"He concebido un parque muy salvaje, que necesita tiempo"
El arquitecto de Cuchillitos de Tristán, Fernando Martín Menis, explica una obra controvertida
Vicente Pérez
Santa Cruz
La gente busca lo que ya conoce, pero aquí va a encontrar algo diferente". De esta forma explica el arquitecto tinerfeño Fernando Martín Menis la controversia suscitada por el diseño de uno de sus últimos proyectos: el parque Cuchillitos de Tristán. Tiene 35.000 metros cuadrados, está situado en el distrito Ofra-Costa Sur y ha costado más de 4 millones de euros, sufragados por el Cabildo de Tenerife. Martín Menis afirma que "un edificio lo terminas, lo ves y ya está, pero un parque necesita tiempo para que crezca la vegetación".
Este diario recorrió esta semana esta zona verde con su creador para conocer el significado de su proyecto y, en especial, comentar algunos de los aspectos que más críticas han recibido, como la profusión de rocas de gran tamaño dispersas por doquier o los bancos de roca natural. Su idea básica, según explica es la de un "parque salvaje en medio de un entorno como éste, muy urbanizado y habitado". "El parque de Versalles nace en una época en que la naturaleza aún no estaba domesticada y la gente necesitaba domesticarla; pero ahora la naturaleza en estado primitivo casi no existe, y aquí lo que quiero es ir precisamente hacia la naturaleza, con un parque más libre, más salvaje", reflexiona el arquitecto.
Martín Menís admite algunas carencias denunciadas por los vecinos, como la falta de baños y de servicio de limpieza (durante la visita de este diario las papeleras estaban a rebosar) pero está seguro de que este problema se solucionará pronto. También reconoce que hay obras en el exterior que están inacabadas, pero asegura que no forman parte del proyecto del parque, sino de una nueva vía urbana.
Las rocas dispersas cumplen la doble función de dar aspecto natural al parque, y evitar la necesidad de salvar la fuerte pendiente del lugar -con 35 metros de diferencia entre la cota más alta y la más baja- sin necesidad de muros de piedra ni bancales, dando así una sensación de "magma que fluye hacia abajo". Al respecto, Martín Menis niega que la lluvia pueda provocar la caída de estas grandes piedras, pues asegura que, precisamente, "la finalidad de las rocas es contener las tierras". De roca son también los bancos para sentarse, aunque, a raíz de las críticas sobre su incomodidad, el arquitecto dice estar dispuesto a construir otros, también de roca natural, pero con un corte más adaptado a la figura humana.
Un elemento fundamental del parque es su vegetación. Hay más de mil árboles, la gran mayoría de flores, distribuidos en franjas de colores, que asemejan las distintas llamas de un cometa cuya cabeza sería el mirador central desde donde se ve una impresionante vista de Santa Cruz y de la cordillera de Anaga. Dentro de la flora del parque, elegida por el botánico Arnoldo Santos, destaca la futura valla vegetal aromática, futura porque de ella aún sólo son visibles las hileras de hierros de la construcción oxidados, y que tan criticados han sido por algunos vecinos. "He elegido el hierro oxidado como sostén de plantas trepadoras porque es tiene un color muy parecido a un tronco natural", explica Martín Menis. Los rosales, los galanes de noche o los jazmines, entre otras plantas aromáticas, permitirán que los ciegos puedan saber en qué punto del parque se encuentran a partir del olor que percibirán en cada zona, una idea de Arnoldo Santos.
Especies autóctonas
La flora del parque incluye también árboles frutales como higueras, almendreros, nispereros.... En algunas partes, como en el entorno del mirador, se han plantado especies autóctonas, e incluso se ha aprovechado un saliente rocoso para crear una franja húmeda, de la que gotea el agua, donde simplemente se ha dejado que crezca la vegetación salvaje. En el centro del parque destaca una gran área de 3.000 metros cuadrados, toda cubierta de césped, idea que, según el arquitecto, fue propuesta por el alcalde, Miguel Zerolo.
El parque tiene algunos secretos, como el de un naciente de agua que ha sido canalizado hacia un aljible subterráneo del que se extrae el agua para el riego, pues el arquitecto no ha creido conveniente construir cascadas o estanques. Otra curiosidad es la existencia de una cueva volcánica que, de momente, permanece cerrada, y que en un futuro podría ser aprovechada como galería de exposiciones con una pequeña cafetería, según Martín Menis
La zona infantil del parque también ha recibido críticas, pero el arquitecto destaca precisamente la originalidad de los elementos de juego que se han diseñado expresamente para este parque, como un tobogán en forma de tubo, con cilindros interiores que ruedan para facilitar el deslizamiento, apoyado sobre un promontorio de goma que asemeja el cráter de un volcán; o unos balancines giratorios.
También ha concebido un lugar para jugar a la petanca, y una pequeña pista de skate-board "pensada para niños y no para profesionales".
En cuanto a las críticas sobre la falta de accesibilidad, Martín Menis argumenta que una persona en silla de ruedas "puede llegar a culquier lugar del parque, porque tiene rampas muy suaves".
Así las cosas, hay vecinos a quienes el parque le parece bien pero poco funcional, y peligroso para los niños por las rocas y los hierros oxidados. En cambio, otros vecinos creen que es un lujo para el distrito y que sólo le falta tiempo.
Y es que en la arquitectura, como en el arte en general, las obras y las ideas novedosas siempre dan que hablar.
Fuente: Diario de Avisos, 27-01-08
20-01-08 ¿'Naturaleza salvaje' en Cuchillitos de Tristán? Pues que suelten un tigre