Para mi que un individuos, qué les digo yo, como Hilario Rodríguez -por ejemplo- compare las características del incendio que invadió Masca a finales de julio con una 'nube ardiente' pues me puede parecer hasta comprensible, teniendo en cuenta que se trata de un auténtico bestia, que no se corta ni en ofrecer cogotazos a la gente delante de las cámaras de televisión. Que imagínense ustedes de lo que no es capaz cuando nadie le está enfocando.
Ahora bien, que Wladimiro Rodríguez Brito, ilustre barloventero que preside el área de Medio Ambiente del Cabildo de Tenerife y que es responsable de esto de los incendios -de los que no prosperan, porque de los que prosperan por lo visto los responsables somos el resto de la humanidad en su conjunto-, tenga la osadía de comparar un 'nube ardiente' con el incendio que sólo la irresponsabilidad permitió que afectara a Masca, no es fruto de la ignorancia -ni muchísimo menos- sino de un intolerable descaro impropio de un doctor universitario al que, como tal, muchos hemos respetado desde siempre.
Porque probablemente la única razón por la que se podría justificar en esta Isla el que se le meta una segunda pista -o media docena porque con dos tampoco sería suficiente- al aeropuerto del Sur o se amplía la plataforma del de Los Rodeos, sea la de estar preparados para cualquier aviso que nos advierta de una posible explosión volcánica que pueda traer consigo la formación de alguna 'nube ardiente' de éstas a las que, con tanta alegría y desparpajo, se refiere Wladimiro después de que, como hace siempre, comienze su homilía dominical en El Día tachando irónicamente de ignorantes a todo el resto de seres humanos que habitamos en esta Isla. Porque la amenaza de un fenómeno de estas características, que es el que hizo que hace decenas de miles de años todo ese sureste se cubriera de jable, implicaría necesariamente una operación de desalojo de la totalidad del millón de habitantes que vivimos en esta Isla y de los 300.000 mil turistas que habitualmente se encuentra aquí en un día cualquiera. Que a ver a dónde llevamos a Pepito Rodríguez, porque a Gran Canaria se negaría a ir si previamente no le retiran el 'Gran' en el estatuto 'especialísimo', pese a que su abuelo era canarión. Que váyase usted a saber qué fue lo que le hizo el abuelo a este hombre para que se ponga de esta manera con la isla hermana.
Que yo no sé cómo fue que se le coló este incendio a Wladimiro en Masca, y está claro que por la 'explicaciones' que pretende nunca nos enteraremos ni, lo peor del caso, aprenderemos nada de la tragedia.
Este domingo, a diferencia del domingo pasado donde sólo hablaba de éxitos cuando desvergonzadamente comparaba su foco de Los Realejos con las decenas y decenas de incendios criminales que afectaron al Peloponeso, ya habla de errores que ni especifica ni asume de ninguna de las maneras. Sus ocurrencias siempre las mismas, tratar de ignorantes a resto de la humanidad y, en este caso también, desmarcarse utilizando un término que se refiere a la mayor catástrofe vulcanológica conocida -y que él sabe interpretar perfectamente- para justificar el incendio de Masca que debería avergonzarle a él y a media docena de ingenieros, de los que se las saben todas también, que llevan años invirtiendo miles de millones en repoblaciones, compra de fincas y entresacas cuando la triste realidad ha venido a demostrar que de políticas forestales serias -para cuando nos enfrentásemos a problemas graves- cero patatero.
Y ni una nube ardiente, por mucho que Wladimiro sea un tipo simpático -que yo no digo que no lo sea en un momento dado- ni el que goce, como le ocurre a Zerolo, de una inmunidad mediática inimaginable en cualquier democracia avanzada; podrá borrar de la memoria colectiva de unos cuantos las desastrosas consecuencias de un incendio que nadie ha explicado ni, por lo que se ve, están dispuestos a aclarar jamás porque vamos de barbaridad en barbaridad y tiro porque me toca.
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Nube ardiente
Cuando las erupciones de un volcán están acompañadas de gases calientes y cenizas se produce lo que se conoce como flujo piroclástico o nube ardiente . También conocida como avalancha incandescente, la nube ardiente se desplazan pendiente abajo a velocidades cercanas a los 200 km/h. La sección basal de estas nubes contienen gases calientes y partículas que flotan en ellos. De esta forma, las nubes transportan fragmentos de rocas que –gracias al rebote de los gases calientes en expansión– se depositan a lo largo de más de 100 km desde su punto de origen.
