De por qué se han puesto tan contentos en ese Ayuntamiento ante el anuncio de que el Tribunal Superior de Justicia de Canarias 'tutelará' la ejecución de la sentencia del Tribunal Supremo (el de Madrid) que anula la operación -o pelotazo- de compraventa de unos riscos en Las Teresitas, es algo sobre lo que nosotros tenemos nuestra propia opinión pero que, lamentablemente, no podemos expresar abiertamente porque no me extrañaría nada que acabáramos con nuestros maltrechos huesos cogiendo frío dentro de esos gigantescos muros que se levantan en El Rosario, en lo que oficialmente se conoce como Tenerife II.
No obstante, no es de extrañar que Zerolo se alegre de que esto caiga en manos del TSJC porque ese mismo expediente pasó por ese ilustre Tribunal, cuyos miembros son propuestos por los partidos políticos, sin que sus magistrados y magistradas repararan en defecto alguno en esa operación, o pelotazo sin precedentes, por la que una institución pública negocia con dos particulares el precio de unos terrenos que supuestamente eran de interés general. Pía Oramas, la arquitecto cualificada municipal, consideraba que aquellos riscos (buena parte de ellos en dominio público) valían algo más de 3.000 millones de pesetas. Claro que la tasación de la Oramas desapareció misteriosamente del expediente y alguien decidió que había que pagar lo que pedían los propietarios (que imagínense ustedes si a todo el que le maman tierras por ahí por ese supuesto 'interés general' le pagaran lo que pidiera por lo suyo). Unos 8.500 millones de pesetas además de una 'compensación por la que se podrían construir unas 1.000 viviendas en el hasta ese momento suelo rústico de Las Huertas. En fin, que los 5.000 millones con los que Antonio Plasencia y un testaferro de Ignacio González compraron todo mediante un préstamo de Caja Canarias, se convirtieron de la noche a la mañana en más de 20.000 limpios de polvo y paja, sin mover una sola piedra.
Y yo creo que si Zerolo hasta hace unas horas arremetía virulentamente contra la sentencia del Tribunal Supremo (el de Madrid), que lo único que hacía era reconocer todos estos hechos como ciertos, y, como por arte de
birlibirloque, se muestra ahora tan contento de que el TSJC sea el encargado de 'tutelar' la ejecución de esa misma sentencia, considero que cada uno pueda sacar las conclusiones que considere oportunas en el libre ejercicio de su libertad de pensamiento. Desde aquí sólo un par de detalles. Nadie ha conseguido una foto todavía del Zerolo declarando en el TSJC por la querella impresionante que le metió la Farnés. No espera en los pasillos, como todo hijo de vecino, sino que le esconden cuidadosamente en la biblioteca del alto tribunal según han desvelado algunos medios. La otra es que Zerolo, que se le conozca, jamás ha presentado iniciativa parlamentaria alguna a no ser esa inconstitucional por la que el Parlamento ha propuesto que se pueda hacer todo el ruido que haga falta en los festejos populares, independientemente de las molestias que éstos ocasionen a los vecinos. Y todo el mundo coincide que su único propósito -una vez descartado el de trabajar- a la hora de estar sentado en la alta Cámara, es el de conseguir el aforamiento que hace que, por un asunto como el de Las Teresitas, no sea encausado por la justicia ordinaria (como casi todos los alcaldes del mundo) sino por el TSJC cuyos magistrados se sientan allí a propuesta de los partidos políticos.
Vamos, que el Zerolo está contento porque sea el TSJC el que 'tutele' la ejecución de una sentencia que debería servir para defender los intereses de los vecinos de Santa Cruz y que, por lo tanto, él no comparte. Su intereses, al menos en este caso, siempre han sido otros como ha demostrado esta misma sentencia. Lo que haga ahora el TSJC con este asunto que se dispone a 'tutelar', que es fruto de un recurso ante el Supremo precisamente porque el TSJC no observó irregularidad alguna en el tema, es de momento un completo misterio. Acaso el primero en desvelar algo de lo que va a pasar con el gran pelotazo haya sido el Zerolo, descojonándose de risa cuando se enteró de que los que le esconden en la biblioteca, cuando va a declarar, le van a echar una mano para salir del embolado en el que se ha metido negociando precios con unos particulares que, entre otras cosas, financian partidos políticos.
Imagínense la foto. Zerolo caliente con la sentencia del Supremo -que va a recurrir hasta en el Tribunal Constitucional una vez que no ha prosperado el primer recurso- y, por otro lado, está que se sale con el hecho de que sea el TSJC el que 'tutele' la ejecución de esa misma sentencia. ¿Se habrá visto nunca antes desvergüenza semejante ni papelón del mayor órgano judicial de Canarias?