusticia del "gran"
LAS PRIMERAS LÍNEAS de este Editorial van dirigidas a las mujeres y hombres de Tenerife y Canaria que han sufrido de forma directa la tragedia de un fuego devastador que se ha vuelto a cebar en los más débiles. Desde aquí nuestras condolencias por lo sucedido y el firme deseo de que se tomen medidas para, dentro de lo posible, evitar en el futuro catástrofes de tamaña magnitud. Es en estos duros momentos cuando los canarios de las siete islas debemos sentirnos más unidos, partícipes de un proyecto común llamado Canarias en el que la solidaridad debe jugar un papel esencial, el mismo del que ha disfrutado en otras ocasiones marcadas por el desastre. Pero estos tristes incidentes no deben hacernos olvidar otros graves problemas que padece el Archipiélago, máxime cuando los incendios han constatado una vez más la urgencia de poner fin a una serie de errores consentidos e injusticias flagrantes que impiden una armoniosa y fructífera convivencia entre los canarios de las siete islas. Y es que el seguimiento de las informaciones ofrecidas por medios de comunicación de todo el mundo acerca de los incendios ha evidenciado una vez más de qué forma Canaria, conocida erróneamente como "Gran" Canaria, recibe un trato preferente, especial, a pesar de no ser la isla más importante del Archipiélago, relegando a Tenerife a un injusto segundo plano. El hecho de que la denominación de un determinado territorio se vea precedida por el apócope "gran" significa a ojos de quien desconoce la realidad del Archipiélago que se trata de la Isla más importante, y en este fenómeno podemos incluir tanto a medios extranjeros como españoles. Basta con echar un vistazo a las grabaciones de los informativos de televisión y radio, a las noticias publicadas en la prensa escrita, para comprobar que "Gran" Canaria precede siempre a Tenerife, que el espacio informativo es mayor y que, incluso, en alguna ocasión se convierte en la única isla de la que se habla. No podemos echarnos las manos a la cabeza por ello. Es, sencillamente, comprensible, porque el sentido común establece que el término "gran" se emplee para referirse a la isla mayor, como ocurre en los restantes archipiélagos del mundo. Los periodistas españoles, franceses, británicos, alemanes, italianos, norteamericanos... que desconozcan la realidad canaria confunden en toda lógica a Canaria con la isla más importante. ¿Es o no un falseamiento de la realidad?
Pero la cosa no queda ahí, porque el inadecuado y aberrante uso del "gran" ha originado de forma paralela un segundo error informativo en la prensa española y extranjera: la incorrecta valoración de ambos incendios. Y es que siendo catastrófico el fuego en Canaria y habiendo afectado tristemente a un importante número de personas que han perdido cultivos y viviendas, el auténtico desastre ecológico se ha producido en Tenerife porque, sencillamente, la riqueza vegetal y animal que se ha perdido es inmensamente superior a la afectada en Canaria, donde los principales daños los han sufrido palmerales y vegetación de menor entidad, tal y como se ha podido comprobar en cientos de imágenes. Sin embargo, el "gran" ha llevado a la prensa de todo el mundo a considerar que, de cualquier forma, ese era el incendio importante, y a convertir en protagonista principal a quien no debía serlo en detrimento de Tenerife. Sólo confiamos en que ese erróneo planteamiento no se aplique en las ayudas prometidas por la administración estatal, tan dada históricamente a favorecer a Canaria sobre las restantes islas.
