No eran, probablemente, las seis y media de la mañana cuando un equipo bien pertrechado de operarios del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife comenzó las labores de tala de los laureles de indias históricos que quedaban en el frente de la Plaza Weyler que da a Capitanía. Y a nosotros no es que nos sorprendan ya, para nada, las salvajadas de este tipo que se están llevando a cabo en algunos municipios de Tenerife, especialmente en Santa Cruz y La Laguna, pero no por eso vamos a dejar de señalar directamente con el dedo a semejantes belillos sin escrúpulos de ninguna clase.
Obviamente no nos referimos, para nada, a los trabajadores. Pero detrás de esto es evidente que hay unos responsables técnicos y políticos que tienen la sensibilidad de una babosa, por ser generosos y disculpándonos de antemano ante el bichito sin patas. La excusa es siempre la misma, que están enfermos. Y lo que parece que no terminan de analizar nunca es la enfermedad que padecen ellos o quién, en todo caso, es el responsable de que los árboles de una de las ciudades más bellas de Europa, por el valor de sus jardines urbanos, se estén enfermando de esa manera por no llevar a cabo labores preventivas de ninguna naturaleza y, sobre todo, por el uso y abuso de aguas semidepuradas que estuvieron a punto de hacer desaparecer hasta el mismísimo García Sanabria.
Si a los responsables éstos de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife los dejas sueltos en un hospital, todo lleno de enfermos, seguramente acabarían con médicos, enfermeros y tratamientos para dar trabajo a las funerarias. Y ojo porque esto, que empezó hace un par de años con la Oramas en La Laguna cargándose por todo el morro un drago centenario, porque molestaba al nuevo Obispo palmero, no ha hecho más que comenzar. Van a por todo este patrimonio, lo tienen claro, su visión de la modernidad les impide dar valor a la historia de Santa Cruz representada en sus árboles históricos y lo único que consideran 'salvable' de la Santa Cruz de siempre es algo que, precisamente, no es de siempre, como son los nombres que los pelotas de la época les dieron a decenas de calles que honran la memoria de una dictadura. Y en una cosa sí que tienen razón, como caso único en una democracia moderna homologable lo de las calles franquistas, obviamente, no tiene parangón alguno. Mucho más 'genuino' que unos árboles de mierda, deben pensar éstos.


Desde las seis y media de la mañana comenzó este nuevo crimen sin nombre



















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