Verdaderamente no sé, habría que consultarlo con un jurista espabilado, qué es más ilegal, si los vertidos de aguas fecales desde la depuradora de Garachico directamente sobre una playa o el hecho de que ahora, para ver esos vertidos que denunciamos aquí desde hace ya más de dos años, te tengas que recorrer medio pueblo porque se encuentran cerrados todos los accesos directos. Lo que supuestamente prohíbe expresamente también la tan traída y llevada Ley de Costas. Esa que, como otras tantas, se le aplica 'graciosamente' a unos sí y a otros no. 'Graciosamente' para el que se lo salta todo impunemente, claro está, que al que le cae el Seprona arriba -generalmente al más desgraciado- maldita la gracia que le hace el tema.
Y a mí no me sorprende nada que ni el Cabildo, ni el Miranda ese que dice que a los ecologistas hay que ponerlos 'a pan y sal' por defender la legalidad (los ecologistas, claro, que lo que es el alcalde de Garachico ustedes me dirán), ni el Gobierno de Canarias y ni el Seprona -que tiene agentes en Garachico- no tengan el más mínimo interés en acabar con esta golfería e indecencia que están cometiendo con la depuradora y los vertidos de aguas fecales sobre la costa en forma de riachuelos de mierda. Lo extraño sería que a estos piratas les importara una puta mierda algo relacionado, precisamente, con la mierda y sus efectos sobre el ecosistema costero.
Ellos están en otras cosas. Unos buscando a algún agricultor o cabrero, de los pocos que van quedando, que medio meta la pata para caerles arriba ¡con todo el peso de la Ley! Otros están en sus tranvías, su Tanque -o tranque-, su Auditorio, inaugurando bibliotecas sin libros y su Óscar Domínguez, y preocupados por hormigonarlo y asfaltarlo todo a la mayor brevedad posible y a mayor gloria de Antonio Plasencia, Ambrosio Jiménez y este del Sur, el Pedro Suárez, que no había hecho nunca una carretera y ahora participa nada menos que en la construcción del anillo insular, en su primera fase, con un presupuesto de 170 millones de euros (la segunda obra más cara en carreteras del estado español).
Y no es que esto sea la tierra de la charanga y la pandereta, como decía no sé si el poeta. Lo que ocurre aquí es que la golfería, la indecencia y la impunidad más absoluta se ha apoderado de todo. O de algunos tocados por el dedo divino. No sólo no acaban con esos vertidos sino que, para colmo, tienen la desvergüenza de poner un portón a la pista por la que se ha accedido a esa playa toda la vida por el que no se cuela ni un gato. Que una cosa es que te prohíban, como ha hecho el Polanco en Abama -que manda huevos también con éste y con su playita privada- y otra muy distinta que te pretendan impedir entrar caminando a echar la caña o a tocarte las narices a la costa. Que esto me recuerda cuando denunciamos la quema de residuos en El Lazareto y, al otro día y después de que El Día -eran otros tiempos- le dedicase un editorial al tema se apareciera Zerolo por allí con un camión de piedras a impedir el libre acceso a la zona. Que mando huevos con la manada de sinvergüenzas que hemos sentado en las poltronas a chupar del bote.

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