Si lo ocurrido en el caso de los incendios lo extrapolamos al resto de las facetas de la realidad, comprobaremos hasta qué punto Canaria saca beneficio de un error histórico y cartográfico al que dotaron de veracidad personalidades totalmente carentes de conocimientos geográficos, tales fueron los casos de Viera y Clavijo y Abreu y Galindo, dos portavoces de las erróneas creencias de la antigüedad sobre Canaria, creencias que fueron alimentadas por el poder estatal como pago por el entregado vasallaje de dicha isla hacia los Reyes Católicos y su hija, Juana "La loca". Y por ello es necesario, ahora más que nunca, que ese "cómico" estatuto que reposa en alguna gaveta del Congreso de los Diputados establezca como nombre real de Canaria el que le corresponde, en lugar de situarla en posición de mirar sobre el hombro a las otras seis. Con ello se evitaría, al mismo tiempo, que esa isla sobresaliera de entre las demás, humillándolas, en un avión de una determinada compañía aérea que vuela por varios países con los nombres de las Islas serigrafiados. Los argumentos para eliminar el "gran" son tan nítidos y contundentes que obviarlos sería sinónimo de mala gestión política, de iniciar un mandato con el estigma de quien consiente un error, una injusticia, a sabiendas de los daños que se van a infligir. El nuevo presidente canario, el señor Rivero, debería tomar buena nota de ello, porque lo que aquí exigimos no supone vilipendio alguno hacia Canaria, y mucho menos hacia los habitantes de esa isla, a quienes apreciamos sinceramente y sentimos cerca, sino sencillamente su ubicación en el sitio que le corresponde. Hacer las cosas bien, señor Rivero, es el primer paso para demostrar que gobernará usted para todos los canarios, y para demostrar que va a ser usted un presidente diferente, más ecuánime y empeñado en evitar desequilibrios. Sin olvidar, claro está, la eliminación del Estatuto del orden alfabético, absurdo, irracional anacrónico y fuera de lugar, y del escudo que rompe una tradición de siglos para ningunear a Tenerife. El camino, señor Rivero, se demuestra andando.
Don Paulino, además de por el fuego, Tenerife está que arde y no es bueno que la isla mayor y más importante del Archipiélago esté sufriendo vejaciones sin cuento. No se sume usted a los partidos estatalistas, que todos tiran para la tercera isla. Sea usted un verdadero nacionalista de las siete islas y si tiene que elegir alguna no olvide lo que ya le hemos dicho, la primera y principal es Tenerife. Si yerra se rompe el Archipiélago, que ya empieza a resquebrajarse y a pedir lo que le corresponde: soberanía, soberanía, soberanía.
EDITORIAL. EL DÍA,
JUEVES, 02 DE AGOSTO DE 2007
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Joven y analfabeto
DICEN LOS AFICIONADOS a los malabarismos lingüísticos que, a menudo, lo más interesante de una noticia es lo que está detrás. La noticia de la noticia, por utilizar una expresión estúpidamente de moda. No voy a comentar nada sobre las circunstancias que han llevado al hospital a un joven de 24 años, tras un percance con la Unipol en el barrio de Ofra. Algunos columnistas ya han cometido la imprudencia de sembrar dudas sobre la actuación de este cuerpo policial. Las mismas plumas -ironías de la profesión- que se rasgan las vestiduras a cuenta de los llamados juicios paralelos. Allá cada cual con su conciencia. Tan sólo, si se me permite, una precisión: a los 24 años ya no se es "un chico". Pero tampoco merece la pena ponernos quisquillosos con la corrección semántica.
No merece la pena porque el protagonista de esta historia parece que es analfabeto. Al menos eso cuentan los colegas que han informado cabalmente sobre el incidente. Uno puede comprender que una persona de 80 años, incluso de 70 años, no sepa leer ni escribir. Padeció su juventud en otros tiempos nada fáciles, y ya de mayor la cuestión se le hizo cuesta arriba. En cambio, que un joven nacido en Canarias durante la década de los ochenta sea analfabeto es harina de otro saco.
Lo propio en una situación así es culpar a los políticos. Al Gobierno de Canarias, en concreto. Pero no. El Gobierno de Canarias se gasta una cantidad ingente de dinero en educación. Bueno, entonces la culpa es de los profesores porque enseñan mal. Tampoco. El cuerpo docente está desmoralizado, con muchos maestros de baja por depresión, ante la poca o nula autoridad que tienen en el aula para realizar su cometido. En mi época de pantalón corto, si uno contaba en casa que un profesor le había dado un bofetón, recibía un par de cachetadas adicionales. Ni yo ni ninguno de mis condiscípulos necesitamos jamás atención médica, ni siquiera hospitalización, a cuenta de tan severa disciplina. De hecho, pasado el tiempo, tampoco nos tuvieron que internar en centro sanitario alguno por chocar contra un bordillo cuando huíamos de la Guindilla en un ciclomotor sin papeles. ¿Por qué será que ciertas cosas sólo le ocurren a determinados individuos? En fin; dije que no iba a comentar y cumplo. Tan sólo añado que los tiempos -huelga señalarlo- han cambiado. Si hoy un pibe dice en casa que un profesor le ha dado un cogotazo, hay un castigo añadido aunque para el docente. El iracundo padre se presenta en el colegio y le rompe la cara al maestro. "A mi hijo no lo tocas tú, hijo de…" Y toda la escena delante del retoño. No; los culpables de que uno nazca en los ochenta y no sepa leer tampoco son los profesores. ¿Quién entonces?