En 1902 una nube ardiente de un pequeño volcán llamado Pelée en la isla caribeña de Martinica destruyó a la ciudad portuaria de San Pedro . La destrucción fue tan devastadora que murió casi toda la población (unos 28.000 habitantes). A diferencia de Pompeya , que quedó enterrada en un manto de cenizas en un período de tres días y las casas quedaron intactas (salvo los techos por el peso de las cenizas), la ciudad de San Pedro fue destruida sólo en minutos y la energía liberada fue tal que los árboles fueron arrancados de raíz, las paredes de las casas desaparecieron y las monturas de los cañones se desintegraron. La erupción de Pelée muestra cuan distintos pueden ser dos volcanes del mismo tipo.

Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Volc%C3%A1n#Nube_ardiente
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Masca, el fuego y las teorías
P asados los días de las declaraciones de los supuestos y numerosos 'especialistas' en apagar fuegos que tenemos en Tenerife, es bueno que hagamos una reflexión en voz alta, no para justificar posibles errores -que seguro que los hubo y tendremos que analizarlos-, sino para explicar con detalle lo sucedido. Lo ocurrido con el incendio en Masca rompe con muchos esquemas teóricos sobre el fuego y la capacidad de propagación del mismo, como el caso de cuando éste se combina con viento, topografía y temperatura.
Entender que el fuego se saltó un espacio de varios kilómetros sin árboles, sin apenas vegetación y en un dominio de rocas, para encontrar combustible en palmeras, retamas y tuneras en el fondo de los barrancos de Masca, Carrizales y Juan López, con lunares quemados y espacios sin alterar distantes en cientos de metros e incluso kilómetros, pone de manifiesto que no hay cortafuegos posible para un incendio como el que tuvimos en esta ocasión y que debemos ser humildes cuando teoricemos sobre la preparación para la defensa contra el fuego. Y más, si cabe, cuando el incendio se produce en un entorno donde hay población, como ocurrió en esta ocasión.
En Masca, Arguayo, Tamaimo y Valle Santiago el fuego, por efecto del viento, la temperatura y la turbulencia producida por el relieve, se desarrolló de forma inesperada.
El fuego entró en el barranco de Masca por la degollada de Mesa, es decir, del este, para luego recorrer el barranco desde el fondo hacia la ladera, es decir, de oeste. El material incandescente que transporta el viento se mezcló con el combustible local -palmeras, panascos y retamas-, consiguiendo un efecto que superó el incendio del palmeral de Masca del año 1955, cuando los masqueros dieron fuego a las palmeras para quemar el cigarrón que les había invadido, arruinando los cultivos, pero sin que se quemara ninguna vivienda. La población de entonces tenía un mayor dominio del territorio, sin embargo, no contaban que el fuego entrara en Masca desde el exterior en nube ardiente, como ocurrió esta vez.
Los hechos de Masca indican que a la capacidad destructiva del fuego es difícil ponerle puertas. Sin embargo, la prevención y el estar organizado con equipos materiales y humanos, con especial atención a lo local, y voluntarios preparados para situaciones de emergencia, son temas que hemos de mejorar.
La teoría nuestra entendía que el fuego entraba desde Monte del Agua hasta Bolico, Las Portelas y El Palmar, ya que Masca quedaría como una isla en el Macizo de Teno. Sin embargo, el fuego entró en la isla más isla de Tenerife, y no entró por los cauces habituales desde Santiago del Teide (degollada de Cherfe) o bien desde Buenavista (Cruz de Gilda). Lo hizo de forma más solemne, desde 1.000 metros de altura, al fondo del Barranco, a 500 metros, en una cascada de fuego y piedras, aventadas por el viento del siroco a kilómetros de distancia saltando unos acantilados sin vegetación y los masqueros se autodesalojaron.
El fuego no sólo quema pinocha y panascos, sino también piteras, pencas y teorías. Aquí debemos ser más humildes todos y aprender de la naturaleza.
Wladimiro Rodríguez Brito (Fuente: El Día, 09-09-07)
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