EUSTAQUIO VILLALBA MORENO
Al oír por la radio que el Gobierno de Canarias había nombrado director de la televisión canaria a un tal Guillermo García-Machinena García-Checa, lo único que me llamó la atención fue que este nombre, con tan sonoros apellidos, no me sonaba de nada. No estaba incluido en las quinielas que circulaban en los ambientes periodísticos; la noticia era, no cabía duda, una auténtica sorpresa. Sí me llamó la atención que también se nombrara a los jefes de Informativos tanto de la televisión, como de la non nata "radio nacional canaria", algo que resultaría incompatible con las normas y usos democráticos más elementales. ¿Cuándo se ha visto que un Gobierno democrático nombre al director del telediario? Pero, cuando el locutor aclaró que el nuevo director era Willy García, no me lo podía creer: ¡el locutor de Radio Club, el presentador de un programa de telebasura , nuevo responsable de la televisión y radio canaria!
Mi asombro se basa en dos hechos: el cargo -no el nombramiento- se supone que no es político, sino técnico y, por tanto, el candidato debe reunir el perfil que le acredite para ejercer esta importante responsabilidad. Es algo preceptivo para acceder a cualquier otro puesto técnico de la Administración pública. El recién nombrado director del ente público está muy lejos de ese perfil, tanto en su currículo profesional como en el académico. Así pues, está claro que el presidente del Gobierno canario ha optado por un nombramiento político y no técnico, pero, ¿son estos méritos lo que deben primar para nombrar un cargo técnico? Lo que no ha explicado el presidente de la autonomía canaria son las razones políticas que justifican el sorprendente e inesperado nombramiento; al fin y al cabo el director de la Radio Televisión Canaria tiene que manejar un presupuesto de más de 60 millones de euros anuales, resolver el embrollo de la paralización del concurso y asegurar que este organismo público se rija por un código ético que asegure la imparcialidad en la información y calidad de sus programas.
Pero si no se conocen las razones políticas que avalan la presidencial designación de Guillermo García-Machiñena, sí es pública la trayectoria profesional de Willy García y, por ello, cómo entiende y ejerce su labor de periodista. Las muestras de su forma de interpretar la ética periodística son muchas, solo hay que repasar un poco las fonotecas y videotecas. Pero debo señalar que hay una que me afecta personalmente, así como a la asociación ATAN, y que tiene como valor añadido el hecho de estar bien documentada. Todo comenzó cuando denunciamos la ilegalidad de celebrar cierto tipo de conciertos masivos en las playas, porque desde ese momento los periodistas de esta emisora emprendieron desde los micrófonos de Radio Club Tenerife una campaña de descrédito, contra mí y contra ATAN. Dedicaron, además, amplios espacios a los promotores del concierto, para que ellos expusieran sus argumentos, pero sin darnos, a pesar de nuestras peticiones, la posibilidad de replicar con nuestros argumentos a sus juicios de intenciones y sus descalificaciones.
Dedicaron mucho tiempo en antena a la querella puesta por los directivos de la empresa organizadora contra mi persona, pero ocultaron a sus oyentes que carecía de fundamento, hasta el punto de que los jueces ni tan siquiera la admitieron. No han pedido disculpas por ello y, con el amparo y aprobación de los directivos de la cadena, Willy siguió utilizando el micrófono para descalificarnos, algo que choca con la deontología periodística y con la ética democrática. Si esta ha sido su manera de actuar como periodista en un caso que le afectaba económicamente (era el bien remunerado presentador), ¿qué podemos esperar de su labor al frente de la Radio Televisión Canaria? Deseo, por el bien del periodismo, de la libertad de expresión y del interés general, que el son de Willy en su nuevo cargo sea distinto al que exhibió durante la polémica del concierto Son Latinos.

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