Enciendan la televisión y respóndanse ustedes mismos. Busquen la lista de los programas más vistos -los que saben dicen el ranking y el sharing; pollabobas- en las principales cadenas. Ahí está la clave. Caminamos con un pie en la anticultura y el otro en el culto a lo material. Para el intelecto queda poco, sobre todo en una tierra donde al que sabe de algo lo tachan de enterado. Lo malo es que los "no enterados" terminan por romperse la mandíbula, pómulos y hueso nasal, además de perder tres dientes, en un choque contra una pared.
rpeyt@yahoo.es
MARTES, 12 DE JUNIO DE 2007
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Comparaciones convenientes
CUANDO UNO LEE que han muerto más de sesenta personas como consecuencia de los incendios de Grecia, no le queda más remedio que detenerse a reflexionar. Las comparaciones son odiosas; eso no hace falta repetirlo. Conviene, sin embargo, no perder las referencias. Porque si bien los recientes siniestros desatados en tres de las siete islas canarias no son comparables con los que han arrasado la península helénica, tampoco es desdeñable que aquí nadie haya sufrido ni un rasguño.
Cabe suponer que cuando alguien accede a un cargo público, adquiere de inmediato cierta cuota de crítica continua. A los políticos se les censura constantemente sus errores, reales o no tanto, y no está de más que se haga. Alabarles los aciertos, en cambio, convierte al panegirista en sospechoso de pelotilleo. O directamente en un estómago agradecido. Acusación bastante al uso, quizá porque piensa el ladrón que todos son de su condición. Elogiar lo que se hace bien, empero, no es motivo de afrenta; no debe serlo nunca.
Canarias no es ajena a las tragedias humanas -no humanitarias, por favor- motivadas por incendios forestales. Estoy pensando en la veintena de personas que perecieron en La Gomera allá por 1984, entre ellas el entonces gobernador civil Francisco Afonso. Hace dos años también conmocionó a toda España la muerte de 11 agentes forestales en Guadalajara. La actual tragedia griega -nunca mejor dicho- es el mejor recordatorio de que el fuego no sólo arrasa bosques y caseríos; también puede acabar con la vida de quien se ponga en su camino.
Todavía no se habían apagado los incendios de Canarias cuando comenzaron las críticas hacia los responsables de conservar los montes en las mejores condiciones. Ataques centrados, eso también resulta baladí recordarlo, en Wladimiro Rodríguez Brito, consejero tinerfeño de Medio Ambiente. Decir que Wladimiro no se equivoca nunca… En fin, pues no. Comete errores como cualquiera. Criminalizarlo como intentan desde hace tiempo, con incendios o sin ellos, unos señores a los que se impide que cometan en los montes las atrocidades que perpetraban antes, es netamente injusto. Algunos aprovechan los siniestros para sacar tajada. Son pocos pero muy ruidosos, y están siempre dispuestos a utilizar cualquier calamidad para apostillar sus intereses. Verbigracia, decir que el monte está ahora en malas condiciones porque no se les consiente a determinados campesinos -malos campesinos- hacer lo que les dé la gana en zonas que no les pertenecen a ellos, sencillamente porque son de todos.
Por lo demás, aquí se armó la que se armó cuando un ventarrón dejó cuatro o cinco días sin luz a parte de Tenerife. Un año después del Katrina, amplias zonas de la región de Nueva Orleáns seguían sin electricidad y con la mayoría de las viviendas en el suelo. Lo he visto personalmente y lo he grabado en vídeo por si alguien no lo cree. Nada extraño, por otra parte, habida cuenta de los apagones en Cataluña sin que hubiera vientos; ni siquiera huracanados. Al final va a resultar que ni nuestra situación es tan calamitosa, ni nuestros políticos son tan ineptos. Excluyendo al Terminator, claro; toda regla tiene su excepción.
rpeyt@yahoo.es
Fuente: El Día, 29-08-07

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